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Caracas / Venezuela -
 


Colombia: guerra y muerte
Roberto Viera* / Soberania.org - 03/06/08

Aquí y ahora

En estos días Amnistía Internacional, organización de derechos humanos con sede en Estados Unidos, recordaba una de las masacres ocurridas en Colombia. Según esta organización, “Amnistía Internacional ha instado hoy, 20 de febrero (de 2008), al gobierno colombiano y a los grupos armados implicados en el conflicto interno del país a que respeten el derecho de los miembros de la Comunidad de Paz de San José de Apartadó a regresar sin peligro a la vereda de Mulatos, tres años después de que la masacre del 21 de febrero de 2005 obligara a algunos de ellos a abandonar sus tierras.”

Este es un ejemplo de las atrocidades y el irrespeto a las personas que se declaran ajenas al conflicto. En este caso las masacres estuvieron a cargo principalmente por las fuerzas paramilitares apoyadas por el presidente  Uribe de Colombia y también contra esta comunidad habían actuado las FARC.


También la ACNUR de las Naciones Unidas hace un recuento de las atrocidades sufridas por la población en diferentes eventos, asesinatos y masacres sin sentido.

En una primera aproximación pareciera que en
Colombia se experimente el dicho de Mahatma Gandhi, que señala que si practican el ojo por ojo pronto todos terminaran ciegos. El aquí  y el ahora de Colombia es ese. Las Autodefensas paramilitares, a la orden del presidente Uribe, aterrorizan a una parte de la población; las FARC y el ELN aterrorizan a la otra parte de la población.

En este sentido, en el aquí y ahora, se comete un error al tomar  posición por uno u otro bando, vistas las matanzas sin fin que cometen unos y otros. Muchas de las matanzas corresponden a una competición por el control del cultivo y procesamiento de drogas. La oposición venezolana cuando, por efectos de la polarización con el régimen de Chávez, apoya al gobierno colombiano, simplemente le hace un favor a Chávez.


Historicidad

La guerra colombiana se remonta hasta los años 1950, en que asesinan al candidato presidencial Jorge Eliécer Gaitán. El pueblo bogotano se levanta, el tumulto se extiende y al final hay una gran masacre. Se cuentan por miles los muertos. A partir de allí los sobrevivientes huyen y se forma el grupo guerrillero mandado por Tirofijo que actualmente es conocido como las FARC.  Se podría decir que el asesinato  de una persona, Jorge Eliecer Gaitán, no justifica un levantamiento general, pero hay fuertes antecedentes que indican que las cosas necesariamente tomaron ese rumbo.

En “Cien años de soledad”, la novela que le dio al escritor colombiano Gabriel García Márquez el premio Nobel de literatura, se revela un episodio que nos puede aclarar la violenta reacción del pueblo colombiano. Allí se habla de una gran masacre cometida contra los trabajadores colombianos a raíz de una huelga en la empresa United Fruit en el cultivo de banano. Según García Márquez fue reprimida por el ejército colombiano una manifestación con miles de asesinados. Una espantosa masacre. De esta manera vemos que el Estado colombiano es reo continuado de masacres contra su propio pueblo. Pero aquí hay otro actor en la violencia colombiana: el empresariado norteamericano salvaje, en las ejecutorias de la United Fruit.

Si vemos los documentales históricos sobre los industriales exitosos estadounidenses, encontramos en los ferrocarriles toda una época de violencia donde se decidía a cañonazos quien colocaba una línea de trenes. También se destacan las prácticas de los industriales estadounidenses de sobornar gobernadores, legisladores y jueces. Asimismo esta historia se repite en el área de la industria de las comunicaciones con las batallas por el poder entre los distintos actores. El gran monopolio de Morgan Chasse en el acero con el monopolio de Rockefeller en el petróleo. En los últimos tiempos los vencedores de todas estas masacres se han agrupado en el gran monopolio o trust de Morgan-Rockefeller-Chasse que agrupa las empresas y  bancos más importantes de Estados Unidos y del mundo.

En un reporte  de The Wall Street Journal, Las Américas, por María Anastasia O'Grady, Septiembre 23 de 2005, Página A17,
se reconoce el lanzamiento por la fuerza aérea de Colombia de una (o más) bombas de “racimo” en un combate cerca de la aldea de Santo Domingo en el Dpto. del Arauca. También reconoce la periodista la presencia en el combate de un avión de la empresa Scan Air dependiente de la compañía petrolera Occidental Petroleum, que se ocupa de resguardar el oleoducto que pasa por la región. Según el artículo del Wall Street Journal (WSJ), en el combate hubo 17 muertos y que también un informe de FBI concluyó que las heridas de los muertos sugirieron que fueron víctimas de una bomba de racimo.

Es conocido que Colombia no fabrica bombas de racimo, también según WSJ estaba presente en el combate el avión norteamericano de la Scan Air. Esto presenta el cuadro de la presencia de la violencia extrema de los industriales norteamericanos, dándole el carácter sangriento y homicida a la guerra interna de Colombia.

Una segunda característica de la historicidad del conflicto es el carácter marxista–leninista de la Fuerzas Armadas Revolucionarias de Colombia (FARC). Esto les da una cierta tecnología para acercarse al pueblo y convertirse en vocero del mismo. También su enfoque de la lucha de Liberación Nacional, le abre las puertas para compartir con una parte del sector industrial colombiano, no-dependiente de las empresas y bancos norteamericanos.

Pero el enfoque marxista leninista también tiene sus fallas y están ubicadas en las experiencias deplorables de los países “socialistas” que han realizado el ideal de las FARC. Por mucho poder que tiene el marxismo-leninismo, es imposible tapar el sol con una ideología.  Una parte importante de la población colombiana está completamente consciente del fracaso de los regímenes socialistas. Los que no comparten con las FARC incluyen personas librepensadoras, de credos religiosos y otros que no han sido adoctrinados en el marxismo-leninismo. A pesar del rechazo a las atrocidades del ejército colombiano, el Estado encuentra campo propicio para reclutar combatientes refractarios a las ideas y prácticas de las FARC. Esta situación de apoyo y rechazo de las FARC, podría  ayudar a explicar el estancamiento de la guerra en Colombia.

El narcotráfico es una complicación más en la guerra colombiana. Las fuerzas que luchan por el cambio en Colombia han sido reprimidas con una política de exterminio. De esa manera, Colombia se queda sin opciones de cambio en extensas regiones. También, como dijimos antes, la poca credibilidad del marxismo-leninismo fuera de los adoctrinados. Esto abre paso a acciones puramente económicas. En la parte económica, Colombia -al igual que las demás repúblicas latinoamericanas-  vive en una permanente crisis. La relación entre dos economías una de mayor desarrollo, de mayor innovación, de mayor técnica, produce que el circulante desaparece de los países y las zonas de menor nivel productivo. El circulante va a tener al país más desarrollado. De esta manera se produce un amplio sector de la población viviendo en la más absoluta miseria.  Como paliativo, el país más desarrollado instala maquilas que  aprovechan la mano de obra barata. En esta situación, muchos colombianos han optado por el tráfico de drogas que les produce los ingresos que nunca tendrían. El éxito de la droga ha sido tan fuerte que ambos contendientes en la búsqueda de apoyo popular, tanto las FARC como el Estado colombiano, han optado por participar del tráfico ilícito de estupefacientes.

 

 

(*) Roberto Viera - Email: directoyconcreto@yahoo.com / web: http://www.sobrevive.i8.com/

 

 

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