Crisis mundial: ¿La caída del Tío Sam?
Rafael Eduardo Micheletti* / Soberania.org - 06/10/08
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En muchos ámbitos, en especial en los países subdesarrollados, se escucha decir que la actual crisis de los Estados Unidos es una nueva demostración de las falencias y contradicciones intrínsecas del capitalismo, cuyo mayor representante y exponente en el mundo sería precisamente ese país, que se encuentra atravesando un momento tan difícil.
Sin embargo, antes de proceder con una afirmación como esa, es preciso desarrollar muy sintéticamente los hechos, los temores y las desidias que llevaron a la situación actual, así como también repasar conceptualmente qué es el capitalismo, qué es el liberalismo y qué es lo que representa esta nueva crisis que, a simple vista, pareciera tirar por la borda todos los pronósticos que hasta ahora se venían haciendo sobre el fin de la historia, el triunfo de la libertad y las supuestas bondades del sistema americano.
Entiendo por liberalismo la defensa y promoción de la mayor libertad posible para cada persona, bajo el fundamento de que es el poder de decisión sobre el propio comportamiento aquello que nos abre posibilidades y oportunidades reales de progreso.
El capitalismo, por su parte, no es otra cosa que la libertad económica, de la misma forma en que la democracia es la libertad política. Y por libertad económica entiendo un sistema de libre competencia, en el que ningún agente, sea público o privado, pueda manipular a discreción y en su propio beneficio las variables económicas, como los precios, el nivel de producción, etc.
Por lo tanto, para que haya libertad económica debe haber competencia. El capitalismo no implica la anarquía económica, ya que en la anarquía el más fuerte posee un poder ilimitado. El capitalismo consiste en la descentralización del poder que genera la competencia, y que implica el traslado del poder de decisión desde el empresario hacia el consumidor, es decir, hacia el pueblo.
Por eso liberalismo, capitalismo y democracia van de la mano, pues estos dos últimos procesos implican, en dos planos diferentes, el económico y el político, una mayor desconcentración y descentralización del poder decisorio, que por derecho les corresponde a los ciudadanos.
Sin embargo, el capitalismo y la democracia, si bien son requisitos ineludibles para que exista una sociedad liberal, no son en absoluto suficientes. Pues podría haber, por ejemplo, una sociedad en la que existan instituciones democráticas que hagan prevalecer la competencia y la libertad de iniciativa y producción, pero cuyo Estado consuma una porción elevadísima del total de las riquezas generadas por los ciudadanos.
A diferencia del capitalismo, que es un sistema económico o tipo de sistema social, el liberalismo, que es una ideología, permite una aplicación conceptual relativa y gradual. Es decir, puede haber una sociedad más liberal que otra, pero no una sociedad más capitalista que otra, ya que, o bien hay un Estado de Derecho con reglas imparciales que garanticen la libre competencia, o por el contrario no lo hay y no puede hablarse de una sociedad capitalista.
Es muy común, sin embargo, escuchar decir, por ejemplo, que China es más capitalista que Rusia, o que Estados Unidos es el país más capitalista. Pero en estos casos se está usando el término capitalismo como sinónimo de liberalismo, lo cual no es un error de mayor trascendencia, ya que todos entendemos lo que se quiere significar cuando se lo emplea de esa manera. Esa forma de usar dicho término, sin embargo, no deja de ser incorrecta, al tiempo que en algunos casos sí se presta a equívocos de importancia.
La pregunta es entonces, ¿significa la crisis económica mundial de 2008 la caída del capitalismo o del liberalismo? Desde ya que sería insólito creer que significa la caída del capitalismo, pues la libertad económica es esencial para el desarrollo económico, al tiempo que no impide desarrollar políticas públicas tendientes a lograr que esas riquezas que se generan por medio del capitalismo alcancen el mayor número de manos que sea posible.
Cada vez más países se vuelcan hacia el capitalismo, y se da la casualidad de que esos países que lo hacen logran sacar a su gente de la pobreza a una velocidad que nunca habrían podido imaginar y que jamás pudieron presenciar en su historia. Basta citar al respecto el cambio que implicaron en este sentido las transformaciones de Europa del Este, España, Irlanda, Corea del Sur, etc.
Sin embargo, con respecto al liberalismo, el análisis es más difícil, ya que se trata de un término gradual y relativo. Adam Smith, más que el ideólogo del liberalismo, fue el del capitalismo, aunque también era liberal. Su mayor aporte a la teoría económica fue el de la “mano invisible”, que implicaba que la competencia podía lograr mayor innovación, mayor producción, mayor calidad y menores precios. En esto consiste el capitalismo.
Por su parte, Adam Smith también llegó a tratar el tema de los excluidos, demandando una firme intervención del Estado en materia educativa, lo que no concuerda en absoluto con la visión del capitalismo o del liberalismo que muchos nos quieren vender, es decir, como sinónimos de “anarquía económica”.
Es que una mayor educación, un mayor conocimiento acerca de la realidad, también implica una mayor cantidad de oportunidades, un mayor poder de decisión y por lo tanto una mayor libertad. De hecho, no es casualidad que los mayores exponentes del liberalismo, desde las sociedades más liberales hasta los más firmes defensores e ideólogos del liberalismo, siempre se hayan destacado por darle muchísima importancia a la educación. Basta citar ahora ejemplos como Sarmiento, Adam Smith o Tocqueville.
Queda claro entonces que el liberalismo no demanda la no intervención del Estado, sino su intervención firme y decidida, pero para ampliar la esfera de influencia y libertad de cada individuo, y no para restringir su capacidad de acción, innovación, creación y esfuerzo.
En el caso de la crisis actual de los Estados Unidos, la mayor parte de los analistas coinciden en que la principal causal fue, además del gasto público y el endeudamiento excesivos de los Estados Unidos, el engaño de muchos consumidores por parte de entidades financieras que, con tal de amasar ingentes cantidades de riquezas, manipularon la información y le hicieron firmar a mucha gente contratos imposibles de cumplir.
Es decir, los factores que más hicieron a la actual crisis, gasto público y desinformación, significan ausencia o falta de liberalismo, pero desde ningún punto de vista esta crisis es la prueba del fracaso del capitalismo ni mucho menos del liberalismo.
(*) Rafael Eduardo Micheletti /
Secretario de organización y presidente de la filial Santa Fe del Centro de Estudios de los Intereses Nacionales (CEIN). / Tel: (0341) 156-916835 / Blog: www.rafamicheletti.blogspot.com /
E-mail: rafamicheletti@hotmail.com
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