Venezuela: plan e infraestructura subversiva del nuevo golpe
Heinz Dieterich
Steffan / Rebelión (España) - 03/08/03
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El presidente venezolano Hugo Chávez acaba de acusar
públicamente al expresidente Carlos Andrés Pérez
de conspirar para asesinarlo y ha solicitado al gobierno de la República
Dominicana, donde Pérez se encuentra refugiado, investigar
la conspiración. Pérez ha negado las acusaciones.
En su último programa radiofónico "Aló
Presidente", el mandatario dijo que "en
las afueras de Santo Domingo se está preparando un magnicidio.
Así se lo he dicho al presidente dominicano (Hipólito
Mejía), porque si somos amigos tenemos que demostrarlo".
Afirmó que tiene pruebas y que si se preparase un magnicidio
contra el presidente de la República Dominicana en Venezuela
y "yo no hiciese nada para impedirlo, sería
indigno. Así se lo he dicho al gobierno dominicano".
El presidente dominicano contestó que se trata de
"pura teoría" y que en la República
Dominicana no se derrumba a gobiernos. Pérez, a su vez, ha
dado una respuesta sugestiva, afirmando que aun cuando no participa
en ningún movimiento para derrocar a Chávez, el eventual
asesinato de éste no sería "un magnicidio",
sino "un tiranicidio".
El comentario del expresidente venezolano entraña
una doble mentira. Carlos Andrés Pérez tiene el motivo,
el historial criminal, el dinero, las relaciones políticas
y la inescrupulosidad necesaria, para instigar y financiar el asesinato
de Hugo Chávez; es decir, cumple con todos los requisitos
del perfil criminológico de un magnicida.
Y la misma calificación del gobierno de Hugo Chávez
como "tiranía" ---cuando se trata
del gobierno más democrático que ha conocido Venezuela
en los últimos 40 años--- es, objetivamente, una
incitación al asesinato político, dado que
la figura del tiranicidio es considerada constitutiva en la filosofía
política fundacional de la democracia burguesa.
La respuesta del presidente Hipólito Mejía, a su
vez, evade el problema, ya que las conspiraciones y hasta la incitación
pública al asesinato político del presidente venezolano
están a la orden del día, en los medios de
"comunicación" de la "oposición".
El diario nacional El Universal, por ejemplo, publicó
en enero de este año un artículo que incitó
abiertamente al homicidio del mandatario, diciendo que: "Un
gobernante corrupto, represivo, empobrecedor de su pueblo... debe
ser remitido al otro mundo. Cuanto antes, mejor, y sin preguntar
demasiado".
Lejos de elucubraciones teóricas, la subversión ha
logrado generar tres condiciones que son necesarias para una exitosa
política de destrucción y asesinatos. En primer lugar,
los medios de adoctrinación y, también, el alto clero
reaccionario del país, han creado una matriz de histeria
generalizada en amplios sectores de la clase media, al igual que
en sectores lumpen, que proporciona el clima y los gatilleros necesarios
para el crimen anunciado.
La incesante demonización de la praxis y de los
personajes bolivarianos ha reprogramado las cabezas ciudadanas más
necesitadas de educación y racionalidad, con el software
de la paranoia colectiva, a través del cual la realidad es
procesada sistemáticamente hacia actitudes de angustia, odio
y aniquilación, en lugar de la construcción de patrones
racionales de convivencia cívica.
Esos sectores se han convertido en casos de patología
clínica grupal, tal como evidencian irrefutablemente
los reportajes de los mismos canales televisivos oligárquicos,
cuando entrevistan en los eventos de la oposición a las víctimas
del condicionamiento pavloviano.
El divorcio de lo empírico de estos sectores es
patológico y su conducta compulsiva no se realiza sobre la
realidad venezolana, sino sobre una realidad virtual implantada
que, como en la teología, no tiene nada que ver con los hechos.
Siendo perseguidos por las hordas del anticristo, no quedará
otra salvación que no fuese la matanza de la bestia y de
sus seguidores salvajes.
Los estrategas de la subversión han aprovechado la enorme
veta de pasión que caracteriza al gallardo pueblo de Bolívar,
para convertir a los débiles de razón
en fieles soldados de la guerra santa. Este pérfido
crimen de los medios y de la mayoría del episcopado, que
ya ha costado sangre y miseria, prepara el camino hacia la guerra
civil. Por eso, no puede ser tolerado más por el Estado.
La segunda y tercera condición que la subversión
ha logrado para su guerra sucia, es una infraestructura
subversiva a nivel nacional e internacional que comienza
a sumergir al país en una situación preocupante de
violencia paramilitar.
En esta guerra sucia no declarada, los sicarios de la oligarquía
y de Miami no solo han asesinado a líderes populares y, particularmente,
campesinos que reclaman sus derechos constitucionales o que apoyan
al proceso bolivariano, sino también han empezado a pagar
su precio. El peligro de esta incipiente guerra sucia consiste en
que pueda rebasar las capacidades de control del Estado
y afectar la consolidación del proyecto bolivariano y su
estabilización económica.
La infraestructura internacional subversiva tiene sus bases
operativas más importantes en Miami, la República
Dominicana, Aruba ---que es parte del Reino de Su Majestad, la Emperatriz
Beatriz de Holanda--- Panamá y Colombia, con apoyo logístico
adicional en Madrid y Washington. Su núcleo organizativo
más peligroso dentro de Venezuela, son los llamados "halcones",
formados por cubanos de Miami.
Estos comandos son los encargados de eliminar a los grupos
de oficiales generales y superiores cercanos al Presidente de la
Republica, especialmente el alto mando del ejercito y de la Guardia
Nacional, y a algunos gobernadores de los Estados, como los de Tachira
y Lara.
Otra tarea de los halcones consiste en entrenar personal militar
disidente y grupos de comandantes y ex combatientes de la organización
de "izquierda", Bandera Roja.
Bandera Roja se encarga también de reclutar estudiantes en
las universidades del país, para entrenarlos en épocas
de vacaciones y días feriados para operaciones urbanas contra
círculos bolivarianos.
Los halcones tienen lugares de entrenamiento en diversas
partes de la geografía venezolana, entre otros, en los Estados
de Yaracuy, Miranda y Carabobo. También disponen de centros
de inteligencia en los Estados de Carabobo y Aragua que, en algunos
casos, se encuentran cerca de unidades militares estratégicas,
como el Fuerte Tiuna que domina a la Capital. Algunos de esos centros
se disfrazan como lugares de actividad de misioneros mormones.
Las rutas de acceso y salida de los halcones a Venezuela son diversas.
Algunas veces usan las costas de Carabobo, en otras ocasiones utilizan
la Península de Paraguaná y sus comunicaciones con
Aruba. Casi siempre son acompañados por oficiales disidentes
de la Guardia Nacional, para evadir controles de
transito y negociar con las autoridades militares cualquier problema.
Aruba, Curazao y Bonaire, tres islas costeras fuera del
control del Estado venezolano, juegan un papel importante en la
infraestructura subversiva, tanto para la inteligencia electrónica,
como el contrabando de armas y como retaguardia para cuadros subversivos.
En Aruba, Washington dispone de una base aérea, concedida
por el gobierno de Utrecht, que tiene status extraterritorial.
En la organización de los halcones es importante un comandante
con rango de coronel, que, con alta probabilidad, procede de las
filas de la antigua Guardia Nacional homicida de Somoza, y quien
que fue entrenado durante los últimos años de la dictadura
(1974-78) en la infame Escuela de las Américas del ejército
estadounidense (USARSA), en Fort Benning, Ga., y en la Zona del
Canal de Panamá.
Ese "comandante" de los halcones suele reunirse
con prominentes empresarios venezolanos, pasa con frecuencia por
la embajada de Estados Unidos, es conocido como un empresario y
comerciante de Miami y mantiene buenos contactos con diversos generales,
entre ellos, los generales Medina y González G. Nestor, de
la Plaza Altamira (Caracas).
La información disponible apunta también
hacia un fuerte involucramiento del Comando Sur del ejército
estadounidense (SOUTHCOM) en Miami. El Comandante del SOUTHCOM,
General James T. Hill, sostiene que mientras el presidente Chávez
"continua gobernando de manera constitucional", no hay
problema. Salvador Allende en el más allá estará
encantado de escuchar al General.
Sin embargo, más allá de la retórica,
la realidad es otra. Hill es el Comandante de facto de la campaña
de aniquilación de los militares colombianos contra la guerrilla;
es un admirador declarado de Alvaro Uribe; es alguien que piensa
que el paro petrolero ---que causó daños económicos
por el orden de siete mil millones de dólares a Venezuela---
era "la democracia en acción, desarrollándose
en las calles"; que "las FARC operan dentro de Venezuela";
que "pueden estar relacionadas con terroristas islámicos
a través de actividades ilícitas" y que las prioridades
principales del SOUTHCOM son "la guerra mundial contra el terrorismo
y sus efectos sobre mi región". (Poder, julio, 2003).
Es por eso, que la información acerca de un fuerte
involucramiento del Comando Sur en la guerra sucia contra el gobierno
venezolano, particularmente en la elaboración de la propaganda
y de las directrices de la guerra psicológica, es altamente
probable.
En una de esas operaciones planeadas para el futuro, denominada
"Operación Colibrí", se
empezaría a hacer "flotar" videos adulterados;
transcripciones de supuestas conversaciones telefónicas del
Presidente Hugo Chávez con Fidel Castro, las FARC y el presidente
libio Muamar Gaddafi; documentos apócrifos de la supuesta
adquisición ilícita de bienes de la familia del Presidente
Chávez en la República Dominicana; de una mansion
de Hugo Chávez en Cuba y de otra del vicepresidente José
Vicente Rangel, en las afueras de Santiago de Chile.
En otra operación de guerra psicológica para desprestigiar
mundialmente al gobierno del Presidente Chávez,
se dentendría en Panamá, Colombia, Aruba y España
a presuntos terroristas árabes, colombianos y españoles
con documentos venezolanos apócrifos, que "demostrarían"
que el gobierno de Chávez les habría brindado
apoyo. Esa operación reflotaría la historia del terrorista
venezolano Carlos Ramírez, condenado a pena
perpetua en Francia y que, supuestamente, gozaría de simpatías
de Chávez, y sus relaciones con organizaciones paramilitares
árabes y palestinas.
El manejo de esas operaciones de guerra psicológica
mundial seguiría los patrones usuales de este tipo de propaganda
negra, tal como puede ejemplificarse con una operación mediática,
ejecutada a partir del 11 de abril de 2002, desde Caracas.
El canal Venevisión, propiedad del magnate mediático
venezolano Gustavo
Cisneros, transmitió ese día
del Golpe de Estado el video, "La masacre en el centro de Caracas".
Se trataba de una falsificación de los hechos, realizada
por el periodista de Venevisión, Luis Alfonso Fernández,
para responsabilizar ante el mundo entero a partidarios del Presidente
y, por implicación al presidente mismo, de haber matado a
civiles en una manifestación de la oposición, mostrándose
de supuestos francotiradores bolivarianos, disparando contra la
multitud.
El 28 de noviembre del 2002, Fernández fue anunciado como
ganador del "Premio Internacional de Periodismo Rey
de España", en la Casa de América, en
Madrid. La convocatoria corría por cuenta de la estatal agencia
de noticias EFE y la Agencia Española de Cooperación
Internacional (AECI). Una masiva cobertura mediática
garantizó que todo el mundo se enterara que Chávez
era un dictador y asesino.
El premio que está dotado con nueve mil dólares,
fue concedido por un jurado, seleccionado bajo el criterio de su
sumisión total a los intereses del subimperialismo
español en América Latina, compuesto por
la presidenta de la Asociación de Periodistas de Puerto Rico,
Daisy Sánchez; el productor del canal de
television CDN y violento anticastrista, Miguel Guerrero
("Cuba es la más vieja y rancia tiranía
latinoamericana"), de la República Dominicana;
los directores del diario oligárquico argentino La Nación,
de El Observador de Uruguay, y el editor de El Nacional,
de Venezuela, Miguel Henrique Otero, uno de los medios golpistas
más violentos de Venezuela.
El jurado ---retrato hablado de lo que considera el subimperialismo
español y su Fuehrer José María Aznar
como objetividad informativa y periodismo democrático---
declaró con entusiasmo que la obra del estafador Fernández
constituía "un documento periodístico
de primer orden" y que el rey de España entregaría
los premios en una ceremonia que se celebrara a principios de 2003
en el Palacio de la Zarzuela, en Madrid.
Con la confesión ante juez, del estafador galardonado
de Venevisión, Luis Alfonso Fernández, de que todo
era un fraude y que, por lo tanto, era un intento para legitimar
el coup d´etat contra Chávez, el circo mediático
llegó a su fin. Pero el daño estuvo hecho y es, prácticamente,
irreparable.
Bueno, se pretende repetir esa hazaña y los expertos
estadounidenses jugarían un papel estelar en ella.
Hay indicaciones en el sentido de que desde marzo del año
en curso hay un equipo de especialistas militares estadounidenses
en guerra psicológica, comunicaciones e
inteligencia dentro de territorio venezolano que entraron procedentes
de Colombia, donde participaron en la guerra contra la guerrilla.
Habría oficiales de rango de coroneles y tenientes coroneles
en ese grupo.
Una reciente reunión en Colombia, en la cual participaron
generales colombianos retirados y efectivos, oficiales venezolanos
y panameños y de Aruba, tenía la función de
apoyar los proyectos para desestabilizar a Chávez. Las recientes
matanzas cometidas por los paramilitares colombianos en comunidades
indígenas venezolanas, desde el 18 de marzo, así
como la campaña mediática de los paramilitares contra
José Vicente Rangel y el Presidente, son parte de la campaña.
El coup d´etat del 11 de abril del año pasado seguía
los patrones del golpe de Estado contra Ceaucescu en Rumania. La
operación de Fernández fue parte de este patrón.
El paradigma subversivo que se está ejecutando actualmente,
corresponde a la estrategia utilizada para destruir a la Nicaragua
sandinista. El papel de los "contras"
será jugado por los paramilitares colombianos y
sectores desafectos reclutados en Venezuela, con un componente internacionalista.
El objetivo estratégico de los nuevos "contras"
es, como en Nicaragua, la destrucción de la economía.
El gobierno venezolano se enfrenta, por lo tanto a cinco
frentes de desestabilización principales: 1. el paramilitar,
2. el económico, 3. el mediático, 4. el institucional,
particularmente en el sistema de justicia y del parlamento, y 5.
el internacional.
Los frentes "cuatro" y "cinco"
son, en cierto sentido, una función de los primeros tres;
es decir, se fortalecen o se debilitan con la evolución de
los tres primeros.
En el frente militar, la creación de los batallones
de reserva es una medida importante, aunque la historia
militar indica que la neutralización de los paramilitares
debe ser tarea principal de tropas especiales y voluntarios.
La estabilización de la economía es difícil,
si bien no imposible. Donde la preocupación es mayor,
es en el frente mediático. El hecho, de que en tres años
de gobierno no se haya potenciado hasta su punto máximo las
capacidades del Canal estatal de televisión (Canal 8), del
canal nacional radiofónico, de las radios comunitarias y
de la neutralización de la prensa escrita mediante la actividad
combinada del mercado, de la ley y de las comunidades, es
inexplicable e injustificable.
Se trata de una actitud de omisión y de descuido
del vector tiempo, que puede costarle el poder al proyecto bolivariano.
Y, por supuesto, la vida a muchos cuadros de la revolución.
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