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No hay bien más preciado para una sociedad que la paz; una paz sustentada en la justicia social, el estado de Derecho, el respeto entre las naciones y la justicia social internacional.
Nunca está de más recordar estos principios, especialmente en estos tiempos de lenguaje y conducta irresponsable. El Presidente quiere "jugar a la guerra", con fines inocultables de distracción frente a los muchos problemas de nuestra sociedad y con intención de crear una crisis de política interna, para recuperar la popularidad perdida y eventualmente diferir o suspender las elecciones de fin de año, cuyos resultados se avizoran claramente favorables a las fuerza de oposición.
El conflicto actual no es nuestro conflicto, aunque nos afecte. La guerra en curso es una guerra claramente colombiana: entre el gobierno y la narcoguerrilla y cuya principal víctima es la sociedad colombiana, con sus miles de muertos y sus 700 prisioneros, hipócritamente denominados retenidos. El agraviado en los últimos acontecimientos es Ecuador, cuyo territorio fue violado por Colombia, violación a que evidentemente rechazamos.
El único camino aceptable para enfrentar la situación es el diplomático, bilateral y multilateral, siempre en función de la paz y las relaciones amistosas entre los pueblos y los Estados. Venezuela no es la agraviada, aunque hacemos bien en solidarizarnos, en este caso, con Ecuador, en aras del principio de soberanía e integridad territorial de los pueblos. Venezuela y Colombia deben superar este impasse de manera diplomática, amistosa y pacíficamente, ambos países se necesitan.
Otra cosa es la "frontera", problema de muchos años y de complejidad creciente. Son 2.700 Km. de frontera, un "tercer país" como lo llamó Uslar Pietri, lleno de incertidumbre y violencia, con responsabilidad de ambos gobiernos. No nos gustan los paramilitares, tampoco la narcoguerrilla; ambos grupos vienen del delito y la violencia. Venezuela tiene una gran responsabilidad en el control efectivo de su territorio; igual Ecuador, al permitir la presencia guerrillera con total impunidad y casi como invitados oficiales. Colombia no puede exportar su guerra, el gobierno tiene que garantizar las fronteras y respetar la soberanía de sus vecinos.
La paz no es fácil, pero es el único camino.
Venezuela vivió 100 años de guerras durante todo el siglo XIX sacrificando vidas y perdiendo territorios. En el siglo XX conquistamos la paz, difícil y precaria pero paz al fin de cuentas. El país progresó y el pueblo prosperó, ¿se justifica retroceder históricamente por la simple megalomanía de una persona y la fijación obsesiva por un protagonismo mediático a costa de lo que sea?
La paz no es fácil, pero es el único camino.
[*] Rector de la Universidad Católica cecilio Acosta - Venezuela / E-mail: rector@unica.edu.ve
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