Buena comparación...
Rafael Eduardo Micheletti* / Soberania.org - 27/02/09
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Tiempo atrás, Néstor Kirchner comparó a la actual oposición con la otrora Unión Democrática que en su momento se opuso a Perón. Rápidamente, la gente del campo y algunos opositores salieron a desmentirlo, como si eso hubiese significado un insulto. Sin embargo, creo que, si bien hay diferencias de época que inciden en la ideología y el estilo, tenemos todavía mucho que aprender de aquellas valerosas personas que supieron, años atrás, dejar pequeñas diferencias de lado para intentar, en forma realmente prematura para nuestra historia, instaurar en la Argentina una democracia republicana.
Luego de una década plagada de fraude, y que cada vez evidenciaba mayores signos de degradación, violencia y corrupción, hubo un grupo de argentinos que creyeron que la experiencia que habíamos tenido como país, practicando la democracia en el plano formal, era suficiente para dar un paso hacia delante en materia de institucionalidad. Aquellos que habían arriesgado su dinero, su prestigio y hasta en algunos casos su vida luchando contra la corrupción durante la llamada “década infame”, decidieron intentar nuclear a la población moderada, independiente y creyente en las instituciones y los valores democráticos, en una gran coalición que permitiera concentrar los esfuerzos de los argentinos en lo que parecían ser las prioridades y los grandes desafíos que teníamos pendientes.
El 19 de setiembre de 1945 la oposición apareció unida por primera vez con una enorme manifestación de más de 200.000 personas, la Marcha de la Constitución y la Libertad, que se dirigió desde el Congreso hacia la Recoleta. Cincuenta personalidades de la oposición encabezaban la marcha junto con importantes organizaciones estudiantiles (FUA, FUBA, etc.), patronales (UIA, SRA, CAC, etc.) y profesionales (Centro de Ingenieros, Asociación de Abogados, Sociedad Argentina de Escritores, etc.). Se encontraba también entre esas 200.000 personas el rector de la UBA, Horacio Rivarola. El historiador Miguel Ángel Scenna comenta aquel hecho diciendo que: “La marcha fue una espectacular demostración de poderío de la oposición. Una larga y compacta masa de 200.000 personas -algo pocas veces o nunca visto- cubrió aceras y calzadas.”
Los partidos que terminaron conformando la Unión Democrática fueron la parte no peronista del radicalismo, el Partido Socialista, el Partido Demócrata Progresista y el Partido Comunista. Dominaban la escena mediática los radicales, y los socialistas y demócratas progresistas la ideológica, ya que la Unión tenía un programa de reformas y de gobierno netamente republicano y de centroizquierda. Se trataba del gran esfuerzo de los argentinos por desterrar de una vez por todas al autoritarismo, la discrecionalidad y el abuso de poder, que durante los últimos años nos habían estado haciendo desviar el camino, llevándonos lenta pero constantemente hacia un precipicio que los estadistas de esa época ya avizoraban.
Sin embargo, algunos errores y circunstancias impidieron que la Argentina diera en ese entonces el gran paso hacia delante. Entre los errores, pueden mencionarse: el revanchismo de los radicales unionistas, que excluyeron al Partido Demócrata Nacional por su participación en la Concordancia; la atomización de la oposición en las elecciones provinciales, que le hicieron perder identidad, votos y poder de negociación a la Unión, lo que la llevó a la desaparición; y, finalmente, la intromisión de los Estados Unidos en la campaña y la aceptación tácita por parte de la Unión de dicha intromisión, en particular la del embajador Braden, sumamente envalentonado con la reciente guerra mundial contra el fascismo, que parecía estar sobreviviendo en América del Sur mediante la labor de los militares nacionalistas del GOU, entre ellos Perón.
Por su parte, entre las circunstancias que llevaron a la Unión Democrática a una derrota estuvieron: la utilización discrecional del aparato público por parte del GOU para ganar las elecciones (clientelismo sistemático, avasallamiento del aparato en los lugares más recónditos del país, donde la Unión no ejercía presión ni control, inacción de las fuerzas de seguridad ante el apedreamiento de los trenes y vehículos que llevaban por el interior del país a los integrantes de la coalición opositora, cooptación de los empresarios y de los sindicatos, etc.), todo lo cual fue posible gracias al golpe de Estado de 1943; el auge ideológico del nacionalismo, fruto de la labor intelectual, principalmente, del revisionismo histórico y de FORJA, pero también de numerosos autores europeos que hicieron necesaria una guerra en Europa para evitar la hegemonía del totalitarismo nacionalista; la inoportuna muerte de Ortiz, que desde el Estado había intentado comenzar durante la década del ’30 una apertura política democrática y republicana desbaratada por los sectores nacionalistas y reaccionarios de las Fuerzas Armadas; y, finalmente, las circunstancias internacionales sumamente favorables para la Argentina, que le permitieron a Perón construir un Estado corporativo, clientelar y autoritario sin que el derroche y la corrupción que todo ello conlleva se sintieran demasiado durante sus primeros años de gobierno.
Los dirigentes de la Unión Democrática continuaron con su optimista campaña. Sin embargo, contra todos los pronósticos y las expectativas de ambos bandos, en las elecciones del 24 de febrero de 1946 ganó Perón por 1.527.231 votos (55%) contra 1.207.155 a favor de Tamborini (45%), ganando además en todas la provincias menos Corrientes, la que no tardó en ser intervenida por el gobierno central.
A partir de entonces, la Argentina profundizaría su camino hacia el autoritarismo, Perón encararía un proyecto corporativo y totalitario que dividiría y radicalizaría al país, los militares se sentirían con el derecho a ponerle orden a nuestra política de manera impune, la violencia se impregnaría en la sociedad y en las instituciones del Estado y paulatinamente el Estado de Derecho retrocedería y la pobreza aumentaría.
En tiempos en que en la Argentina vuelve a plantearse la disyuntiva entre el probadamente fallido autoritarismo y el republicanismo que nunca pudimos aplicar en nuestro suelo en forma cabal y estable, de manera democrática, es importante que los demócratas miremos hacia el futuro y transmitamos un mensaje esperanzador, pero también lo es que honremos a aquellos que en el pasado se sacrificaron por nosotros, así como también que aprendamos de las experiencias pasadas, evitando los revanchismos, las divisiones innecesarias y la radicalización de las posturas.
(*) Rafael Eduardo Micheletti /
Secretario de organización y presidente de la filial Santa Fe del Centro de Estudios de los Intereses Nacionales (CEIN). / Tel: (0341) 156-916835 / Blog: www.rafamicheletti.blogspot.com /
E-mail: rafamicheletti@hotmail.com
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