Sobrevivir, nueva etapa revolucionaria
Orlando Ochoa Terán* / Semanario Quinto Día - 29/02/08
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“Desafortunadamente la estrategia de sobrevivencia que el Presidente ha configurado para las batallas del 2008, y que extrañamente puso en manos de los mismos arquitectos de la derrota del 2007, no parece garantizar el futuro de su proyecto”. Heinz Dieterich - La estrategia de sobrevivencia de Hugo Chávez - Febrero 2008
Si alguien dudara de la desconexión del presidente Chávez con la realidad que lo circunda, nacional e internacionalmente, bastaría con recordar dos de sus más recientes declaraciones. En la primera el líder bolivariano celebra la decisión de Fidel Castro de no seguir ejerciendo la presidencia de Cuba como una “demostración de que no se empeña en aferrarse al poder”. En la segunda admite que, después de 9 años en el gobierno, de súbito, ya encontró “el rumbo” para hacer del sistema de salud un servicio idóneo para los venezolanos.
En su ineluctable derrubio el presidente Chávez no advierte que los márgenes de maniobra para justificarse se agotaron. Tal como sostiene el mecenas de las pocas ideas bolivarianas, Heinz Dieterich, “en su entorno ministerial nadie se atreve a decirle al Presidente lo que es posible” (…) “y lo que es irreal”. Para Dieterich, en su reciente análisis, el presidente Chávez apeló a una “estrategia de sobrevivencia”, plagada de los mismos errores del pasado. Dieterich abriga pocas dudas acerca del futuro del proyecto.
Para desandar este largo camino de desaciertos Chávez necesitaría mucho tiempo, tan escaso como muchos de los alimentos de la dieta básica. El modelo que inspiró esta errática revolución bolivariana, se tomó medio siglo para que, en boca de su nuevo capitoste, Raúl Castro, cayera en cuenta el pasado domingo que había que darle más poder a los gobiernos provinciales y construir una “estructura de gobierno más compacta” que permita a los trabajadores ganar un mejor salario y… ¡oh sorpresa! “levantar algunas de las regulaciones que estrangulan a la empresa privada”.
No es la única: Raúl Castro descubrió “la prioridad de satisfacer las necesidades básicas de la población, física y espiritualmente”. “Tenemos que planificar mejor, no podemos gastar más de lo que tenemos”. Raúl reconoció que el salario promedio de un trabajador era de $19 al mes. Los mismos disparates que padecemos.
¿Debemos esperar 40 años más para que estos bolivarianos lleguen a la misma conclusión? Analistas y gobiernos de países beneficiarios de las dádivas petroleras como los de Petrocaribe dudan de la capacidad de Pdvsa para seguir cumpliendo sus compromisos a corto plazo. La caída de la producción petrolera, el brutal endeudamiento, la distracción de sus fondos para solventar la crisis de desabastecimiento, la percepción de asedio internacional por otras corporaciones como Exxon y Conoco, junto con el crecimiento exponencial del narcotráfico y los supuestos vínculos con las FARC son ominosas señales que anuncian el fin de la feria petrolera venezolana.
Tampoco Dieterich es optimista: “Los independientes y los sectores bolivarianos más honestos se están yendo del proceso”. El desplome de la revolución en los meses de 2008 ha adquirido tal velocidad que sólo es comparable con el agitado año de 1898, el gobierno de Ignacio Andrade.
El prestigio
Por obra de una extraña alquimia social la revolución bolivariana parece habernos retrotraído al país de 110 años atrás. En la crónica que hace el historiador Ramón J. Velásquez en La caída del liberalismo amarillo, de las turbulencias que se originan el 28 de febrero de 1898, llama la atención su semejanza con nuestra realidad. No es historia que se repite, como dice un académico estadounidense, es historia que rima.
Narra el doctor Velásquez que “el cuadro que pinta (el presidente Andrade ante el Congreso Nacional) es aterrador. De negra suerte califica los padecimientos de Venezuela durante el año 1898”. “El azote de una epidemia de viruela diezmó las poblaciones; el gremio mercantil anulaba sus transacciones, suspendía la importación de mercaderías... A esto se agregaba, añade el historiador, la caída de los precios del café, primer producto de exportación”.
Bajo el subtítulo, “El prestigio que se va”, el doctor Velásquez apunta: “Nadie cree en el futuro del régimen”.
La transcripción de una crónica publicada en El Liberal Nacional y firmada por Castillo Chapellín, es aún más dramática: “Hemos perdido la fe en nuestros hombres públicos. Llegan al poder halagados por la fuerza y a la fuerza refieren su autoridad.
Contaminados por el espíritu de ciego partidarismo, se echan en brazos del bando personalista, que los ciega de intento para crear los gobiernos oligárquicos, en los cuales privan los policastros. El medro personal se ha hecho moneda corriente. La especulación es la ley en las esferas del poder. La fórmula republicana no existe entre nosotros; nuestros gobiernos son simplemente el producto de los hechos. Ya arriba los hombres se vuelven dueños absolutos en el gobierno y no hay formas de hablarles del cumplimiento de la ley. En medio de la mentira política vamos llegando al hundimiento fiscal, al desastre económico. Nuestras deudas aumentan a diario, nuestro país pierde sus fuerzas productoras y se entrega al desaliento”.
¿Existe una mejor manera de describir a esta revolución bolivariana, 110 años más tarde?
[*] E-mail: o.ochoa@att.net
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