Fue una guerra ejemplificadora
Atilio Boron
/ Página 12 (Argentina) - 14/07/03
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Noam
Chomsky, Opositor a la guerra de Bush
El lingüista, polemista y duro opositor a
las políticas de su gobierno, no tiene dudas: Irak fue elegido
“por ser el país más débil de la región”
y por “tener mucho petróleo” para enseñarle
al mundo la nueva doctrina Bush. Esta indica que EE.UU. hará
la guerra donde, cuando y con quien quiera, sin aceptar límites
de la ONU. El objetivo profundo es cristalizar un sistema de gobierno
interno que elimine todo rastro de políticas sociales.
–Examinando las recientes políticas de los
Estados Unidos en relación a Irak, ¿cuál cree
que ha sido el verdadero objetivo de esta guerra?
–Podemos estar completamente seguros de una cosa: las razones
que aducen no son las “verdaderas”
razones. Lo sabemos porque son internamente contradictorias. Un
día Bush
y Powell
afirman que la “única cuestión”
es si Irak
se desarma o no. Al día siguiente dicen que no importa el
desarme de Irak porque invadirán de todos modos. Poco después
dicen que si Saddam y su grupo abandonan Irak entonces el problema
estaría resuelto. Y al día siguiente, en la Cumbre
de las Azores, cuando lanzaron el ultimátum a las Naciones
Unidas, dijeron que aun cuando Saddam y su pandilla salieran de
Irak ellos invadirían de todas maneras. Y continuaron de
este modo todo el tiempo. Creo que los verdaderos motivos no son
demasiado oscuros o difíciles de comprender. En primer lugar,
existe un interés de larga data en esa zona. Irak
posee las segundas reservas de petróleo del mundo y, en este
sentido, controlar el petróleo iraquí y, más
aún, establecer bases militares en Irak, situaría
a los Estados Unidos en una posición aún más
fuerte que la actual para dominar el sistema energético internacional.
Esto es por sí mismo extremadamente importante a los efectos
del control mundial, y a ello habría que
sumar las ganancias que se derivarían de tal predominio.
Probablemente Estados Unidos no intente acceder al petróleo
de Irak, tal vez use los recursos más seguros de las cuencas
petrolíferas del Atlántico. Sin embargo, controlar
el suministro mundial de petróleo ha sido un principio rector
de la política exterior estadounidense desde la Segunda Guerra
Mundial, e Irak es particularmente significativo en este aspecto.
De modo que éste es el interés de largo plazo. Si
queremos entender el momento, la oportunidad de la invasión,
es preciso recordar que en septiembre de 2002 comenzó una
masiva campaña de propaganda en favor de la guerra. Antes
de esta fecha el régimen de Irak era acerbamente criticado
pero no existía un proyecto de fomentar entre la población
norteamericana una fiebre belicista. Es por eso que debemos preguntarnos
qué más sucedió después de septiembre
de 2002. Bien, dos cosas importantes tuvieron lugar. La primera
fue la apertura de la campaña para las elecciones legislativas
al promediar el mandato presidencial de George W. Bush. Karl
Rove –su jefe de campaña– fue muy claro
al explicar aquello que debería ser obvio para todo el mundo:
que a los republicanos no les sería posible ingresar en la
campaña con un programa cuyo foco estuviera concentrado en
torno de temas sociales y económicos. La razón
era que la administración Bush estaba llevando a cabo políticas
absolutamente perjudiciales para la mayor parte de la población
y favorables tan sólo para el estrecho grupo de grandes empresas
y los sectores corruptos vinculados al poder. Motivo éste
suficiente, pues, para no poder enfrentar al electorado con propuestas
de índole económica o social. Tal como Rove lo dijera,
si pudiéramos hacer de la seguridad nacional el tema primordial
de la campaña, entonces seremos capaces de ganar porque la
gente se aglutina en torno del poder si se siente atemorizada. Todo
eso quieren hacerlo no sólo para permanecer en sus cargos
sino porque quieren institucionalizar, en la esfera doméstica,
un programa de gobierno altamente regresivo que les permita suprimir
todo vestigio de políticas socialdemócratas al estilo
New Deal, convirtiendo al país en una sociedad no-democrática
y pasiva, controlada casi por completo por un sector capitalista
altamente concentrado y poderoso. Esto implicaría, por ejemplo,
recortar el presupuesto público en salud, seguridad social,
probablemente en educación, y al mismo tiempo un enorme aumento
del poder estatal.
Estos grupos dominantes no son conservadores; llevaron al
país a contraer un déficit fiscal enorme gracias al
mayor aumento en el gasto federal de los últimos 20 años
y a los fabulosos recortes impositivos en favor de los ricos,
y lo que quieren es precisamente institucionalizar este proyecto.
Lo que buscan entonces es un descalabro fiscal que torne imposible
continuar financiando los programas sociales. Saben que no pueden
enfrentar una elección declarando que quieren destruir dichos
programas de ayuda popular, pero sí pueden levantar sus manos
con desesperación y decir “¡qué
vamos a hacer, si no tenemos dinero!” una vez de
que se cercioraron de tal cosa por las grandes reducciones impositivas
otorgadas a los ricos y el fuerte incremento en los gastos militares
(incluyendo a las industrias de alta tecnología) y en otros
programas a favor de las grandes empresas y los ricos. Este es,
por lo tanto, el segundo aspecto a tener en cuenta y que tiene que
ver con los espectaculares logros de la campaña de propaganda
lanzada por el gobierno.
–Y la campaña funcionó.
-Convenció muy rápidamente a la mayor
parte de la población de que Irak era una amenaza inminente
para la seguridad de los Estados Unidos e incluso de que era responsable
por los atentados del 11 de septiembre. No existe un grano de verdad
en todo esto, pero por ahora la mayoría de la población
cree en estas historias y tales actitudes encuentran correlato en
un fuerte compromiso con la guerra. Si la gente cree que hay un
enemigo que pretende destruirla y ya los ha atacado, es muy probable
que acepte ir a la guerra. Si mira la prensa de esos días,
se describe a los soldados diciendo: "Estamos aquí
por venganza, saben, porque volaron el World Trade Center, o porque
nos atacarán". Estas creencias son completamente
únicas de los Estados Unidos: nadie
en el mundo cree en algo siquiera parecido. No poca gente
en Kuwait o Irán odia a Saddam Hussein, pero no le temen,
porque saben que es el país más débil de la
región. La campaña mediática gubernamental
funcionó brillantemente, aterrorizando a la población
hasta hacerle aceptar la guerra pese a que existía mucha
oposición ante la opción bélica. Pero hubo
un tercer factor, tal vez aún más importante que los
anteriores. En septiembre de 2002 el gobierno anunció
la nueva estrategia de seguridad nacional. Esta no es una medida
sin precedentes por sus contenidos, pero sí lo es en tanto
que formulación oficial de política de Estado. Lo
que allí se anuncia es que Estados Unidos destruirá
el sistema de derecho internacional en su totalidad, el fin de la
Carta de las Naciones Unidas, y que los Estados Unidos llevará
a cabo guerras en cualquier momento y lugar que nos parezca oportuno
y que gobernaremos al mundo por la fuerza. Además,
nos aseguraremos de que no exista desafío alguno a nuestra
dominación, porque somos tan abrumadoramente superiores en
materia militar que simplemente aniquilaríamos cualquier
desafío potencial a nuestra primacía. Como se pueden
imaginar, esta declaración produjo escalofríos en
todo el mundo y estremeció a la elite diplomática
norteamericana. Es decir, no es que cosas como estas no habían
sido jamás escuchadas en el pasado. Pero nunca habían
sido formuladas como la política oficial de los Estados Unidos.
Sospecho que tendríamos que remontarnos hasta Hitler
para encontrar una analogía. Cuando alguien propone
nuevas reglas para el comportamiento internacional tiene que ilustrarlo,
tiene que lograr que la gente entienda lo que se quiere decir. Debe
haber lo que un historiador de Harvard denominó una
"guerra ejemplar", una guerra modelo, que demuestre
que nosotros realmente hacemos lo que decimos. Para ello es preciso
contar con una víctima apropiada, que debe
reunir varios atributos. Debe ser un objetivo completamente
indefenso. Nadie elegiría atacar un blanco capaz de defenderse,
sería imprudente. Irak cumplía este requisito a la
perfección, dado que es el país más débil
de la región, fue devastado por sanciones y estaba casi completamente
desarmado. Además, los Estados Unidos escrutaron
cada pulgada del territorio iraquí con satélites,
sobrevuelos de vigilancia y vuelos de U-2. En segundo término,
debe ser un objetivo importante y valioso. Es decir, carecería
de sentido invadir Burundi, el blanco debe ser un país que,
por sus recursos y riquezas, valga la pena controlar. Irak también
satisface esta segunda condición. Por lo
tanto, es un caso ideal para la guerra ejemplificadora, cuya intención
sería poner al mundo sobre aviso al explicitar concretamente
que esto es lo que estamos dispuestos a hacer en cualquier momento.
Tenemos el poder, y hemos declarado que nuestro objetivo es la dominación
por la fuerza y que ningún desafío a nuestro dominio
será admitido. Les hemos demostrado qué es aquello
que nos proponemos hacer y estamos preparados para el siguiente.
Procederemos, entonces, hacia nuestra próxima operación.
Ante esta serie de condiciones, la guerra aparece como una muy razonable
elección a los efectos de poner algunos principios a prueba.
-De acuerdo con su análisis, ¿cuál
podría ser el próximo objetivo? Porque de sus palabras
infiero que no cree que los Estados Unidos se detendrán en
Irak. ¿O sí?
-No, ya lo han dejado muy en claro. Necesitan algo para
la próxima elección presidencial y continuarán
con sus aventuras bélicas. Durante sus primeros
doce años de gobierno (1980-1992) así ocurrió
y así seguirá ocurriendo hasta que logren institucionalizar
las políticas domésticas aludidas más arriba
y disponer de un sistema internacional congruente con sus planes.
De modo que ¿cuál es el próximo blanco? El
próximo objetivo elegido debe reunir condiciones similares
a las anteriormente mencionadas. Debe ser suficientemente
valioso e indefenso para ser atacado. Siria es una posibilidad.
En ese caso Israel estaría encantado de participar.
Si bien Israel es un país pequeño, desde el punto
de vista de su poderío es una verdadera base militar "off
shore" de los Estados Unidos, de modo que detenta
una fuerza militar enorme, con cientos de armas nucleares y posiblemente
algún tipo de armas químico-biológicas. Sus
fuerzas de aire y tierra son mayores y más avanzadas que
las que integran cualquiera de los países que forman parte
de la OTAN, y Estados Unidos está por detrás de todo
este enorme aparato militar. Irán es otra opción,
aunque más difícil porque es un país más
complicado para dominar y controlar. Sin embargo, existe
una razón para creer que durante uno o dos años ha
habido esfuerzos encaminados a tratar de desmantelar a Irán,
a fracturarlo en grupos internamente irreconciliables. Estas iniciativas
han estado en buena medida orquestadas desde las bases norteamericanas
en las provincias orientales de Turquía, desde donde también
han partido vuelos de reconocimiento y vigilancia sobre la frontera
iraní. La tercera alternativa, que no puede ser considerada
a la ligera, es la región andina. Se trata de una zona que
posee muchos recursos y que está fuera de control en países
como Colombia, Venezuela y probablemente Ecuador. Existen bases
militares estadounidenses rodeando toda la región, y las
fuerzas de los Estados Unidos ya están instaladas allí.
El control de Latinoamérica es extremadamente
importante, por supuesto, especialmente con los acontecimientos
que tienen lugar en Venezuela, Colombia, Ecuador, Brasil y Bolivia.
Está claro que la dominación de los Estados Unidos
se ve amenazada y esto no puede ser aceptado, en particular en una
región tan próxima y crucial debido a la riqueza de
sus recursos naturales. Entonces esta es la otra posibilidad.
-¿Esta situación en Irak, la invasión
y sus secuelas, afectarán de una manera irreparable la estabilidad
política de Medio Oriente? ¿Cuáles serían
los probables efectos colaterales de esta invasión en países
caracterizados por la fragilidad de su constitución política,
como Arabia Saudita, Siria, Irán o incluso los territorios
kurdos? ¿Qué podría suceder con el problema
palestino, que continúa siendo crucial en la región?
-Lo que sucederá en el mundo árabe es extremadamente
difícil de predecir. Es un mundo desorganizado y caótico,
en donde existen regímenes altamente autoritarios y brutales.
Sabemos cuáles son las actitudes populares que allí
predominan. Quiero decir, Estados Unidos está muy preocupado
con las actitudes que prevalecen en la región y académicos
norteamericanos especializados en los países del Medio Oriente
han realizado investigaciones bastante buenas sobre el área
y sus resultados fueron dramáticos. Uno de los estudios más
recientes, de la Universidad de Maryland, cubrió desde Marruecos
hasta el Golfo Pérsico y el Líbano. Bien,
en esa área una mayoría abrumadora de la población
manifestó desear que los líderes religiosos tuviesen
un papel más importante en el gobierno. Un
porcentaje similar, cercano al 95 por ciento, cree que el único
interés norteamericano por la región es el acceso
a sus reservas de petróleo, el fortalecimiento de Israel
y la posibilidad de humillar a los árabes. Estamos
ante una opinión casi unánime. Así, de existir
alguna voz popular que pudiese surgir en la región, o algún
tipo de movimiento democrático, podría convertirse
en algo similar a lo conocido en Argelia hace diez años.
No sería necesariamente un gobierno islamista radical sino
uno con una corriente islamista más enérgica que la
que actualmente existe en muchos países. Creo que
esto sería lo último que querría Estados Unidos,
de modo que muy probablemente toda alternativa de apertura democrática
tropezaría inmediatamente con una férrea oposición
de la Casa Blanca. Pero las voces en favor de una democracia
secular tampoco serían aceptadas por Estados Unidos. Si
pudieran hablar libremente, por ejemplo, sobre la violación
de las resoluciones de las Naciones Unidas, esas
voces presentarían el caso de Israel, que tiene un record
mucho peor que el de Irak en esta materia. Pero, claro
está, Israel goza de la protección de los Estados
Unidos. Esas voces también expresarían su preocupación
por la independencia, que los Estados Unidos no favorecen, de forma
tal que cabe esperar que Washington continuará apoyando
regímenes opresivos y nodemocráticos como en el pasado,
y tal como lo hizo en América Latina por muchos años,
a menos que se le puedan dar garantías de que los nuevos
gobiernos de la región habrán de ajustarse estrictamente
a las prioridades de Washington. Por otro lado, estos movimientos
populares del mundo árabe son tan caóticos que resulta
difícil predecirlos -es decir, incluso quienes participan
en ellos no saben o no pueden saber qué es exactamente lo
que quieren-; lo que sí conocemos es el tremendo odio, el
antagonismo y el miedo -probablemente como nunca antes- existente
en relación a Estados Unidos. El problema israelí-palestino
es, por supuesto, el tema central en el mundo árabe. La administración
Bush ha sido muy cuidadosa al respecto, y no ha tomado partido por
ninguna posición. Sus acciones, sin embargo, socavan
las perspectivas de una resolución pacífica del conflicto.
Por ejemplo, al financiar nuevos programas de asentamientos de los
israelíes en los territorios árabes.
Es por ello que nuestros gobernantes no dicen nada. Casi todo lo
que dicen es que "tenemos una visión",
algo realmente sin sentido. Mientras tanto, el silencio oficial
contrasta con el apoyo efectivo a las posiciones más extremistas
dentro de Israel. Por eso lo que la prensa ha señalado como
la expresión más significativa de George Bush -reiterada
por Colin Powell más tarde- fue que la colonización
de los territorios árabes ocupados continuará hasta
que Estados Unidos determine que las condiciones para la paz han
sido establecidas, y se pueda avanzar en esa mítica Hoja
de Ruta trazada por Washington.
-Un artículo reciente de Henry Kissinger, reproducido
por la prensa argentina, decía que el multilateralismo estaba
terminado y que el mundo tenía que aceptar las condiciones
derivadas de la superioridad absoluta de las fuerzas armadas norteamericanas,
dado que el antiguo orden internacional está terminado.
-Es la formulación más descarada de políticas
que se inscriben en la misma tónica de siempre. El unilateralismo
siempre existió en el marco de las Naciones Unidas y Henry
Kissinger sabe esto perfectamente bien. Es algo que viene de muy
atrás. Quiero decir: ¿hubo alguna autorización
de las Naciones Unidas aprobando la invasión norteamericana
a Vietnam del Sur hace 40 años? En realidad, el
tema ni siquiera pudo instalarse en la agenda de discusión
de las Naciones Unidas. La ONU y casi todos los países se
oponían abrumadoramente a las operaciones de Estados Unidos
en Vietnam, pero el tema nunca pudo aparecer y ser sometido a discusión
porque todos sabían que si tal cosa ocurría las Naciones
Unidas serían simplemente desmanteladas por Estados Unidos.
Cuando la Corte Internacional de Justicia condenó a Washington
por su ataque a Nicaragua la respuesta oficial de la administración
Reagan -que, insisto, es la misma gente que actualmente está
en el poder- cuando rechazaron la jurisdicción de la Corte
Internacional fue que otras naciones no estaban de acuerdo con nosotros
y por ende nos reservamos el derecho a determinar qué es
lo que recae dentro o fuera de la jurisdicción interior de
Estados Unidos. Estoy citándolo textualmente. En
este caso se trató de un ataque a Nicaragua. Difícilmente
podrían ustedes tener un unilateralismo más extremo
que éste. Y las elites norteamericanas lo aceptaron,
y lo aplaudieron y, en realidad, el asunto fue rápidamente
olvidado.
En su próximo viaje a Estados Unidos hable con sus colegas
en cualquier Departamento de Ciencia Política y encontrará
a gente que jamás escuchó hablar sobre este tema.
Fue completamente barrido de la escena. Este es la razón
por la cual Estados Unidos tuvo que vetar las resoluciones del Consejo
de Seguridad en apoyo de la decisión de la Corte y exhortando
a todos los países a acatar la legislación internacional.
Bueno, esto es unilateralismo en su forma más extrema,
y todavía se remonta mucho más atrás en el
tiempo. Justo después de la crisis misilística
de octubre de 1962, la cual prácticamente condujo al mundo
al borde de una guerra nuclear terminal, la administración
Kennedy reanudó sus actividades terroristas
y su guerra económica contra Cuba, lo cual fue el antecedente
para la crisis. Dean Acheson, un respetado hombre
de Estado y consejero de Kennedy, del ala liberal del espectro político
norteamericano, pronunció un importante discurso en la Sociedad
Norteamericana de la Ley Internacional en el que enunció,
en sus líneas principales, los contenidos de la Doctrina
Bush de septiembre de 2002. Lo que dijo es que no hay ninguna
"controversia legal" que pueda surgir en el caso de una
respuesta norteamericana ante un desafío a su "poder,
posición y prestigio". Nada puede ser más
extremo que esto. Las diferencias con septiembre de 2002 son que
en lugar de ser una política operativa ahora se convirtió
en la política oficial del gobierno norteamericano.
Esta es la diferencia. Las Naciones Unidas han sido irrelevantes
en la medida en que Estados Unidos les impidió funcionar.
Es por esto que, desde mediados de 1960, cuando las Naciones Unidas
se habían convertido en algo más independiente a causa
de la descolonización y de la recuperación de otros
países del mundo luego de la Segunda Guerra Mundial, Estados
Unidos se convirtió de lejos en el país que más
resoluciones del Consejo de Seguridad ha vetado sobre un amplio
rango de temas -Gran Bretaña está segunda- y ningún
otro país está ni siquiera cerca de esta situación.
Esto es lo que hace que las Naciones Unidas no sean efectivas.
Esto equivale a decir que "o ustedes hacen lo que
les decimos o les patearemos el trasero". Actualmente es mucho
más descarado. Lo único correcto que Kissinger está
diciendo es que ahora no encubriremos las políticas que estamos
llevando a cabo.
-¿Cuál ha sido el impacto de la guerra iraquí
sobre las libertades públicas de Estados Unidos? Escuchamos
historias muy preocupantes sobre bibliotecarios forzados a indicar
los nombres de gente que solicita libros considerados "subversivos"?
¿Cuál ha sido el verdadero impacto de la guerra en
la política interior y en la vida cotidiana de los Estados
Unidos?
-Estas cosas están ocurriendo, pero pienso que no están
específicamente conectadas con la guerra de Irak. La
administración de Bush, me permito repetirlo, está
integrada no por conservadores sino por estatistas reaccionarios.
Ellos quieren un Estado muy poderoso, enorme, violento
y que refuerce la obediencia y la sumisión de la población.
Existe en ellos un tipo de espíritu cuasi-fascista,
como telón de fondo, y por eso han estado tratando de socavar
los derechos civiles de muchas maneras. Este es uno de sus objetivos
de largo alcance, y tienen que hacerlo rápidamente porque
en los Estados Unidos existe una tradición de protección
muy fuerte de los derechos civiles. La clase de vigilancia
que me comenta en relación a las bibliotecas es un paso más
en esa dirección. Ellos han reivindicado
también el derecho del gobierno a detener a un ciudadano
estadounidense sin cargos -y sin acceso a abogados, ni a su familia-
y mantenerlo detenido indefinidamente. Esto, además,
ha sido avalado por la Corte, lo que de por sí es una atrocidad.
Pero ahora tienen una nueva propuesta, en ocasiones denominada
"Patriot Two", un documento de unas ochenta páginas
generado dentro del Departamento de Justicia y que alguien tuvo
a bien filtrarlo a la prensa para su publicación. A raíz
de esto se publicaron algunos artículos de profesores de
leyes que se sentían ultrajados por el contenido de dicho
documento. Esto hasta ahora sólo se encuentra en su fase
de planeamiento, pero a más de uno le agradaría implementarlo
tan secretamente como se pueda. Estas propuestas permitirían
al fiscal general, por ejemplo, privar de la ciudadanía norteamericana
a cualquier individuo sospechoso de estar involucrado en actos que
de cualquier forma pudieran ser perjudiciales para los intereses
de Estados Unidos. Es decir, todo esto va mucho más
lejos que cualquier cosa contemplada en cualquier sociedad democrática.
Un profesor de leyes de la Universidad de Nueva York escribió
que esta administración evidentemente intentará eliminar
o recortar los derechos civiles de los ciudadanos, y creo que básicamente
está en lo cierto. Esto es congruente con sus políticas
estatistas reaccionarias, que tienen manifestaciones en la vida
internacional, la economía, la vida social y también
en la vida política.
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