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Caracas / Venezuela -
 


Oficiales y soldados cobardes
Orlando Ochoa Terán* / Semanario Quinto Día - 02/05/08


La cobardía es uno de los cargos más serios y degradantes que se le puede endilgar a un hombre de armas. En la historia de EE UU, el país con el establecimiento militar más complejo y experimentado del mundo moderno, sólo un oficial ha sido acusado de este delito por entregarse al enemigo sin presentar combate

A raíz de los atentados en Nueva York y Washington, el conocido animador de televisión Bill Maher, comentó que los musulmanes que participaron en el acto terrorista se les podía llamar cualquier cosa menos cobardes e insinuó que un establecimiento militar como el de EE UU que lanza misiles a 3.000 millas de distancia era más cobarde que aquellos combatientes que arriesgaban su propia vida.

El comentario derivó en un escándalo que puso de manifiesto la enorme sensibilidad de los gringos cuando se cuestiona el valor de sus hombres y mujeres en uniforme. Lo que nadie podría concebir en un país serio es que sea un general en jefe quien ostenta el cargo de ministro de la Defensa, el que acuse a un sector de sus propios compañeros de armas de cobardes y que sea de inmediato respaldado por el propio presidente de la República, un militar retirado. Un caso que muy probablemente no tiene parangón en ninguna organización castrense del mundo.


Coraje moral

A riesgo de una simplificación se entiende por cobardía en los códigos de justicia militar la negativa injustificada de un soldado a combatir o poner la vida de sus compañeros en peligro para salvaguardar la propia. Hasta el siglo pasado este delito se castigaba con la pena de muerte.

Cuando Rangel Briceño habla de cobardía de sus compañeros, naturalmente, se refiere a la falta de coraje moral que es otro punto debatible en las modernas fuerzas armadas. En tiempos de paz, se ha dicho, el desafío moral de un militar es más sutil y se presenta con más frecuencia que el físico.


En este sentido saber por boca del ministro de Defensa que, a pesar de las persecuciones, las amenazas y el acoso que prevalece en la FAN, aún existe un sector importante con el coraje moral para permanecer fieles a la institucionalidad es una buena noticia.

Por el contrario, difícilmente puede darse un caso más cercano a la cobardía moral quien, prevalido de su cómoda posición de general en jefe y colocado en el vértice de una organización piramidal que no permite el disenso y con el respaldo del presidente de la República, acusa a sus compañeros sin tener el valor de nombrar a uno solo.

Desde la guerra de Vietnam sólo el sargento George Porgany, en 2003, ha sido acusado de “conducta cobarde como resultado de temor y rehusar a cumplir con su deber de combatir” en Irak. Sin pruebas suficientes los cargos fueron cambiados por incumplimiento del deber.

El único oficial acusado, juzgado y sentenciado a muerte (posteriormente indultado) por cobardía en la historia de EE UU fue el general William Hull quien se rindió y entregó a Detroit a las fuerzas enemigas sin combatir, el 16 de agosto de 1812. Según el general Rangel Briceño y el presidente Chávez en Venezuela decenas de miles de oficiales, suboficiales y soldados pudieran estar incursos en este delito.


El delito

La cobardía y el coraje son términos y definiciones tan subjetivas y ambiguas que no pocas veces el cobarde deviene en héroe y viceversa.

Uno de los casos más dramáticos ocurrió en la Primera Guerra Mundial, en la batalla de Somme.
Después de un asalto temerario de 10.000 soldados contra una posición alemana atrincherada, dirigida por el general Douglas Haig, de la Fuerza Expedicionaria Británica en Francia, resultaron 385 oficiales y 7.861 soldados, muertos o heridos, sin ninguna baja alemana. 306 soldados británicos que rehusaron seguir luchando fueron ejecutados por un pelotón de fusilamiento acusados de cobardía por el general Haig. Los oficiales y soldados fueron reivindicados e historiadores han calificado la acción del general Haig de cobarde y al oficial de carnicero.

La invasión de Las Malvinas, como un torpe medio de sobrevivir a la incompetencia del régimen del general Leopoldo Galtieri, fue respaldada como una gesta heroica y apoyada por casi todos los países de América Latina y en especial por Venezuela. El general Mario Menéndez, quien encabezó la acción militar juró, como repite Rangel Briceño, que “de allí sólo saldrían muertos”. Así fue para muchos, no para Menéndez, quien aun sigue vivo.

El 3 de abril de 2006, en el marco de la conmemoración de la invasión a Las Malvinas, el presidente Néstor Kirchner, dijo: “con todo el respeto por la fuerzas armadas, estos generales fueron unos cobardes” y a continuación indicó que la invasión fue “un crimen más de la dictadura” que no tenía nada que ver con el reclamo de soberanía.

Se podría agregar que la declaración es una estulticia más del ministro, pues obliga a pensar que si en la FAN se aplicaran las mismas normas del código de justicia militar de otros países, como la que fundamentó la sentencia del general William Hull en EE UU por rendirse sin combatir, la revolución socialista se habría interrumpido el
11 de abril de 2002 y hoy estaríamos preocupados de la intención continuista de Diosdado Cabello.

 

 

[*] Orlando ochoaa terán / E-mail: o.ochoa@att.net

 

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