La peligrosa diplomacia bolivariana
Orlando Ochoa Terán* / Semanario Quinto Día (Venezuela) - 01/05/09
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Después de la experiencia de la Cumbre de Trinidad y Tobago, provoca pánico el anuncio de revisar las relaciones con EE UU. Si el presidente Uribe, a quien el presidente Chávez le ha endilgado los más humillantes epítetos está a punto de despojarnos de parte del Golfo de Venezuela ¿de qué no sería capaz la seductora personalidad del presidente Obama junto con el poder de EE UU?

En 1998 la secretaria de Estado, Madeleine Albright, para responder acerca de una supuesta maleabilidad de la política exterior de EE UU, declaró: “Algunos nos acusan de doblez pero en realidad es una sola posición basada en nuestra apreciación de lo que ofrezca mayores resultados a los intereses e ideales de EEUU” (…) En esencia esta no ha cambiado en 200 años”. En efecto, 200 años atrás, Thomas Jefferson resumía la política exterior en tres secuencias: diplomacia, bloqueo/embargo y guerra.
El presidente Obama, cuya propuesta giró en torno al “cambio”, ha iniciado de nuevo el ciclo ofreciéndole una nueva oportunidad a la diplomacia sin que esto signifique que los estadios de bloqueo/embargo y guerra hayan desaparecido del radar de EE UU. La razón es comprensible. Pocas veces la historia de EE UU conoció un fracaso tan estruendoso en política exterior como el protagonizado por presidente George W. Bush.
Así lo percibió el presidente Chávez y antes de viajar a Trinidad y Tobago preparó una ofensiva encantadora que resultó tan desmesuradamente querendona que se le devolvió convertida en un circo político.
El embrujo
El incidente fue motivo de toda clase de interpretaciones dentro y fuera de Venezuela. Ninguno de los voceros del oficialismo se atrevió a defender o justificar la zarzuela trinitaria. ¿Cómo explicar a la FAN tanta coquetería ante el representante del imperio capitalista, el mismo que ha originado en Venezuela el gasto militar más cuantioso de los países en desarrollo del mundo en la espera de una invasión?
En el paroxismo de su embrujo, unilateralmente y sin previas negociaciones el presidente Chávez decidió designar nuevo embajador ante la Casa Blanca a Roy Chaderton, quien, de este modo, si se materializa su nombramiento, habrá rotado por tres misiones en menos de un año: México, OEA y EE UU, un récord difícil de igualar en América Latina.
Como era de esperarse el Departamento de Estado no se apresuró en reciprocar la designación y probablemente la demore para dejar en observación o poner a prueba el temperamento del impredecible líder bolivariano.
Diplomacia “soft”
Los demócratas tienen fama de ser más blandos que los republicanos en política exterior. No obstante, si la historia es un buen referente los demócratas no han sido precisamente unos monjes Cartujos. Woodrow Wilson y John Kennedy llegaron al poder con parecidas credenciales políticas y académicas de Barack Obama. Wilson había sido rector de Princeton y Kennedy, como el actual mandatario provenía de Harvard. Ambos superaron a muchos de sus predecesores en la costumbre de intervenir en América Latina. No se diga del también demócrata Lyndon Johnson.
Por supuesto, nada parecido se espera de Obama, pero como sostiene la ex secretaria de Estado Madeleine Albright, en esencia, la política exterior de EE UU no ha cambiado desde los años fundacionales, cuando se echaron las bases de la que ha sido vista en su conjunto la política exterior más exitosa de potencia alguna si se la observa desde la perspectiva de sus propios intereses.
Nada extraño si consideramos que de los nueve presidentes de EEUU, seis habían ejercido previamente la Secretaría de Estado y siete habían servido como embajadores. Con la negociación diplomática del Louisiana Purchase con Francia, Thomas Jefferson dobló el territorio de EEUU en 1802 sin disparar una bala. EE UU ha sacado ventaja de sus relaciones con el Reino Unido, el Imperio Napoleónico, el Imperio Español, América Latina, la Alemania Nazi y la Unión Soviética.
La revolución bolivariana y patriota, por el contrario, le ha asegurado a Guyana el doble de su territorio sin mayor disputa y sacrificando los derechos de reclamación de Venezuela. En la lista siguen, la Isla de Las Aves y parte del Golfo de Venezuela.
Vistos estos antecedentes gringos y la rendición emocional del presidente Chávez en Trinidad y Tobago, causa pánico el anuncio de revisar las relaciones con EE UU. Si Álvaro Uribe, a quien Chávez le ha endilgado los peores epítetos está a punto de despojarnos de parte del Golfo de Venezuela ¿de qué no sería capaz la seductora personalidad del presidente Obama?
[*] Orlando Ochoa Terán / E-mail: o.ochoa@att.net
Artículos anteriores del autor:
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