Teorías argentinas
Rafael Eduardo Micheletti* / Soberania.org - 30/04/09
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El día martes 28 de abril, en un encendido y dinámico debate, se cruzaron los dirigentes Diana Conti, del Frente para la Victoria, Martín Sabbatella, del partido Nuevo Morón, y Fernando Iglesias, de la Coalición Cívica, en el marco del programa televisivo Palabras más, palabras menos. Los mismos protagonizaron un intercambio sumamente enriquecedor, no porque alguno de ellos sea dueño de la verdad absoluta, sino porque, precisamente, la diversidad y claridad de sus exposiciones ventilaron una serie sumamente interesante de teorías o visiones sobre la extraña y aparentemente impredecible realidad política de nuestro país. Resumiendo, sus alegatos fueron los siguientes:
Diana Conti, siguiendo la línea agresiva y simplista decidida por Néstor Kirchner en su campaña por el conurbano bonaerense, se dedicó a defenestrar a la oposición, a tildarla de “neoliberal” y a agredirla sin destapar demasiados argumentos, por no decir ninguno. Su teoría consiste en que la oposición, por no estar de acuerdo con las nulas o escasísimas ideas y propuestas del oficialismo, defiende intereses “contrarios a los populares”. No se detuvo en explicar por qué habría que pensar que la oposición defiende intereses ilegítimos, simplemente lo anunció.
Por su parte, Fernando Iglesias, con una bastante mayor capacidad, argumentación y serenidad, realizó una división de aguas similar. De un lado se encontrarían ellos, los de la Coalición Cívica, y del otro los demás, la “vieja política”, los intendentes del conurbano, los caudillos, los aparatos clientelares. A pesar de la brillantez con que el diputado Iglesias supo exponer los fracasos del gobierno kirchnerista, parece no haber logrado una explicación suficientemente integral y creíble de las razones del fracaso argentino en las últimas décadas. Para él el justicialismo es la personificación de la maldad, y todo lo demás es inocente.
Esta simplificación exagerada fue acertadamente señalada por Martín Sabbatella, quien le recalcó a Iglesias que el radicalismo también había participado en muchos gobiernos provinciales y en gobiernos nacionales durante las últimas décadas, que también había sido dominado y manipulado por aparatos clientelares verticalistas y oportunistas que no hacen sino sacarle provecho a la realidad en beneficio propio de manera permanente y denodada. Sin embargo, a pesar de esta precisa observación, Sabbatella no dejó de caer en la misma división de aguas que el resto: la camada de dirigentes de Morón que él representa son los buenos, los puros, y todos los demás son los malos. No importa si la Coalición Cívica y el PRO demuestran comprometerse con una reforma política a favor de la democracia y la transparencia, “son el pasado”.
Creo, personalmente, que la realidad política argentina es más compleja. Es cierto que el radicalismo y el justicialismo están en gran medida sostenidos sobre aparatos clientelares que permiten una concentración excesiva del poder político, que incentivan la corrupción, permiten la impunidad y terminan concentrando los mercados y generando la pobreza estructural que le posibilita a esa organización clientelar reproducirse y retroalimentarse.
Pero creer que, porque dos estructuras nuevas, sostenidas en los electorados más independientes, fundamentalmente de clase media, basadas en la comunicación de ideas y altamente presionadas por el pueblo fruto de su forma de organización y obtención del poder, por el sólo hecho de servirse de algunos desprendimientos de las estructuras tradicionales que han quedado fuera del sistema de prebendas, van necesariamente a contaminarse y transformarse en más de lo mismo, me parece también una simplificación exagerada. Esto último no ayuda a la construcción de consensos que podrían permitir que esas fuerzas nuevas se unan y no necesiten correr el riesgo de servirse de algunos resabios de aparatos tradicionales, además de que ese rechazo casi ciego y frenético hacia aquello que es lo más nuevo del sistema político argentino lleva al desaprovechamiento de herramientas fundamentales que podrían hacer, si se las maneja bien, que ocurra un cambio definitivo en la política de nuestro país.
El debate entre estos tres dirigentes de la política argentina, me parece, pone en evidencia la complejidad del momento político que vivimos, así como también la falta de ese sano pragmatismo y de ese liderazgo de estadista que le ha permitido a otras sociedades construir democracias libres y verdaderas antes que nosotros.
(*) Rafael Eduardo Micheletti /
Secretario de Organización del CEIN: www.cein.org.ar. / Estudiante de Derecho en la UNR / Tel: (0341) 156-916835 / Blog: www.rafamicheletti.blogspot.com /
E-mail: rafamicheletti@hotmail.com
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