Baduel escritor
Jurate Rosales* / Revista Zeta (Venezuela) - 01/08/08
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El libro del ex Ministro de la Defensa, general ® Raúl Isaías Baduel, "Mi solución" -que se presumía de campaña política- acomete temas de fondo, a riesgo físico del autor que con esos planteamientos se convierte en una posible amenaza al régimen.
La primera impresión al terminar el libro de Raúl Baduel "Mi Solución", es que no es candidato a dictador un hombre que exige redactar una Constitución donde quede fijada en forma "taxativa" (sic) la obligación de dirigir todo el dinero del petróleo en tareas nacionales, claramente definidas. Menos apunta a dictador, quien exige que quede constitucionalmente garantizada la separación estricta de los Poderes con el fin de someter a controles y limitaciones al Ejecutivo. Un militar que piense sustituir a Chávez no lo hace cosiendo previamente el corsé que entrabará sus movimientos.
En segundo término, sorprende la seriedad de los planteamientos, cuyo rasgo resaltante es el empeño de adaptar en términos casi familiares las lecciones universales, a las particulares condiciones de Venezuela. Baduel establece su diagnóstico, consulta nacional e internacionalmente a través de múltiples lecturas de las que saca conclusiones y citas, para luego recetar el remedio que considera el más práctico.
Todos los capítulos se refieren a "Factores" (educativo, político institucional, económico-petrolero, ideológico) y en todos hay un enfoque que parece haber superado las ataduras del antiguo enfrentamiento entre comunismo y capitalismo. Mientras Chávez permanece encadenado a conceptos que datan de
la guerra fría, Baduel supera esa etapa del pasado y ve complementario, lo que en el siglo anterior, era antagónico.
El eje del pensamiento que explaya Baduel, es que el petróleo ya rasguña su hora pico en disponibilidad y utilidad. Deduce de allí, que Venezuela debe aprovechar el tiempo que le queda de la era petrolera, para preparar sus recursos humanos del futuro, mientras tiene con qué hacerlo.
Tan grave y apremiante ve Baduel la situación del petróleo, que considera urgente reglamentar el uso de los actuales recursos a través de una nueva Constitución, que dictará en detalle cómo ha de efectuarse ese aprovechamiento en el exclusivo resguardo de la población y su futuro.
La suicida ignorancia
Una primera prioridad en cuanto a la utilización de la renta petrolera, sería la educación, cuya situación actual el libro describe en términos despiadados. Es más, Baduel considera que la popularidad de Chávez se debe a la ignorancia de las clases populares: "Existe un riesgo de vulnerabilidad en nuestras clases populares al verse fácilmente arrastradas por líderes carismáticos e influencias extremistas", lo que frena el ejercicio lúcido de la "democracia participativa". El correctivo de esa ceguera sería "la verdadera y auténtica revolución que debe y tiene que echar mano de la educación y del conocimiento". Este último es necesario para dejar de practicar "el asistencialismo populista que termina convirtiendo al pueblo dependiendo de las migajas, cuando en realidad, lo que les corresponde por parte del Estado es muchísimo más que una dádiva", como lo serían la educación y la capacitación. Según Baduel, si no nos apuramos en lograrlo antes de que el petróleo se nos acabe, cuando esto ocurra, seremos "un pueblo de recogelatas".
Pasamos por lo tanto al punto principal del libro: lo finito del maná petrolero.
El "pico" del petróleo
Sin duda el capítulo más documentado del libro, es el que muestra, con profusión de citas, datos y gráficos, que el "pico" petrolero ha de ocurrir entre el 2010 y el 2020 a lo sumo, si es que no esté ocurriendo actualmente, mientras que sitúa el más probable "pico petrolero venezolano" entre 2014-15.
Baduel observa que Hugo Chávez apostó su política petrolera en ese cálculo, pero lo utilizó, no en beneficio del país, sino como un instrumento para eternizarse en el poder (un gráfico incluido en el libro, desgrana las dádivas de grandes sumas de dinero a los más diversos países, no sólo en América Latina donde la lista es larga, sino hasta en Asia). De que Chávez conoce la realidad global del petróleo "finito" y lo utiliza en provecho político propio, se presentan evidencias y Baduel cita además, al embajador de Venezuela en España, Alfredo Toro Hardy, quien escribió que "el epicentro de la geopolítica petrolera mundial pasará del Medio Oriente (según la Agencia Internacional de Energía su pico se sitúa alrededor de 2014), al continente americano. En ese momento Venezuela y Canadá se transformarán en las estrellas fulgurantes del firmamento petrolero".
La mera lista de nombres de expertos y/o institutos internacionales consultados, ocupa media página del libro. El consenso que según el libro sería mundial, es que al petróleo le queda en promedio una década a mediados de la cual empezará a bajar su disponibilidad y posteriormente, su importancia.
Del libro brota la angustia por el tiempo perdido y el que todavía se podría perder con Chávez en el poder. Brota la urgencia de establecer vallas de seguridad para revertir hacia la población venezolana el último chance petrolero: "Lamentablemente en un país donde los medios sólo le dan importancia, al momento de escribir estas líneas, al sonado caso del maletín y a las elecciones de gobernadores y alcaldes..." y donde "la sociedad venezolana ha sido sometida a un proceso de polarización que hace que una porción del país cree a pie juntillas todo lo que Chávez afirma, mientras la otra porción no le cree ni el Padre Nuestro", cuando es Chávez quien declara apropiadamente que "en el 2020 el consumo llegaría a 120 millones de barriles diarios según las proyecciones y eso no lo aguanta ni la OPEP, ni los grandes productores no OPEP", a Chávez no se le hace caso. Dice Baduel: "Lo importante para la causa que nos ocupa es que una buena porción de compatriotas venezolanos ha desarrollado un odio enorme por Chávez y todo lo que él representa, al punto de no ver la manera más políticamente eficiente de actuar ante las amenazas que representa Chávez para Venezuela". El libro denuncia el uso personalista que Chávez hace de la renta petrolera que pronto será la "última renta".
Baduel analiza el plan petrolero de Chávez: "este adefesio, disfrazado de Plan, se fija un horizonte temporal entre 2005 y 2030. ¿Será que el mismísimo Plan de siembra persigue como objetivo mantener a Hugo Chávez en el poder hasta el 2030? ¿A quién se le consultó el diseño y ejecución de un Plan que compromete nuestro principal recurso por 25 años?"
De allí a concluir que "La Constitución del año 1999 contiene elementos sujetos a ser perfectibles y que, en la actualidad, representan, mientras no se corrijan, vacíos o cabos sueltos que le permiten a Hugo Chávez manejar discrecionalmente el recurso petrolero (entre otras cosas)".
Prosigue: "la única manera de eliminar las causas que permiten un uso discrecional de la renta petrolera consiste en convocar a un proceso constituyente... Embarcarnos en el diseño de un Estado eficiente, que verdaderamente satisfaga nuestros más profundos anhelos nacionales y en el que todos nos veamos identificados y reflejados. En ese modelo de Estado tiene que quedar taxativa y casi draconianamente descrito el manejo que se va a hacer de la industria y el uso que se le va a dar al ingreso petrolero".
Dice Baduel: "¿Qué cosas deben ser objeto de debate constituyente en relación al tema petrolero? Pues, en realidad, absolutamente todas. Ya no podemos disfrazamos de nacionalistas y de custodios de los más altos intereses nacionales para evitar debatir todo lo que tenga que ver con el manejo de la industria petrolera y el uso y destino de los recursos que genera. Como lo indico en otra parte de este volumen, estamos a tiempo de tomar el último vagón a la Sociedad del Conocimiento. La palanca a usar es la siempre socorrida renta petrolera. Pero esta vez no pueden quedar cabos sueltos. No tenemos ya más tiempo para seguir experimentando con esas versiones personales o grupales de siembra petrolera. ¿Qué vamos a hacer con la industria petrolera y los recursos que genera mientras todavía resulta una actividad rentable? El objeto de empezar toda esta discusión mostrando cada una de las pruebas de que el fin de la era del petróleo está cerca, perseguía la función de hacer sentir un sano temor al lector en estas líneas. En verdad hay que temer. Si no usamos sabiamente el remanente de ingreso petrolero que nos queda, lo lamentaremos amargamente".
La confesión personal
En un libro cuyo tenor es una vehemente advertencia a la nación toda, no menos dramática suena la confesión personal del etiquetaje político que ha sufrido el autor.
"Por muchos años me consideraba a mi mismo como alguien identificado con la izquierda política, o sea, alguien de izquierda. Me pareció por mucho tiempo que tal cosa era natural, ya que no podía imaginarme a nadie con ansias de justicia social perteneciendo a la derecha política. Los de la derecha, me decía, son los "malos", perversos neoliberales y conservadores, hambreadores del pueblo y retrógrados identificados con cualquier cosa vil y miserable como, por ejemplo, el capital trasnacional y la globalización. Los de izquierda, entonces, por contraposición, somos los "buenos", los justos, los dignos, los progresistas, los socialistas y los humanistas, identificados con cualquier virtud y cosa positiva".
Baduel no lo dice, pero esta percepción es la que podría aclarar lo que para la oposición es inexplicable: el famoso 13 de abril 2002, cuando Baduel y los militares restituyen a Chávez en el poder. (Opinión personal de Jurate. En esa fecha, desde Francia, uno de mis hijos preguntó ´¿ qué pasó?' y contesté "pasó que no puedes tener un gobierno de derecha en un país que es de izquierda".) Sin embargo, a partir del 13 de abril 2002, surge entonces un nuevo problema que destruye el etiquetaje, porque aquella "izquierda buena" ha sido letal para el país. Baduel parece haberse dado cuenta de ello:
"Creo que tanto la izquierda como la derecha han llevado a este país hacia abajo y hacia atrás. Allí están los hechos.Una enorme masa de recursos dilapidados por supuestos miembros de la izquierda y de la derecha, que han aplicado las más absurdas e inútiles recetas, copiadas de otras latitudes o adaptadas cual cama de Procusto, pero siempre con el mismo resultado: un total y absoluto fracaso".
Es cuando Baduel se despoja de etiquetas y considera que "Uno de los grandes problemas de las ideologías es que permanecen ancladas
en el reino de las ideas. La gente necesita cosas más concretas. No se puede pretender aliviar el hambre de alguien que tiene varios días sin comer, describiéndole durante horas la idea de un suculento plato. Las ideas son necesarias como punto de partida, pero luego hay que concretar y pasar a la acción".
Baduel encuentra la acción en una constituyente que pretende activar utilizando el artículo 347 de la actual Constitución: "El pueblo de Venezuela es el depositario del poder constituyente originario. En ejercicio de dicho poder, puede convocar a una Asamblea Nacional Constituyente con el objeto de transformar el Estado, crear un nuevo ordenamiento jurídico y redactar una nueva Constitución ". Luego invoca el artículo 349: "El Presidente o Presidenta de la República no podrá objetar la nueva Constitución".
En un desesperado esfuerzo por convencer, Baduel introduce en el último capítulo de su libro un largo diálogo seudo popular entre "Juan" y "Simón". Lejos de hacerse oír, desconcierta, quizás por el tono, ajeno al formalismo militar que es propio a la personalidad de Baduel y que produce una fractura en un libro que intenta ser consecuente en sus planteamientos.
Es que el contenido del libro de Baduel desafia al gobierno en un terreno en el que Chávez, apretado en el marco comunista estaliniano, no dispone de cancha. Al pasar a un diálogo "popular", Baduel se posiciona en otro campo de batalla, en el cual Chávez es maestro. Allí radica el principal obstáculo que encontrará Baduel si persiste en llevar su tesis a ejecución.
¿Cuánto petróleo nos queda?
Extracto del libro "Mi Solución " del general Baduel
Ciertamente que la inseguridad personal, la inflación
y el desabastecimiento son serios y graves problemas que
requieren de una acción seria para ser abatidos. No
piensen que considero que no son importantes. Claro que
lo son, pero existen problemas que, aunque desde el
punto de vista del común de los venezolanos no exijan
atención, son los verdaderamente importantes ya que su
esfera abarca a esos problemas particulares que, aun
siendo urgentes y terribles, no pueden ser efectivamente
solucionados si no se resuelven aquellos de mayor dímensión espacio temporal. Es la famosa diferencia entre
problemas estructurales y problemas coyunturales, entre
lo urgente pero sí prioritario.
En descargo del pueblo venezolano hay que admitir que no es esa una característica única y exclusivamente nuestra. En realidad todos los seres humanos funcionan desde esa perspectiva espacio-tiempo donde sólo lo que afecta a nuestro entorno familiar o máximo a nuestro vecindario, negocios o ciudad y presenta un horizonte temporal de semanas o meses es lo que afecta o preocupa a la mayoría de los seres humanos. Sin embargo esta práctica, aunque común, no deja de entrañar sus riesgos. Cuando me encontraba reflexionando sobre el agotamiento mundial y local del petróleo, recordé que en una ocasión alguien me había obsequiado un ejemplar usado de aquel librito que saió por los años setenta, a instancias del llamado Club de Roma, denominado: Los límites del crecimiento. Reconozco que las ocupaciones del momento no me permitieron leerlo con detenimiento, sin embargo recordaba que la ojeada que le había dado, me había dejado impresionado y confundido. Por lo que a vuelo de pájaro pude ver, el referido texto versaba sobre las conclusiones de un estudio basado en un modelo dinámico del mundo desarrollado en MIT. Se proyectaban las tasas de crecimiento poblacional, las tasas de consumo de recursos, tas tasas de la industrialización y de la contaminación mundial, entre otros parámetros. Como uno de los temas que me preocupa y me ocupa tiene que ver con el agotamiento del petróleo, consideré que era necesario buscar aquel librillo, ya que de alguna forma intuía que me ayudaría a comprender mejor el tema.
Una vez que lo encontré me dediqué a su estudio y entre las muchas cosas valiosas que contiene se encuentra la explicación de cómo funcionan las perspectivas espacio-temporales de los seres humanos que he descrito antes.
Allí el autor hace la siguiente advertencia:
"La delimitación de nuestra Misión a un área muy pequeña puede ser decepcionente y peligrosa. Existen muchos ejemplos de personas que empeñan toda su capacidad en la resolución de un problema local inmediato, para encontrar que sus esfuerzos tienen que rendirse ante la fuerza de los acontecimientos que ocurren en un contexto más amplio. Una guerra internacional puede destruir los campos que con tanta dedicación ha cuidado un agricultor; una política nacional especifica puede trastornar ios planes de funcionarios locales; el desarrollo económico de un país puede verse frustrado por ausencia de demanda mundial de sus productos. De hecho, existe actualmente un interés creciente por la posibilidad de que la mayoría de los objetivos personales y nacionales pueden verse frustrados por tendencias globales de largo plazo".
Si el único efecto que ejercen estas líneas es provocar un debate sobre estas materias, me daría por satisfecho, aunque obviamente no es esa mi sola aspiración al escribir.
En Venezuela nos la pasamos en una política recurrente, en una política de la crisis, apagando fuegos o, a veces, hasta falsos fuegos. Tratamos de apagar un árbol que se incendia cuando es el bosque completo el que arde. El problema del agotamiento del petróleo debería importamos.
Es una verdad de Perogrullo mas debo confesar que siento temor de que sigamos mirando hacia otro lado, haciéndonos los locos y disfrutando del aparentemente interminable festín de Baltasar. Porque si hay algo que es cierto es que no podemos seguir refugiándonos en el disfraz del noble pueblo engañado. Si bien Chávez tiene una enorme responsabilidad en tos desmanes que aquí se han cometido, nada ha sucedido a espaldas del pueblo. Si alguien ha dicho desde siempre lo que pretende hacer es Chávez.
Nadie puede venir después a manifestar que fue engañado. Ser cómplices de un pillo, mientras sus acciones aparentemente nos benefician, para luego aducir haber sido engañados cuando el truhán no parece tan bondadoso, es ten malvado como las acciones del propio malhechor.
¿Cuánto petróleo verdaderamente nos queda? ¿Hemos alcanzado el Pico? Si no ¿cuándo ocurrirá? y ¿cómo debemos prepararnos para ese evento?
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[*] Revista Zeta No. 1669 / E-mail: revistazeta@cantv.net
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