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Caracas / Venezuela -
 


Decadencia del Metro caraqueño
Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 21/06/08



La situación actual del Metro de Caracas es lamentable. La calidad de su servicio ha disminuido considerablemente, nefasto para una ciudad donde la vialidad es deficitaria y el parque vehicular es elevado. El subterráneo es el complemento de la circulación superficial pero la elevación del precio del transporte público en las calles ha desnudado la crisis debajo de la superficie.

Si hacemos un inventario de las fallas sería interminable porque son demasiadas para un sistema con corta vida. Desde los años sesenta se comenzó a hablar de su necesidad pero no es hasta los ochenta cuando se hace realidad. Una gestión administrativa ineficiente, la de la democracia populista con sus excesivos recursos, frente a una prioridad en el espacio urbano.

Quienes empleamos con frecuencia este sistema debajo de la ciudad somos testigos de excepción de las vicisitudes por su uso. Primero, debido al bajo costo la asistencia se ha incrementado pero no así el número de vagones. El hacinamiento es recurrente con las dificultades obvias. Segundo, el aire acondicionado brilla por su ausencia convirtiendo a los trenes en hornos. Tercero, las escaleras mecánicas están dañadas incluso por largo tiempo con las secuelas para las personas mayores y discapacitadas. Cuarto, las ventas de boletos automáticos están fuera de servicio elevando las filas del expendio manual. Quinto, la permanencia en las estaciones cada vez es de mayor tiempo. Sexto, la inseguridad se ha izado con heridos y muertos.

Si al anterior cuadro dantesco le agregamos las dificultades operativas eléctricas como ocurre con cierta reiteración, la resultante es grave.
Pero si aún le sumamos la falta de sentido común y ausencia de solidaridad de los usuarios al no permanecer en el lado derecho de los espacios y las escaleras amén de aspirar entrar de primero, la coyuntura se complica.

Se han planteado muchas soluciones para resolver la catalepsia de este medio. Una de ellas es aumentar el costo del servicio castigando de esa forma a la gente. Es una solución contra las personas empujándolas hacia mayores vicisitudes. Otra ha sido la eliminación del uso de los boletos para introducirlo en los torniquetes de salida y si bien disminuye la presencia de personas no incide en mejorarlo.

La panacea verdadera es hacer una gran inversión para adquirir vagones y hacer un mantenimiento eficaz para hacer fluido el servicio. Siendo una sociedad mercantil propiedad del Estado venezolano no debería tener problemas al respecto porque estamos en una bonanza financiera.


No obstante, el aparato estatal ha conocido entradas enormes de la renta petrolera en otras épocas y el resultado es igual. La raíz del funcionamiento no se ubica en los ingresos de petrodólares sino en la inoperatividad de la estructura nacional de poder. Allí reside la esencia de la cuestión y una nación organizada con el esquema de dominio existente no puede dar pasos adelante para alcanzar ninguna optimización.

Así como el Metro padece de parálisis también lo sufre cada instancia del país. Es una vorágine inherente a una cultura política fundada en la
renta petrolera cuya única esperanza es depositada en el descomunal ingreso de las exportaciones del crudo. El rentismo, el clientelismo y la representatividad propiedad de las cúpulas, son las expresiones de tanta incapacidad y no será hasta efectuar una transformación estructural cuando las cosas puedan marchar mejor.

 

 

[*] Humberto Decarli / E-mail: hachede@cantv.net            



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