El “músculo democrático” de la oposición
Orlando Ochoa Terán* / Semanario Quinto Día - 25/04/08
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Robert Mugabe llegó al poder junto con el movimiento de independencia de Zimbabue. Aclamado en 1980 como primer ministro, siete años más tarde se designa presidente y en sucesivas elecciones fraudulentas continúa gobernando por otros 21 años. Entretanto la oposición se conformaba con escaños parlamentarios, gobernaciones y alcaldías. ¿Suena familiar?
Como el líder revolucionario no daba señales de abandonar el cargo después de dos décadas como presidente, la oposición de Zimbabue inició un proceso que en el léxico opositor venezolano se describiría como “echar músculo democrático”.
En esta tarea los dirigentes de la oposición se han tomado 21 años, por coincidencia, más o menos los mismos que nuestro héroe bolivariano anunció, hace ya algún tiempo, que permanecería en el poder antes de retirarse a Sabaneta a sembrar tubérculos.
El pasado 29 de marzo Robert Mugabe se lanzó de nuevo a la reelección por enésima vez frente a una coalición de partidos de oposición que persistían en eso de “echar músculo democratico”, aún reconociendo que, como siempre, el autócrata tenía todas las de ganar, a pesar de que las encuestas lo daban como perdedor.
El Movimiento por el Cambio Democratic (MCD), después de un esfuerzo descomunal de unidad que les tomó varias décadas de negociaciones se presentó a dar la batalla en serio por la presidencia después de 21 años disfrutando algunos escaños parlamentarios, gobernaciones y alcaldías municipales.
Condiciones
Pese a las promesas del CNE de mejorar las condiciones, el gobierno de Mugabe, como siempre lo ha hecho, desató todo el abuso y el ventajismo que los venezolanos conocemos. El control y la censura de los medios no podían ser más descarados. A candidatos de la oposición a la Asamblea y a los puestos de elección de la provincia se les permitió pensar que habían obtenido el triunfo esperado, al tiempo que el CNE no ofrecía resultados de la elección presidencial.
Esta semana un recuento de votos del CNE revirtió el triunfo de los candidatos de la oposición a favor de los representantes del gobierno de Mugabe. Dirigentes de la oposición eran arrestados y acosados.
Morgan Tsvangirai, el candidato opositor fue apaleado por milicianos a sueldo del gobierno durante la campaña electoral. No hubo rebelión de importancia.
El CNE de Zimbabue, como era de esperarse, no hizo el menor intento por detener los abusos y por el contrario objetó la mayoría de los testigos internacionales.
El gobierno se negó a acreditar a corresponsales de los más conocidos rotativos del mundo. El corresponsal del New York Times, Barry Bearak, fue detenido durante un allanamiento por haber reportado información sin la debida acreditación e incluso, periodistas con la acreditación, enfrentaron arrestos, como un reportero del Times de Londres y técnicos de CNN.
Para los pocos testigos internacionales y diplomáticos que presenciaron las elecciones del 29 de marzo, Robert Mugabe había sido derrotado y no debería producirse una segunda vuelta. Sin embargo, como el CNE no ofrecía resultados que lo confirmaran, el gobierno ha sostenido que ninguno de los dos candidatos habría logrado más del 50%, una segunda vuelta era necesaria. Para los que conocen a Mugabe, es el tiempo que requiere para cocinar un nuevo fraude.
Un llamado a permanecer en sus casas como protesta por la falta de resultados fracasó. Un país con 80% de desempleo no se puede dar el lujo de perder los pocos puestos de trabajo en una acción política.
La OEA de Africa
El otrora país con los suelos más fértiles del continente y granero de Africa es ahora una tierra empobrecida de la cual han escapado millones de habitantes que se refugian en países vecinos como indocumentados. La inflación es de 150.000% y el desempleo alcanza 80%.
A pesar de que el gobierno no cuenta con un recurso natural en abundancia como Venezuela, que le permita influir en la región o en la comunidad internacional, Mugabe ha encontrado la solidaridad activa o pasiva de lo que equivale en Africa a la OEA del Hemisferio Occidental. Vecinos poderosos como el presidente Mbeki de Sur Africa, que equivaldría en nuestra región a Lula de Brasil, no ve crisis alguna en Zimbabue.
La única señal de solidaridad que ha recibido la oposición de Zimbabue es el bloqueo de la región para impedir que un buque con armas chinas destinado al gobierno de Mugabe desembarcara en puertos de países vecinos.
Las presiones de EE UU y de la UE, especialmente de Gran Bretaña, para que el CNE informe los resultados de las votaciones presidenciales no han sido atendidas y es muy probable que Mugabe se salga con la suya y la oposición de Zimbabue, como la de Venezuela, deba seguir “echando músculo democrático” por otras cuantos años y conformarse con algunos escaños parlamentarios, gobernaciones y alcaldías.
[*] Orlando ochoaa terán / E-mail: o.ochoa@att.net
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