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Caracas / Venezuela -
 


Los tiranos temen a la Psiquiatría
María Angélica Correa* / El Nuevo País (Venezuela) - 15/02/08

Adrián Liberman, psicoanalista que escribe en El Nacional, se considera limitado por una disposición de Min-Salud que prohibe comentar la salud mental de Chávez, pero considera que sí puede hablar de personajes como Hitler y Fidel Castro

Los gremios de médicos, psiquiatras y psicoanalistas se muestran remisos a comentar la comunicación donde el Ministerio de la Salud les prohibe hacer comentarios sobre la salud mental de personas como el Presidente de la República, con advertencias extensivas a los medios de comunicación que manejen el tema.

El psicoanalista Adrián Liberman aludió al problema en su columna de El Nacional (11-1-2008). Describió el Narcisismo Maligno, advirtiendo que no se refiere a "usted sabe quién", puesto que el Ministerio de la Salud ha prohibido a los médicos cualquier comentario al respecto. El pasado miércoles, El Nuevo País publicó un facsímil del comunicado emitido por Min-Salud.

Al respecto, Liberman dijo ayer a El Nuevo País que el primer psiquiatra en hablar de la patología del presidente Chávez fue justamente el especialista que lo trató, Edmundo Chirinos, amigo del presidente. Sobre la circular de Min-Salud dice que "Es una disposición censurante, violatoria de las posibilidades de expresión y es un problema para los que trabajamos en esta área. Lamentablemente, no ha habido por parte de los gremios afectados una respuesta clara y una declaración de principios, porque si nosotros no defendemos la libertad de expresión, no podemos ejercer nuestro oficio".


Persecución

Liberman recuerda que los profesionales de la salud mental suelen ser víctimas de persecución en los regímenes totalitarios.

–¿Por qué?

– Porque tienen acceso privilegiado a personas con importancia política, que de pronto dan información en el marco de la reserva terapéutica. También porque el psicoanálisis busca que la persona descubra su verdad particular, y ésta puede que no tenga que ver con los ideales del régimen totalitario, el cual busca uniformar las opiniones, que la disidencia se extinga. Esta situación se ha vivido en la Unión Soviética, Cuba y las dictaduras del Cono Sur, así como la Alemania nazi y la Italia fascista. Freud tuvo que irse de Austria cuando los nazis llegaron y en la Alemania nazi el psicoanálisis estuvo prohibido salvo para un instituto del Estado, regentado por un primo de Goering, alto jerarca del régimen.

Liberman señala que los regímenes totalitarios utilizan la psiquiatría como herramienta de represión: "En la Unión Soviética, a un disidente se le calificaba como enfermo psiquiátrico y se le internaba, se le drogaba, se le freía la cabeza con electroshocks, porque aquel que estuviera contra el régimen era un loco. Lo mismo ha ocurrido en Cuba".


El narcisismo maligno

–En su columna usted señala que Piedad Córdoba sufre de Narcisismo Maligno. ¿Cuál es la sintomatología de esa enfermedad?

–Esa patología fue descrita por Gheinz Kohut y Otto Kernberg. Consiste en un déficit de la constitución psíquica, en proporción tal que la persona carece de la capacidad de empatizar, de ponerse en lugar del interlocutor, de tener una perspectiva de la realidad distinta a la que él sostiene. Es irascible y tiene frecuentes cambios de humor y ruptura con la realidad.

–¿Qué personalidades históricas muestran esta patología?

Hitler, Idi Amín, Jorge VII de Inglaterra, emperadores romanos como Calígula.

–¿Es posible que estos enfermos puedan sin embargo actuar de modo positivo?

–Es muy difícil que puedan poner sus recursos psíquicos en función del bienestar de los demás, porque tienen una severa incapacidad para entender el punto de vista de otros. Puede que algunos tengan buenas intenciones; sin embargo, sus demonios internos los convierten en seres que hacen más daño que bien.


Ambigüedad de un comunicado

–Cuando en su columna señala las características del Narcisismo Maléfico, dice...: "No me estoy refiriendo a quien usted cree". ¿Aludía a Hugo Chávez?

– Hay que ser ambiguo, porque como tú señalas muy bien en tu artículo "Prohibido comentar salud mental de Chávez", hay un comunicado del Ministerio de Salud.

–¿De qué sufre Fidel Castro?

– Es un psicópata. Eso sí lo puedo decir.

–¿Qué le lleva a afirmar que Castro es psicópata?

– Primero, que no me han prohibido opinar sobre él; segundo, ha mostrado el espíritu de la psicopatía en 50 años de ejercicio del poder.

–¿Cual es ese espíritu?

–Te lo digo en cristiano: Le importan un pito los demás. Él es él, tiene un proyecto, lo lleva a cabo sin importarle el sufrimiento que cause.

–Entonces, líderes con esta patología representan un grave peligro para los pueblos...

–Sí, pero los pueblos también pueden pensar, en determinados momentos históricos, que este tipo de personaje es la solución para sus problemas.

–¿Los pueblos también se enferman?

– Mucha gente piensa que este tipo de persona es una solución para sus problemas, y hacen caso omiso a las señales alarmantes en el comportamiento de estos personajes.

–¿El pueblo se identifica con ese personaje?

– Si. La gente piensa: esta persona tiene algo distinto que a mí me gusta, por ende, voto por él.

– A pocas horas de la caída de Berlín, Hitler en su testamento político se vanaglorió de haber exterminado a la raza judía. Se negaba a aceptar la derrota, enviando a los niños alemanes al frente de guerra. Dijo que si los mataban no importaba, porque los alemanes, al no ser capaces de ganar la guerra, demostraban que no merecían sobrevivir.

–Ese es un caso de psicopatía, de perversión, una total dificultad de limitar los propios deseos en función de la existencia del otro. Evidentemente, Hitler y Castro son casos de patologías extremas, no hay que ser un gran experto para darse cuenta de esto.

–¿ Y Napoleón Bonaparte...?

Napoleón era incapaz de someter su proyecto a la consideración de la realidad. También el señor Marulanda debe estar muy perturbado, porque lleva 50 años peleando por una causa que ya no es causa. Cuando alguien persiste pese a todo en este tipo de proyecto, estamos hablando de una severa perturbación.

–Usted no necesitó sentar en un diván a Hitler, Castro, Napoleón y Marulanda para diagnosticarlos.

–No hace falta.

–Cuando un presidente arremete contra los que no piensan como él, o cuando come hojas de coca en horario infantil, ¿se puede concluir que está fuera de la realidad?

Evidentemente. Eso es un hecho público.



[*] Diario El Nuevo País / E-mail: elnuevopais1@gmail.com



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