Una sonrisa Giocondina. Una mirada llena de esperanza
Todo por el Comandante
Luis Rivero Badaracco
/ Soberania.info
- 18/07/03
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Maturín,
Edo. Monagas.- En esos aciagos días de diciembre
pasado (no digo decembrinos porque me suena hipócritamente
a “fiestas navideñas”), quizás
en la segunda o tercera semana, buscaba yo donde descargar mi impotencia
(no se confundan) de no poder joder a esos coños de su madre
de la gentuza del petróleo.
Aparte de la arrechera que cargaba desde que esos terroristas decidieron
sabotear a la que ellos creían “su” empresa,
PDVSA, y poner a parir sin estar preñado
al pueblo venezolano, ya me había calado dos colas para echar
gasolina, y en ambas oportunidades tuve que poner gasolina
“tapa amarilla” (con plomo) porque no había
de la otra. Y el carro virguito. Fuel Injection, Unleaded only.
Y agarro la Raúl Leoni (espero que cuando revoquemos a Guillermo
Call le cambiemos el nombre a esta avenida) como a las once de la
mañana, y al llegar al semáforo de la Guaricha me
detengo detrás de una picó destartalada, con cuatro
hombres y tres carajitos, más destartalados aún. Con
dos tremendas banderas rojas, una del PCV y una del MVR. Los carajitos
y dos viejos con sendas boínas rojas. Los otros dos adultos
de edades indefinidas. El rostro macilento en los adultos y de alegría
en los carajitos, pero lo que más me llamó la atención
fueron las sonrisas, enigmáticas, de complacencia pero no
pero sí. Cómo la de la Gioconda.
Total que el semáforo se puso en verde y la camioneta se
apagó, y tras dos intentos arrancó, llenándome
de humo de aceite quemao (como dicen en mi pueblo, con ti pote).
Me les adelanto y les pregunto ¿Dónde es la
caravana? Ellos me dicen “…no, no vamos pa’ ninguna
caravana, vamos a defender PDVSA.…”. El corazón
se me arrugó. Y me fui detrás de ellos. Ya el humo
negro no me importaba.
El edificio principal de PDVSA en Maturín es una imponente
mole, al estilo de las grandes mansiones de los grandes ricos que
gastan la plata de otros, impenetrable, aislada, lejísima,
no físicamente pero sí espiritualmente. Yo
creo que el edificio de la CIA en Langley, Virginia, es de más
fácil acceso, o por lo menos uno no lo siente tan lejano.
Y estos cuatro desarrapados, lo más probable con
el estómago vacío, junto con sus hijos y/o nietos,
muy probablemente con un desayuno criollo (casabe mojao en guarapo)
en sus estómagos, iban a “defender
PDVSA”.
Y resulta que habían instalado al frente del edificio
de PDVSA, en la entrada principal, pero AFUERA DE PDVSA, un campamento,
donde hacían guardias y todo para evitar el acceso de los
saboteadores terroristas de la gentuza del petróleo.
Yo creo que Ripley se quedó pendejo. Esto lo cuento y ojalá
me creyeran, pero fue verdad. Estos carajos que jamás
en su vida habían recibido nada de PDVSA (por favor, no me
vengan con el cuento de que gracias al petróleo Venezuela
se ha ido desarrollando socialmente: ¿salud? ¿cuál
salud si todos se veían flacos, enfermos, desvencijados?
¿educación? ¿cuál educación si
ninguno había pasado de cuarto grado? ¿trabajo? ¿cuál
trabajo si todos tenían toda su vida matando tigres? ¿viviendas?
¿cuál vivienda si todos vivían en ranchos inmundos
en terrenos invadidos?
Pero iban, con su sonrisa enigmática, como la de
la Mona Lisa, a defender PDVSA. Coño, me dije, esto no puede
ser. Esto es un sueño surrealista. Cómo en el cuadro
aquel con el reloj derritiéndose. Y me dio mucha vergüenza.
Yo que me había hecho profesional gracias al petróleo,
no sentía ese “espíritu”, ese llamado
bolivariano.
¿Y qué impulsó a estos Bolivarianos
(con mayúscula) a defender algo que nunca fue de ellos, algo
de lo que nunca habían sentido que era de ellos, pero que
en esos días había que defender? Chávez. No
hay otra explicación. El comandante pidió auxilio.
Y he allí la respuesta: solo los que nunca habían
recibido algo de PDVSA atendieron su llamado. Qué incongruencia
¿es un mundo bizarro o no?
Lo más triste es que estos defensores de PDVSA siguen
enfermos, pasando hambre, sin trabajo, viviendo en ranchos inmundos,
mientras que los nuevos pedeveseros y los viejos reenganchados se
siguen metiendo un billete. El billete de estos
defensores.
En su nuevo mundo los neopedeveseros. Y
ahora sí: apoyados por el gobierno. Volvieron a la gatopardiana:
“sacrificamos algunos para que todo quedara igual”.
¿Y los condenados de la tierra? Que sigan comiendo
mierda.
Maturín, 17 de Julio del 2003
PD: Comandante Chávez: La gente del petróleo sigue
vivita y coleando en la “nueva” PDVSA. Uno se cansa.
¿Hasta cuándo?
Luis Rivero Badaracco - Email:
lgriverob@cantv.net
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