www.soberania.org
 
Artículo
Caracas / Venezuela -
 


El lado verde del petróleo
José Gil* / Soberania.org - 24/04/08


El 14 de marzo del 2006, David King, asesor del gobierno británico, declaró su preocupación por haberse alcanzado el “mayor nivel de CO2 en más de 1 millón de años”. Sus declaraciones fueron dadas una vez conocido el informe del Centro Nacional Oceánico y Atmosférico Estadunidense (NOOA, por sus siglas en inglés), en el cual se indica que en el planeta llegamos al nivel de 381 partículas de CO2 por millón en la atmósfera terrestre, lo que supera en más de 100 partículas el promedio de toda la era pre-industrial. El informe resaltaba que los niveles de CO2 se han duplicado en los últimos 30 años.


En diciembre del 2005, el especialista James Hanson mostró resultados de investigaciones científicas, independientes a las anteriormente mencionadas, en una conferencia de Geofísica realizada en San Francisco, Estados Unidos. Advirtió que el planeta cuenta con 10 años para tomar medidas que permitan una reducción en la tendencia al calentamiento global. Informes similares del año 2007 indican que un incremento de 2º en la temperatura promedio del planeta nos llevará al “punto sin retorno”, y ya hemos subido 0.6º. Las mejores estimaciones de modelos térmicos del globo estiman que el número de extinción ronda los 6º de incremento. Al paso actual para el 2060 ya no existirá hielo en los polos y los sobrevivientes serán esencialmente nómadas.

Un gran número de estudios científicos señalan que se requiere de un consenso para tener una conducta más verde, es decir, una conducta que le de importancia a la preservación de las condiciones y elementos naturales sin los cuales la vida sencillamente no puede existir. Estamos en el umbral de cambios climáticos que impactaran a todos, desde el intelectual en Harvard hasta el taxista en la Av. Francisco Fajardo.


¿Qué importa eso si este es un año electoral?

Debería importarnos, y mucho, a todos. El CO2 es considerado el principal agente que forma el llamado efecto invernadero que atrapa el calor del sol e incrementa la temperatura de nuestro planeta. ¿El resultado? Inundaciones en algunos países, sequías en otros, así como la reducción a niveles que ya son preocupantes de las reservas forestales y las fuentes de agua potable. En pocas palabras, la quema de combustibles fósiles derivados del petróleo está reduciendo nuestra capacidad para generar oxigeno y producir agua potable.


De sueño a pesadilla

Pareciera que para soñar con  la construcción de una “mejor” sociedad para el “mañana” algunos estadistas y políticos suponen que el consumo de 86 millones de barriles de petróleo por día (MMbpd) y los planes para llegar a producir 115 en pocos años, garantizará la prolongación del aparataje económico, político y social del planeta. Sin embargo, existe evidencia científica innegable e ineludible que nos obliga a considerar un cambio en estas premisas…si se desea preservar la vida como la conocemos en el planeta.

Desde los años 1970 se han venido dando discusiones sobre el incremento de la temperatura promedio de la atmósfera terrestre como resultado de las acumulaciones de dióxido de carbono (CO2).
Los pioneros de estas investigaciones han sido muchas veces ridiculizados y menospreciados por el entorno dominante del boom de la producción petrolera. Sin embargo el tono ha venido subiendo una vez que el conocimiento del problema del calentamiento global es materia del dominio público y sus efectos vienen siendo cada vez más evidentes en devastaciones producidas como resultado de una naturaleza que contraataca buscando su perdido equilibrio. Se hace necesaria una educación ciudadana a nivel mundial sobre la necesidad de meter en cintura las emisiones de CO2.

Hasta hace pocos años a las conferencias itinerantes sobre calentamiento global apenas concurrían una pequeña masa de ambientalistas y defensores de la vida en “verde”. Sin embargo ya las propias empresas petroleras se han involucrado y hasta han cambiado de llamarse petroleras a “empresas energéticas”. Los presupuestos de exploración se reducen, mientras los de investigación en fuentes alternativas se incrementa, aunque a paso lento.


El transporte

Se estima que el 90% del transporte mundial depende de la quema de combustibles fósiles para mover la infinidad de productos básicos y procesados que forman parte de nuestra cotidianidad de consumo. No se puede entonces pensar que por vías de decreto o con alianzas políticas superficiales se va a frenar en corto plazo el consumo de combustible que mueve la economía mundial, pero ya se están haciendo esfuerzos importantes en Europa, China y Japón para, por ejemplo, producir motores de mayor rendimiento por litro de gasolina.


Las finanzas

Se estima que el negocio petrolero es la base del 70% de la economía global. Un informe publicado por la revista Fortune en el 2006 mostraba que de las 12 empresas con mayores ingresos a escala mundial, 6 eran empresas petroleras, en orden: ExxonMobil con 340 mil millones, Shell con 307 mil millones, BP con 268 mil millones, Chevron con 189 mil millones, ConocoPhilips con 167 mil millones y Total con 153 mil millones.

Estas 6 empresas obtuvieron una ganancia de casi 127 mil millones de dólares en un año
, lo que muestra claramente que el giro que se requiere tomará mucho esfuerzo para que los grandes productores estén dispuestos a reducir sus ganancias. Al mismo tiempo, habrá que presionar para que los gobiernos hagan acuerdos internacionales, y los honren, para reducir la quema de combustibles fósiles e ir incorporando otras fuentes limpias como la solar y eólica en la infraestructura económica, reduciendo la quema de hidrocarburos fósiles, especialmente el carbón.


La política

Existen viles intereses en el ámbito de la política como es entendida por algunos expertos en el cabildeo, que luchan ferozmente para menospreciar la realidad del calentamiento global, restar credibilidad a las evidencias técnicas del fenómeno y evitar que llegue al conocimiento de la opinión pública. La ignorancia o subestimación del tema es su negocio.

En el 2005, Philip A. Cooney, miembro de alto nivel del equipo de trabajo en la Casa Blanca, en reiteradas oportunidades revisó informes científicos, enviados al alto gobierno Norteamericano, sobre el calentamiento global. Cooney, quien no tiene ningún conocimiento técnico ni mucho menos científico en el tema, editó y, deliberadamente, modificó el texto contentivo de pruebas de los efectos nefastos del calentamiento global, de que este es principalmente el resultado de las emisiones de CO2, y que de no tomarse las medidas de protección del ambiente a la brevedad del caso se llegará al punto sin retorno.

El señor Cooney fue interpelado por una comisión del Senado, en la cual no sólo quedó al descubierto su deliberado acto de corrupción al modificar el informe técnico, sino que lo hizo con el visto bueno del alto gobierno en Washington. No obstante el descrédito público por sus graves actos, recopilados en sendos informes presentados por periódicos de lectura internacional como el New York Times, ¿Cuál fue el resultado? Cooney presentó su “renuncia” y en menos de 1 semana ya había obtenido una oferta de trabajo en Exxon-Mobil. No pocos señalaron que la relación de Cooney era previa y de hecho su trabajo político era distraer la atención del asunto del calentamiento global y ridiculizarlo frente a la opinión pública.


¿Y qué? En Venezuela tenemos mucho petróleo

Con este telón de fondo cabe una reflexión para los venezolanos. Las reservas probadas de la nación son de unos 80 mil millones de barriles, y se están certificando los de la Faja, que superan los 300 mil millones según fuentes oficiales. Cabe preguntarse ¿Cuánto pueden durar esas reservas? ¿100 años? ¿200? ¿300? Pero el asunto medular es que la economía del planeta no podrá sostenerse sobre la base del consumo petrolero más allá del 2050 salvo que se considere beneficiar a los supervivientes de la especie que pudieran quedar.

Con esto en mente debemos conciliar nuestro concepto y planes de desarrollar al país en un lapso mucho menor al que pudieran durar las reservas de la Faja.
A principios del siglo XX producíamos café y cacao de primera calidad, nos abastecíamos de alimentos y la deuda externa fue pagada. Ahora disponemos de enormes ingresos en divisas para comprar casi todo, pero asumir que se puede extender ese modelo de consumo en forma indefinida es un error mortal.

A pesar de la resistencia de Estados Unidos, ya la mayor parte de las naciones del globo están presionando por tratados como Kioto, en Europa existen proyectos de leyes para tasar con impuestos las emisiones de CO2, y hasta recompensar a los que reduzcan sus niveles de emisiones. No pocas naciones empiezan a considerar seriamente reducir su dependencia del petróleo como materia prima, y tienen planes concretos para lograrlo antes de la mitad de este siglo.

Pronto veremos mayor número de protestas en otras latitudes de quienes se negarán a que plantas, empresas y cualquier compañía que genere altas emisiones de CO2 se instale en su territorio como ha venido ocurriendo entre Estados Unidos y China por ejemplo.  El problema seguramente será más difícil de atacar por las naciones cuyos ciudadanos ignoran o evaden deliberadamente encarar esta realidad, o con economías devastadas a quienes posiblemente les queden pocas opciones.

Entre tanto, seguimos hablando de petróleo para más de 100 años en Venezuela. ¿Nos han dicho cuanto CO2 se produce por cada millón de barriles que producimos hoy? ¿Nos han explicado que el crudo de la Faja producirá mayores volúmenes y más contaminantes por sus propiedades físico-químicas y las condiciones requeridas para su extracción y procesamiento? ¿Sabemos cuánto gas ácido estamos enviando al aire que respiramos hoy? ¿Nos han dicho que el gas quemado en los mechurrios va a la atmósfera y cae en tierra de nuevo cuando llueve arrasando sembradíos y contaminando los pocos ríos que aún nos quedan, además de generar enfermedades respiratorias y en la piel?

Necesitamos entender que si bien es cierto podemos construir mucha infraestructura a partir de los recursos petroleros, el tiempo que nos queda es corto, posiblemente entre 2 y 3 décadas, y debemos hacerlo en forma sustentable, lo que se ha dado por llamar “el modo verde” de la explotación. Mantener el enfoque tradicional nos asegura un futuro no verde, pero si negro a nosotros y a nuestros hijos y nietos.

 

[*] José Gil, Ingeniero Geodesta con 22 años de experiencia en las áreas de geofísica, geología e ingenieria de yacimiento y operaciones de EyP petrolera en el ámbito nacional e internacional. Investigador de la geopolítica petrolera mundial. Fue profesor de técnicas de exploración en la Universidad del Zulia, y es expositor itinerante de foros y conferencias sobre petróleo, energía y su impacto en la sociedad moderna / E-mail: josedario.gil@gmail.com




Artículos del autor:

Exportaciones de crudo Venezolano
José Gil* / Soberania.org - 28/03/08

Producción, Pico y Precio del barril
José Gil* / Soberania.org - 14/03/08

Reservas y producción petrolera
hacia su hora “cero”

José Gil* / Soberania.org - 06/08/07

CITGO: entre la pobreza y la codicia
José Gil* / Reporte de la Economía (Venezuela) - 13/03/07

Más artículos...

 



 


Imprimir Imprimir Enviar a un amigo Enviar
Arriba
Volver
Volver a página anterior
 
Regresar a Portada
Portada
 
www.soberania.org - Contacto: soberania.org@gmail.com