Venezuela: ¿Cuna de libertadores o de caudillos?
Pablo Hernández Parra*
/ Soberania.org - 02/02/09
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Una vez más un caudillo militar, de los que está llena la historia de Venezuela, se erige en el dictador de tuno. Lo novedoso de este nuevo y humilde César del Caribe es que se considera así mismo la encarnación de la “revolución" mediática y virtual que sólo existe en sus delirios, y se autodefine como el único que puede salvar a Venezuela del inminente e inevitable caos en la que se verá sumida la “tierra de Bolívar" si los traidores a la Patria osan votar en contra de su enmienda continuista y permiten que sus aliados de la oposición regresen a Miraflores.
La historia de este país repite hoy lo que es una norma en su desarrollo: un militar de origen popular se pone al servicio de la minoría dominante y ésta le presta todo su apoyo para que establezca su dictadura.
Desde 1598 hasta 1810, Venezuela fue una simple colonia gobernada por los representantes de un dictador llamado el rey, a quien la iglesia católica a través del Papa le había donado estas tierras. Los militares de la época, llamados en aquel entonces conquistadores, se encargaron de legalizar esta donación divina. A través de la mayor masacre que se ha producido en la historia de la humanidad, como fue la llamada conquista de América, más de cien millones de víctimas fue el costo con que se inicia el camino de las dictaduras en estas tierras. La primera dictadura en Venezuela que duró más de 300 años, como vemos, tuvo su origen como toda dictadura en la pura y simple violencia, acompañada por la ideología dominante de la época: el cristianismo romano que a través de la doctrina de la Justa Guerra, la Inquisición, las diversas compañías y órdenes religiosas de la Contrarreforma, santificaron y legalizaron la matanza de negr@s e indi@s. Total, la guerra no era contra humanos sino contra animales salvajes que ni siquiera aparecían en la Biblia y a los cuales se les reconoció su condición de humanos cuando millones ya habían perecido en manos del conquistador.
Entre 1810 y 1830, los nuevos aspirantes a dictadores, que ya detentaban el poder económico y eran los dueños de esclav@s o indi@s, se lanzaron contra el dictador real para luego ellos erigirse en nuevos dictadores.
La Gran Colombia no fructifica; en la región no caben dos dictadores y los oligarcas de Venezuela, encabezados por Páez, o mejor dicho: haciendo de José Antonio Páez su instrumento político-militar, establecieron la república y con ella la primera dictadura de la nueva clase dominante que emerge triunfante de la guerra de Independencia.
La dictadura del Páez, directa o a través de testaferros, duró hasta 1848 cuando los Monagas, candidatos de Páez en las elecciones, se pasan para el bando opositor: los liberales, e inician su dictadura hasta 1858. En ambas casos, de Páez y los Monagas, sus dictaduras se sostienen en los caudillos militares y sus montoneras. Es imposible que una dictadura, como un gobierno no sometido a ley alguna, no se sostenga en la fuerza militar, no importa que el dictador sea fruto de elecciones.
La crisis de 1857-58 y el intento de reelección por parte de los Monagas dio paso a la Guerra Federal; y ésta a la larga originó la dictadura de Antonio Guzmán Blanco, quien gobernó el país como dictador, o a través de títeres, hasta finales del siglo XIX.
A estas dictaduras de los liberales la sustituye la dictadura de los andinos desde 1902 hasta 1958, con la excepción del breve periodo de modernización de la dictadura de la clase dominante, perdón: de la democracia, como fue el período del 1946 al 48 del gobierno de AD.
En ese período de los andinos en el gobierno, Cipriano Castro y Juan Vicente Gómez reforman y enmiendan la Constitución varias veces. Desde 1908 hasta 1935, Gómez ejerce el poder directamente o a través de lacayos, siempre al servicio de los terratenientes y de las compañías petroleras anglosajonas.
¿De dónde nace el poder de Gómez? ¿De las reformas y enmiendas constitucionales? Claro que no, Gómez no había leído a Mao Tse Tung pero sabía muy bien que el poder nace del fusil o, como decía Napoleón, las bayonetas son buenas para todo menos para sentarse sobre ellas. A Gómez lo sustituyen dos caudillos de su propia creación: su Ministro de Defensa, López Contreras, y a éste lo sustituye a su vez su Ministro de Defensa, Medinas Angarita.
Durante 45 años los andinos se sostienen en el poder y ejercen la dictadura apoyados en ese nuevo instrumento creado por Gómez y sostén de todo Estado moderno y de la democracia en Venezuela: el Ejército permanente y la policía política represiva.
El partido Acción Democrática (AD) y el ejército sustituyen a Medina Angarita a través del otro procedimiento "democrático”, que se reservan las clases dominantes para cambiar de mayordomo sin que se modifique la propiedad de la hacienda: el famoso movimiento cívico militar, nombre moderno del viejo golpe de Estado y de palacio, donde el pueblo pone los muertos y los caudillos cívico-militares se apropian del coroto; claro, a nombre del pueblo.
En 1958 cae la dictadura de Marcos Pérez Jiménez cuando intenta reelegirse, cien años después repetir la gracia reeleccionista de los hermanos Monagas, a través de un plebiscito entre un SI y un NO. Hasta 1958 habían trascurrido 460 años de la sociedad venezolana organizada bajo la forma de Estado, sometida y dirigida por una minoría propietaria que sólo ha cambiado de nombre y de tipo de explotación.
En los primeros 460 años de existencia del Estado venezolano, este se formó, mantuvo y desarrolló, simplemente a partir de la violencia y del dominio de los caudillos militares que han sido el instrumento principal de sometimiento con el cual la minoría dominante explota y controla a la mayoría trabajadora. [1] En esos 460 años de existencia, prácticamente es reducido el espacio de tiempo en que en este país la violencia y el militarismo no han estado presentes en la vida política del país. Son más de 400 años de dictaduras y caudillos militares que han coronado su labor con la actual situación a la que han conducido a la sociedad venezolana.
Quien piense que Chávez y los militares han destruido al país, está profundamente equivocado acerca del rol del papel del partido militar dentro de sus funciones dentro del Estado capitalista moderno. Su papel principal es sostener el sistema, garantizando a través de la fuerza y la violencia la necesaria paz y seguridad y el resguardo del orden público para que los negocios del capital y de la propiedad privada florezcan, garantizando las necesarias condiciones políticas y extra económicas para el desarrollo de una creciente tasa de ganancia. Esto lo recuerda a menudo el Gral. Raúl Isaías Baduel en sus charlas, cuando define el papel del ejército y del aparato militar políciaco como los únicos detentadores de la violencia legítima del Estado, invocando principalmente los consabidos artículos 324, 325, 328 y 329 de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela (CRBV).
Precisamente cuando se crean las crisis de gobernabilidad, cuando el orden público se resquebraja por la acción de "los de abajo", cuando la paz y seguridad necesarias para los negocios de capital hacen aguas, entonces el ejército cumple eficazmente su papel de restablecer el orden en beneficio de sus amos, tal como ocurrió en febrero-marzo de 1989 (El Caracazo), cuando muchos militares educados en la Escuela de las Américas llevaron adelante la mayor represión contra el pueblo venezolano, para luego aparecer tres años después transformados en revolucionarios y bolivarianos.
En estos casos, el ejército cumple un papel claramente económico: restablece las condiciones de paz y seguridad que el capital necesita para su desarrollo, sometiendo a la mano de obra insurrecta o que amenaza el orden existente. Chávez, al igual que Páez, los Monagas, Guzmán, Gómez o Pérez Jiménez, sencillamente cumple su papel para lo cual son organizados, educados y entrenados. Desde la llegada de los primeros militares -los conquistadores europeos- hasta hoy, su único papel es garantizar el saqueo de la región en beneficio de su amo extranjero. Indudablemente, esto no es gratis; por ello se les paga y, a menudo, se les permite que asciendan a la minoría dominante como un miembro más; pero, eso sí, sin olvidar su pasado y su papel tal como ocurre hoy con la boliburguesía, encabezadas por los tristemente celebres tenientes, capitanes y mayores que conforman el núcleo de este nuevo sector dentro de la estructura dominante.
Desde la dictadura de Páez, la consigna principal de toda la oposición liberal al gobierno de turno fue el "principio alternativo", cuyo objetivo es quebrar la hegemonía y continuismo del caudillo y el partido gobernante. 460 Años de reyes, dictaduras y caudillos militares fueron una experiencia demasiada cruenta para que en 1958 se pasara por alto. Por ello, cuando en la Constitución de 1961 se plasma con absoluta claridad el principio de alterabilidad lo hacen en función de la historia de dictaduras y caudillos militares que había padecido el país y, como bien comenta Juan Garay, en “La Constitución Bolivariana”, el principio alternativo “se refiere a la no eternización de las mismas personas o partidos en el poder, de forma que el presidente sea reelegido una sola vez”.
Esto lo saben muy bien la izquierda social demócrata que hoy es gobierno y el propio Chávez, quien basó precisamente su campaña electoral en la lucha contra el continuismo adeco copeyano. La consigna contra el continuismo y por el cambio, fue una de las consignas eternas de todos los izquierdistas encabezados por el PCV en las épocas electorales de la IV república. De tal manera que la alternabilidad como principio constitucional, incluido en la casi “perfecta constitución”, como la actual, se incluyó expresamente para evitar el continuismo en el gobierno del mismo caudillo o del mismo partido. Y decimos en el gobierno porque el poder del Estado nunca lo ha cedido y lo ha ejercido desde 1830 la minoría dominante criolla y extranjera.
De tal manera que esta chillería que el chavismo y la oposición montan en torno al principio de la alternabilidad en el gobierno (no en el poder), es parte del show electoral para llevar a la población a la guillotina electoral y terminar de legalizar la dictadura que el capital internacional necesita con urgencia establecer en el país, ante el inminente estallido de la crisis y los conflictos sociales que inevitablemente la acompañarán.
Todas las dictaduras, tanto la organizada por la vía democrática (como la de Hitler en Alemania en 1933), como la que se han establecido a partir de un golpe de Estado o asesinato, tienen un rasgo común, una especie de ley general: el dictador, su camarilla o partido, previamente han organizado o controlado la fuerza militar con la que establecen la dictadura. Y esta fuerza militar no hay que confundirla sólo con el ejército, la policía o las milicias, sino con todas las estructuras militares armadas o no que puedan ser usadas como fuerzas de choque en los combates de la calle, donde el lumpen proletario y burgués juega un papel de primer orden. Estas fuerzas de choque pueden ser la "Sociedad 10 de diciembre" de Luis Napoleón, "la Sagrada" de Gómez, las "Camisas pardas" de Hitler o las milicias, reservas y fuerzas de choque del chavismo.
La oposición -con su política de avestruz- y los Ni-Ni creen que lo que se vive hoy es una elección más y no perciben que el golpe de Estado y la dictadura de Chávez ya ha sido establecida. Chávez, a su lado tiene concentrado no sólo la renta petrolera sino algo más importante: toda la fuerza militar del país, legalizado con la Ley de Policía Nacional y por la Reforma a la de la Fuerza Armada Nacional, y por las bandas formadas por policías y militares activos, de delincuentes al servicio del gobierno y para-militares que, creando el clima de inseguridad en el país, han logrado el gran objetivo de aterrorizar a la población y encerrarlas en sus casas.
La impunidad con que actúan las bandas de policías y guardias nacionales que a diario refleja la prensa nacional; la reforma al COOP hecha por el T.S.J, para que narcotraficantes, violadores, secuestradores y asesinos, paguen sólo la cuarta parte de la pena que le imponen (si es que son detenidos y condenados), forman parte de este cuadro muy bien planificado de descomposición social y moral al que ha conducido Chávez y su banda. Han sido necesarios 860 mil millones de dólares para llevar a este país a la ruina y miseria que hoy vive la mayoría de la población, mientras que en el polo opuesto la burguesía, la banca y la boliburguesía se concentra una riqueza como jamás ha ocurrido en el país, ¡y mire que hemos conocidos de gobiernos corruptos!
Quien siga con detenimiento las página rojas de los diarios y noticieros, y las relacione con los llamados a la violencia por parte de Chávez contra los traidores a la Patria que voten por el NO o se abstengan, notará con claridad que se trata de una verdadera maniobra de pinza, no contra la oposición (ésta es el simple chivo expiatorio que le sigue el juego electoral al gobierno) sino contra la población, en especial la masa abstencionista que puede decidir un formal resultado electoral.
Este clima de inseguridad y terror no sólo son fomentados por el gobierno, sino por los factores de poder colocados por encima del gobierno y la oposición, quienes son los primeros interesados en establecer la dictadura de Chávez.
Una muestra elocuente de esta maniobra la podemos observar, de un lado, cuando el gobierno a través de sus múltiples fuerzas de choque han intensificado la violencia contra toda manifestación, no sólo contra los opositores a la enmienda, sino contra toda protesta popular, hasta contra los viejitos jubilados de EDELCA que reclaman con justicia a los militares que dirigen la empresa un bono apropiado, sino también por las reclamaciones salariales congeladas desde hace varios años. La negativa por parte del gobierno, por la vía de la violencia, de entregar las sedes de los organismos públicos que perdieron en las pasadas elecciones, son hechos diarios que apuntan en una sola dirección: consolidar una dictadura como una forma de gobierno donde el ejecutivo no está sometido a ley alguna.
La intensificación del clima de terror y de impunidad policial, la observamos con crudeza en esta última semana a través de varias noticias de la prensa nacional relacionadas con la actuación de las policías estadales ligadas al gobierno.
El viernes 23 de enero se confirma que el militante y dirigente del PSUV en Lara, Virgilio Hernández, fue asesinado por 4 policías de la banda “polichoros”, integrada por policías activos del estado Yaracuy. En este estado en el último año se han producido varias masacres y la huida del ex gobernador Eduardo Lapi de la sede del comando de la G.N.; en todos estos casos la impunidad ha sido la característica dominante.
El sábado 24 en la página de internet "Enfoque365", que dirige Manuel Isidro Molina, nos enteramos de la existencia en el estado Monagas de una banda, la "Gatopol", que según el defensor del pueblo del estado, Lisandro Fermín, posee un fardo criminal que puede llegar a 52 jóvenes y adultos asesinados por agentes policiales, todos crímenes impunes.
El domingo 25 el CICPC informa que han desmantelado la banda “Los Comisarios”, integrada por oficiales de la P.M, a la que le atribuyen el 30% de los secuestros exprés de Caracas y se sospecha que están incursos en varios asesinatos. El CICPC no se explica cómo es que desde la Comandancia de la PM se hacían las llamadas para los cobros del rescate; y esta semana sangrienta la cierra el asesinato de 8 jóvenes en el Vigia por parte de una banda integrada por DISIP y policías del estado Mérida.
Cuando en menos de 7 días los cuerpos policiales del Estado venezolano impunemente comenten este conjunto de masacres, unido a lo ocurrido en el estado Vargas y al clima de violencia que se estimula desde la presidencia, es evidente que hay Factores de poder por encima del gobierno y la oposición, interesados en crear un clima de violencia e inseguridad que ya ha sido utilizado en Rusia y EE UU, para condicionar resultados electorales.
Todos conocemos el clima de terror y de belicosidad que creó Bush en su segunda elección para inclinar la balanza electoral a su favor. La elección de Putin, también fue disparada de un modo similar. En el caso de los cuerpos de seguridad y policiales bajo la influencia del llamado imperialismo anglosajón en la creación de este clima de terror e inseguridad, el gobierno puede explicarlo acusando a la oposición por ello. Pero, en el caso de Putin, nosotros lo explicamos a través de la influencia de la inteligencia rusa y cubana en el gobierno. En todo caso, cuando sucede un crimen, la pregunta elemental es: ¿A quién beneficia dicho crimen?
Un gobierno que viene de ser derrotado en dos elecciones y que la última la perdió en los estados y regiones donde está el 48% de la población; con un petróleo que no pasa de 50 dólares el barril y con las reservas internacionales palo abajo; con una crisis mundial que estallará con fuerza entre marzo y septiembre de este año; con un incremento de las protestas de todo tipo por parte de la población que cada día descubre más que Chávez es un caimán del mismo pozo; entonces veremos con claridad a los interesados en crear el clima de violencia y terror que justifique la dictadura y la reelección perpetua.
Las movilizaciones estudiantiles son, si se quiere, las movilizaciones estudiantiles más bobaliconas que se conocen en la historia del país. Son movilizaciones sin contenido, sin mensajes, sin dirigentes y llevados adelante por una clase media que, lejos, pero muy lejos está de luchar por un cambio de sistema o de una revolución. La política de avestruz de la oposición es tal que es el propio gobierno, que hoy con sus provocaciones, amenazas y hechos violentos, quien está tratando de promover una oposición como un enemigo de paja, que le justifique y legalice la dictadura. Es evidente que la oposición sólo se moviliza cuando Chávez la provoca, el resto de tiempo para la oposicion en el país no existen problemas, salvo si hay elecciones a la vista.
Por arte de magia el magnicidio desapareció de la agenda oficial; Bush se desvaneció de la escena electoral y un afrodescendiente está en la Casa Blanca; los cubanos cada día hacen más negocios con el imperio y están dispuestos hoy a asistir a la comisión de los DD.HH.; en fin, no habiendo argumento, ni motivos para provocar un electroshock que divida a la población que comienza a alejarse del gobierno, la imposición de la enmienda tan pronto Chávez terminó de perder en las elecciones de noviembre, es la mejor prueba de cómo los factores de poder que están detrás de Chávez y la oposición manipulan la situación política en Venezuela y, una vez más, el libreto de abril de 2002 de Washington-La Habana- Caracas se pone en ejecución.
A la meritocracia petrolera, los peones de ayer, los amos del poder la sustituye por el movimiento estudiantil, los peones de hoy, y como dice Walter Graciano en “Hitler ganó la guerra”: “es como saber de antemano en el juego de ajedrez, cuales serán las próximas dos o tres movidas de tu adversario. La elite sabe, desde hace mucho tiempo, que la única forma de controlar los conflictos es controlando sus dos bandos”.
Nosotros hoy le preguntamos a los chavistas y a la oposición: ¿qué diferencia hay entre la CIA norteamericana y la KGB de Rusia; entre el G-2 cubano y el MOSSAD de Israel; entre el M-16 de Inglaterra o los servicios de inteligencia chino? Todos ellos, sin excepción, están al servicio del capital y sus burocracias y en contra de todos los pueblos del mundo. Siendo este país el que contiene la mayor reserva petrolera del hemisferio occidental, resulta iluso pensar que los órganos de inteligencias del capital internacional no intervengan manipulando la situación de acuerdo a sus intereses.
¿Es diferente el capitalismo norteamericano al capitalismo de estado cubano; es diferente el capitalismo europeo al capitalismo chino; es diferente el capitalismo inglés al capitalismo mafioso de Rusia? Si hay diferencias: las diferencias entre un capitalismo desarrollado y uno en ascenso, la diferencia entre un capitalismo del centro y un capitalismo de la periferia. La diferencia entre un capitalismo imperialista que se permite veleidades democráticas con sus clases medias y burocracias obreras aburguesadas, como sucede en Europa y Japón, y los capitalismos de Estado que esclavizan y controlan la mano de obra para que ésta trabaje por salarios de hambre sin protesta y sin organización, precisamente para los grandes mercados del capital.
La conclusión es clara: no estamos en presencia de establecer una "dictadura con careta democrática” en el país, sino de la puesta en escena de una dictadura en función de consolidar la reforma constitucional en marcha, y que requiere urgentemente del establecimiento de un gobierno de élites, no importa su procedencia social, lo importante es que lleve adelante los planes del capital internacional y que se resume sencillamente en abrir y entregar al capital internacional los recursos naturales que tengan interés para dicho capital, y someter y abaratar la mano de obra que ese capital necesite. Ese es el papel de Chávez y los militares en este momento y ello lo están cumpliendo con un celo digno de mejor causa, y no es para menos: mientras este país tenga petróleo, energía y electricidad, este país hay que saquearlo y qué mejor instrumentos que los militares fieles, continuadores del conquistador español; y si no, pregúnteles a los Yukpas, Baríi y Wayuú de la Sierra de Perijá quienes hoy como hace 500 años están siendo acorralados y exterminados por estos fieles hijos del conquistador que masacró y diezmó a sus antepasados.
Cuando en un país se establece una dictadura, hay que desechar las ilusiones y prepararse para la lucha. Chávez no se ha armado, ni preparado sus bandas para enfrentar a su amo imperial; los AK-47, las armas que hoy tienen no son ni para combatir al imperialismo ni a la burguesía, esas armas y esas bandas tienen un sólo fin: ahogar en sangre la protesta popular como ya lo hicieron en 1989. Que nadie se llame a engaño, ni se pregunte mañana en qué país vivía.
“El peor crimen político en una democracia es utilizar el sistema electoral para masacrar con una guerra innecesaria a ciudadanos ajenos. No pido acciones terroristas contra el Gobierno de Israel por sus crímenes de guerra. Sólo que los gobernantes que han ordenado esta masacre para beneficiarse en las elecciones sean detenidos y juzgados”. Andoni Unzalu, EL DIARIO VASCO, 7/1/2009.
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Nota:
[1] El rey premia a sus conquistadores convirtiéndolos en propietarios y compartiendo con ellos el poder y la explotación del negr@ y del indi@, luego los mantuanos, descendientes del militar europeo encargados del trabajo sucio al servicio del Rey se levantan contra el amo imperial y se erigen en los amos del país. A la corona española la sustituyó la corona británica y a esta en siglo XX la sustituye el águila americana, pero siempre el dueño real del país se encuentra en el exterior, aquí terratenientes, caudillos militares, burgueses y burócratas cumplen su papel de mayordomos, testaferros o aliados de ese amo imperial en la administración de esta hacienda, convertida en campo petrolero, llamada Venezuela.
Por el lado del trabajador la suerte es la misma desde la llegada de los europeos, de negr@s e indi@s que viven libres son transformados primero en esclavos y luego cuando la esclavitud no era rentable, la clase dominante los trasformó en campesinos y peones, no sin antes cobrarle al Estado el precio del esclavo. Con la llegada del capitalismo petrolero el campesino, pescador o peón se transforman en obreros y en el capitalismo de la decadencia que hoy vivimos, esta clase productiva se reduce cada vez más y es transformada en semiproletarios, trabajadores informales o simplemente lumpen, mientras crece una clase media trepadora con una mentalidad de lumpen similar a los de abajo. Total, para unos y otros el único Dios en el cual creen es el dinero.
(*) Pablo Hernández Parra / E-mail: phparra@yahoo.es
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