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Artículo
Caracas / Venezuela - Sábado 27/09/03
 


Terribles realidades - Palabras ladinas - Descubrimientos
Francisco Mieres / Soberania.info - 27/09/03

El General Raúl Isaías Baduel acaba de confesar que descubrió la existencia de la Jersey original–la isla entre Francia e Inglaterra- como paraíso fiscal, a raíz de las tentaciones recibidas de magnates golpistas de ubicarle allí, en la banca off shore, varias centenas de millones de dólares, si accedía a cambiar su posición y contribuyera a que “Venezuela retomara el rumbo que ha perdido”. En esa isla había vivido Victor Hugo parte de su exilio desde Francia, debido a sus excesos verbales sobre el régimen imperante en su país. La práctica de exiliar los fondos propios –bien o mal habidos- es ya la rutina de nuestros magnates –y aún ya no sólo magnates- transnacionales, ciudadanos de la aldea global fabricada por el capital e Internet, que han tejido esa red off shore como refugio exclusivo ante controles e impuestos estatales de y para banqueros, petroleros y drogueros, y para politiqueros complacientes, incapaces de resistir una oferta como la rechazada por Baduel. Imagine Ud. cuántos compatriotas serían capaces...

Por otro lado, al oír el discurso de Fidel Castro en la Conferencia sobre desertización y sequía en el mundo, la otra cara de la moneda, nos enteramos de que no hace mucho el jefe de estado cubano ha descubierto por fin la ecología, la otra visión, más profunda y más oculta, de la realidad terrible que nos rodea, reverso y consecuencia del desarrollo económico al que rinden pleitesía no sólo los economistas, sino los estadistas ante todo, y sus principales beneficiarios, dueños de las corporaciones globalizantes, productivas, financieras o mediáticas. El eco a sus palabras se puede ver en las escenas de Cancún protagonizadas por los activistas del foro social mundial contra la Organización Mundial de Comercio, que llegan hasta el sacrificio de la inmolación para denunciar el dominio de los valores mercantiles sobre los humanos y ambientales impuesto por el orden capitalista cada vez más monopólico e imperial. El fiasco de la OMC en Cancún pone en evidencia la farsa montada por sus viejos hermanos, los gemelos de Bretton Woods (el FMI y el Banco Mundial) para hacer ver que está en marcha una reforma del sistema de regulación mundial manejado desde Washington luego de la sucesión de descalabros que culminaron en el terrible colapso de Argentina, fruto perverso de la aplicación de las recetas financieras empaquetadas en el tristemente célebre “consenso de Washington”. Comedia similar escenifica el Norte en el máximo organismo mundial, la ONU, desde su sede en Nueva York, ante el clamor del sur por menos desigualdad.

Otras evidencias de la destrucción del hábitat humano por obra del gran capital reinante en el planeta han sido los desastres climáticos de este verano en forma de excesos de temperaturas, de sequías y de precipitaciones que han afectado no sólo las sociedades periféricas, sino también las europeas, causando miles de muertos en el viejo continente. Luego del verano más cálido y seco de muchos años, sobrevinieron lluvias torrenciales en Asia, en la India, por ejemplo, que arrasaron con las escuálidas cosechas de millones de campesinos. Por supuesto, en una y otra latitudes, las víctimas en su mayoría son los pobres y desvalidos, lo que corresponde a la lógica inhumana del sistema económico.

Lo lamentable es que estas revelaciones y descubrimientos sobre las fuerzas e intereses ocultos que dañan la sociedad llegan muy tarde y muy lentamente a la conciencia de esas mayorías humanas, pese al aumento de la velocidad, la cantidad y la potencialidad de la información y a la proliferación de los grandes medios que encadenan el planeta, o más bien, gracias a ellos, hechos amos del valle global, que en lugar de revelar las terribles verdades las ocultan y encubren, para salvagualdar el sistema de explotación y desigualdad del cual son cogestores. Hace ya un cuarto de siglo, a mitad de los 70s, Robert Commoner escribió un libro memorable, en que intentaba mostrar que las crisis que azotaron en sucesión a USA (la ambiental, que dio lugar a la “semana de la tierra”, la “crisis energética” y la fuerte recesión económica que le siguió) eran expresión de una debilidad estructural del sistema en la nación más poderosa y avanzada del globo, sindrome que él bautizó con un juego de palabras: “The poverty of power”, que puede entenderse como “la escasez de energía”, o “la debilidad del poder”. El acontecimiento cumbre en esa cadena crítica fue, para el norteamericano medio, la gran sorpresa de la penuria de gasolina y las enormes colas en las estaciones de servicio, justo en el país del automóvil y del petróleo, cuerpo y alma del “american way of life”. En ese libro Commoner llama a las élites políticas a conocer y respetar una ciencia hasta ahora poco conocida, la termodinámica, ciencia de la energía, cuyas leyes, sobre todo la de la entropía, cuestionan seriamente el alegre optimismo tecnológico y económico reinantes durante las bonanzas. Décadas antes, Wilhelm Kapp había escrito un ensayo pionero revelando el reverso oculto del crecimiento económico, bautizándolo también con una paradoja aguda: “Los costos sociales de la empresa privada”. Ese ensayo fue rápidamente colocado en el Index y sólo vio la luz como libro varios años después. Ello ilustra cómo la ecología, en cuanto mostró los dientes, fue considerada por las élites del capital ciencia subversiva, condenada al silenciamiento, y sus seguidores han tenido que desafiar mil y una persecusiones destinadas a impedir su divulgación ante el público grueso. Ha sido un largo y penoso camino el que ha debido recorrer, hasta comenzar a llegar, a fines de siglo, a la conciencia mayoritaria. La “Cumbre de la Tierra y del Desarrollo” en Rio de Janeiro, hace una década, le permite hacer irrupción en grandes masas del pueblo llano, con las convenciones populares a las oficialistas. Emblemático resultó en Rio que el supremo disidente se reveló el Presidente Bush, quien para los plebeyos del Sur se desenmascaró como el “enemigo público No 1”. Mucha agua ha corrido desde entonces hasta lo ocurrido ahora en Cancún, pasando por el Foro Social Mundial de Porto Alegre. Nada ha podido el jefe máximo del secreto y de la manipulación de la información desde la Meca imperial contra la fuerza brutal de los conflictos y desastres causados por su “civilización”. La pugna entre la liberación total de la verdad plena y la prosecución del ocultamiento de la realidad por los mismos medios encargados de mostrarla es la batalla más masiva, importante y trascendental de las muchas que hoy libran en el mundo las fuerzas dominantes retrógradas y las populares insurgentes. Dentro de esta perspectiva de largo plazo, no parece haber duda acerca de cuál de las causas se impondrá.

Pero en el momento lo que importa es captar la insólita acumulación de crisis que tiene lugar desde fines del siglo, hasta un grado tan agudo que las élites las han sentido y tenido que confesar, llevándolas, en el caso de USA, a los arrebatos patológicos de agresión e invasión imperialistas abiertas que hemos presenciado. La élite más poderosa y agresiva de la historia, la petrolera, es la que impulsa estas “soluciones”. Una publicación que viene de su meca, Houston, “World Energy”, que tiene carácter monográfico, con la contribución de sus mentes más lúcidas, es reveladora. Se refiere al año 2002, considerado por ellos “annus horribilis”. El Presidente de la editora, Richard Loomis, comienza la presentación así:”De todos los temas de esta entrega, los mayores son la confianza, el liderazgo y la integridad”. Es decir, sus grandes carencias. Lord Browne of Madingley, jefe supremo de British Petroleum, enfoca “las dificultades y los retos del 2002: los riesgos de terrorismo, las tensiones de las relaciones internacionales, la posibilidad (sic!) de guerra en el Medio Oriente, la situación económica –la inversión del ciclo y el impacto sobre la inversión y la confianza- y la caída de los valores de la bolsa”. A ello se suma que “luego de una larga onda de liberalización, hemos entrado en un período de severa regulación, centrada en los métodos de gobierno corporativo (el papel de los directorios, relación entre la gerencia ejecutiva y los representantes de los accionistas,etc.), relación entre Estado y negocios, amén del escrutinio de la prensa, de analistas e inversionistas, y no en busca de los éxitos.” Y es que “la confianza, el liderazgo y la integridad” se han derrumbado estruendosamente, en una cadena de sucesivas quiebras, fraudes, renuncias, destituciones, demandas, juicios, condenas, multas y sentencias de cárcel donde los protagonistas han sido los máximos jefes de grupos financieros, corporaciones petroleras, consultoras y auditoras, llegando hasta el epicentro del capital financiero, que es Wall Street, la bolsa de Nueva York, la primera del mundo. La élite financiera del globo “se ha hundido en el excremento del diablo”, diría Pérez Alfonso. Y se sigue hundiendo, en esta llamada fase “post-Enron”, en que el torbellino de la corrupción se ha tragado ya a miles de los gerentes estrellas de la nueva clase, la de los analistas simbólicos que llevaban las riendas del capital financiero a todo lo ancho del planeta tierra. Ciertamente, los escándalos de la Enron petrolera fueron tan desmesurados en su inmoralidad y tan extensos en sus alcances, desde su sede en Houston, capital de la energía y de la dinastía Bush, hasta California, Sudamérica, India, etc, y en sus secuelas –quiebra de Arthur Andersen y otras firmas- que le tocó a su “meritocracia” convertirse en emblema de la degradación capitalista de la clase dominante, dueña del capital financiero-mediático parasitario y rentista que colonizó las viejas corporaciones monopolistas productivas en todo el orbe. Según Capps, ejecutivo de Dominion, una encuesta reveló que sus colegas en USA han bajado en la confianza públicos a niveles ínfimos, que los dejan apenas por encima de los vendedores de carros, que “yo presumo estarán arribita de los ladrones de bancos y corruptores de niños”. Por eso las escuelas de negocios en Harvard y otras universidades incorporan la ética entre las materias obligatorias en los cursos de gerencia, y los presupuestos de publicidad de las grandes firmas tienen ahora gruesas partidas para “recuperar la confianza”, ante todo de los accionistas y de los inversionistas, incluso para seguir ocultando y borrando huellas y pruebas de sus fraudes. Capps, que añade otros sitios de delitos a los ya mencionados –Reino Unido, China, Indonesia- opina que la primera medida para sus colegas debería ser la cárcel.

En todo caso, este repentino torrente de escándalos no es casual ni sorprendente. Lo había pronosticado Robert Reich, en “The work of nations”, antes de ser Secretario del Trabajo de Clinton, a partir de las primeras experiencias de liberalización y desregulación lanzadas por Reagan y seguidas por las de Bush padre. La liberación de las tarifas de las líneas aéras, saludada en su promoción de viajes-ganga, terminó en gran concentración y aumento de los precios sin precedentes y de riesgos en los vuelos. La desregulación en finanzas empezó eliminando límites preestablecidos a los honorarios de los brokers y luego a cualesquiera innovaciones de los bancos y demás intermediarios, permitiéndoles acumular funciones de auditoría, asesoría, agencia de bolsa, inversión. Uno de los frutos de esa liberalización fueron las entidades de ahorro y préstamo, que podían hacer y deshacer con los depósitos de sus clientes, por otra parte asegurados por el Estado. El desmadre practicado por los alegres gerentes de fondos ajenos acabó en colapso total del sistema, con 300 millardos de $ a cargo del Fisco. Pese al fiasco, la SEC fue incapaz de detener la onda de liberalidad para los gestores de fondos privados desatada por los ideólogos del nuevo conservatismo atrincherados en Wall Street, el FMI, el BM y la Secretaría del Tesoro. Ni siquiera Clinton ni el propio Reich lograron impedir el caos financiero anunciado, desatado por la voracidad de los todopoderosos analistas simbólicos que se apropian de una tajada cada vez más obscena del ingreso nacional de los norteamericanos. Ahora el terremoto ha llegado a la propia cúpula de la bolsa neoyorquina, obligada a remover a su máximo ejecutivo después de haberle otorgado la máxima permisividad, como personificación del libre mercado. La conciencia de que la plena libertad de mercado ha conducido a este libertinaje caótico mortifica a la élite de USA como nunca antes, salvo quizá a sus impertérritos agentes irracionales de Houston hoy en la Casa Blanca y al directorio petrolero que lo aúpa, ansioso por clavar sus garras en el subsuelo del Medio Oriente. La polarización del ingreso de USA a favor de los analistas simbólicos ha ensanchado la brecha social a extremos nunca vistos en contra del Estado y de la mayoría de la población por las reducciones sucesivas de impuestos otorgadas por Reagan y los Bush, provocando un déficit fiscal récord de 450 millardos de $ y la reducción de los servicios sociales a cargo del sector público. Este círculo vicioso en que está entrampado Bush se agravó con la desregulación de la electricidad que desencadenó el escandaloso encarecimiento en California que se saldó con una pérdida mayúscula cercana a 50 millardos de $ en ese estado, un déficit superior al de los restantes estados juntos. El descalabro económico allí causado es atribuido por el Gobernador Davis, ahora bajo amenaza de referéndum revocatorio, a la complacencia con la Enron y sus socias corruptas de la Secretaría de Energía y la autoridad reguladora, ciegas ante las prácticas ruinosas para California. Se trata, no lo olvidemos, de la mayor economía regional de USA.

Lo curioso es que todos estos favores para el capital financiero no han hecho sino agravar la situación de la economía nacional. La permisividad con que se toleró el lanzamiento de las gigantes telecoms y de las empresas punto com del Silicon Valley como vanguardia de la alta tecnología y de la nueva eonomía, en medio de una burbuja especulativa que arrastró a legiones de incautos inversionistas modestos, y que llevó a las cumbres las cotizaciones en la bolsa, no impidió que a la postre, a partir del 2000, sobreviniera un colapso descomunal que ha hecho desaparecer a millares de empresas y a millardos de ahorros vueltos papeles sin valor. Se trata de un nuevo golpe para California en particular. Luego, la patología social y política desatada por los atentados del 11 de setiembre del 2001 y por la cruzada bélica contra el terrorismo, con efectos de boomerang contra el turismo, la aviación y ramas conexas en USA, vendrán a acentuar las secuelas depresivas contra la inversión, el consumo, la moneda, la confianza, la credibilidad, la estabilidad, o sea, contra los factores que hacían de USA el centro de atracción y de difusión principal del capitalismo mundial, el hegemón del planeta.

Por último, esos atentados le permiten a la Casa Blanca convertir la respuesta imperial, bélica y fundamentalista, supuesta cruzada contra el fundamentalismo islámico con la santa alianza de sus incondicionales wasps y sionistas, en un pretexto para la plena reconquista del petróleo del Medio Oriente musulmán, e incluso expandirse hacia el Mar Caspio, aplicando el plan de energía lanzado por Bush en mayo de 2001, dirigido a poner de rodillas a la OPEP y forzarla a regalar su petróleo, como había hecho en 1986. El blanco principal serían los “polos del eje del mal”, que no habían sido colonizados del todo en aquellos años, pese a las guerras libradas entonces en la región. Iraq, la segunda reserva petrolera mundial, se convierte por ello en una obsesión para la Casa Blanca, que no duda en enfrentarse con el resto del mundo y tratar de convertir la ONU en un organismo segundón y obediente. A estas alturas, a cinco meses de la victoriosa ocupación de Iraq, el fácil negocio colonial se ha convertido en una costosa aventura bélica, política y económica, cuya carga empeora el déficit, la recesión y la deuda que agobian a la potencia aspirante a gendarme mundial y a la mafia de la energía fósil que la comanda. Según Stiglitz, Bush y sus acólitos cayeron en un enorme agujero negro que ellos mismos cavaron y del cual no saben cómo salir. Son tan profundos los círculos viciosos que creó la mafia petrolera que ocupó la Casa Blanca de trampas electorales, que su futuro allí no será glorioso. Sus fracasos ante el Consejo de Seguridad y la ONU en cuanto al “derecho” a librar “guerras preventivas”, o “a la ocupación” de Palestina por Sharon, su rechazo al protocolo de Kyoto y al Tribunal Penal Internacional, han dejado solo a Bush, contra el Foro Social Mundial y la mayoría de los ciudadanos del mundo y de USA. Si sabemos unir a estas mayorías, su suerte estará echada y esta pesadilla pasará. De nuestra firmeza y claridad depende.


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