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Caracas / Venezuela -
 


Militarismo y militares
Carlos Blanco* / El Universal (Venezuela) - 31/05/09

"En Fuerte Tiuna los oficiales cubanos tienen preferencia para envidia de los venezolanos"

El régimen de Chávez es militarista; pero, paradójicamente, entre los peor tratados por el régimen, están los militares. Ha habido gobiernos de las fuerzas armadas, en los cuales la institución, por vía de sus altos mandos, asume el control. Así fueron los de Pérez Jiménez en Venezuela como los encabezados por Pinochet en Chile, por Videla en Argentina y por Castelo Branco en Brasil. La institución, como un todo, arrebató el poder, gobernó y se hizo responsable de las políticas ejecutadas bajo su inspiración, frecuentemente impuestas a sangre y fuego. Esos fueron gobiernos en los cuales las fuerzas armadas impusieron el militarismo como estilo y concepción de la sociedad.

En Venezuela, hoy no hay un gobierno de las fuerzas armadas, sino militarista; que usa a los militares, pero en el cual los militares, como institución, no gobiernan. 


El Cuartel

La función militar no es una función despótica; no es el fusil y la peinilla, ni el abuso en nombre de la autoridad. Por el contrario, esta profesión es de las que requiere mayores destrezas intelectuales, bien alejada de toda esa ridiculez patriotera, llena de batallas que otros libran.

El militar se prepara para administrar la violencia del Estado; ésta comprende como sus más eminente aspecto y siempre que sea posible, la de impedir la violencia real. El militar es miembro de una institución que debe estar preparada para la defensa de la nación, de su integridad territorial, de sus pobladores y de las instituciones públicas. La sociedad habilita a los oficiales para que manejen los factores internos y externos que puedan constituir amenazas y los dota de capacidades para concebir y desarrollar planes que preserven la nación. El ejercicio físico e inmediato de la violencia no es el aspecto más relevante de la formación militar.

Se trata de una carrera que no es mejor ni peor que otra; no concede títulos heroicos a quien la sigue; requiere un alto nivel de talentos y la formación de pensamiento complejo, estratégico. Contra los prejuicios, es una carrera que no tiene mucha relación, en el mundo contemporáneo, con el abuso, "la obediencia debida" y las idioteces homéricas que una historia de opresión y caudillismo le impregnó.

Lo que hace Chávez carece de conexión con la calidad de la experticia y altura técnica de la función militar, sólo revela la forma primitiva de enfocarla desde la perspectiva de los caudillos latinoamericanos y del hábito de la mano dura de los generales-dictadores. No se trata, en esta concepción atrasada, de cómo defender la nación sino de
cómo someter a la sociedad

Es aquí, en este preciso punto, que entran las mañas y abusos del militarismo. La idea de que
un personaje manda a los ciudadanos y no es su servidor, empapa la aventura repugnante de este bochinche que sus usufructuarios llaman revolución. El grito cuartelario primitivo, la ausencia de discusión, el ademán de mando desde lo que debía ser el pináculo de lo republicano, el lenguaje de la barricada bovera, son los ingredientes de esta etapa soez y pendenciera de Venezuela.

Una muestra de la concepción militarista es el uso de militares para someter a los civiles y de cómo un rebaño de tenientes y capitanes, retirados por alzados o incompetentes, constituyen la mano interpuesta a través de la cual se ejerce el mando. 


También víctimas

El resultado es que los oficiales también son víctimas de un régimen militarista. En su nombre se gobierna, pero son tan sometidos como los ciudadanos de a pie. En las instalaciones militares no se puede ver un canal de televisión que no sea el del régimen, no se pueden tener periódicos o publicaciones que no sean los bodrios de propaganda oficial. En sus casas deben sintonizar los medios independientes con el volumen bajo para evitar el sapeo. Las condiciones socioeconómicas, contra lo que muchos creen, son muy complicadas y a veces dramáticas. El que haya unos cuantos que estén con las manos en la masa de la fortuna y que se muestren insaciables, suele ocultar el hecho de que no pasan de unas pocas docenas los que han sido bendecidos por los dioses del dinero y los beatos de la corrupción, mientras la mayoría pasa trabajo, con carros viejos, con dificultades para la manutención del hogar y para la educación de los hijos; aprietos mayores cuando se tiene en cuenta que la condición de oficial impide ejercer oficios liberales, aun cuando exista la preparación profesional correspondiente.

Los oficiales, carentes de casa, observan cómo escasea la vivienda en guarnición porque, en muchos casos, como en Fuerte Tiuna, los oficiales cubanos tienen preferencia.

Así como ha emergido que la supuesta revolución socialista lo que hace es oprimir a los trabajadores
, destruir sus fuentes de trabajo, negarles su derecho de asociación sindical e impedirles la lucha por la contratación colectiva, a los militares a los cuales falazmente Chávez dice representar se les condena al silencio y a la ideologización forzada; mientras son sometidos al espionaje cotidiano, con condiciones de vida que se deterioran como ocurre con el resto de los venezolanos.

Junto a los trabajadores, estudiantes, ciudadanos de la clase media, los militares también tienen interés por la recuperación democrática de la sociedad. Silencio no es aquiescencia, sino prudencia, porque lo peor que pudiera ocurrir es una aventura sin destino. La recuperación institucional de la FAN es una tarea que la civilidad republicana se tendrá que plantear. 


Guillermo Zuloaga

A Zuloaga no lo persiguen por tener carros en una casa sino por ser presidente de Globovisión. Hace un par de años, con motivo del asesinato del fiscal más representativo del nuevo orden social, se involucró a un grupo de ciudadanos en un complot urdido por el entonces fiscal general. Nelson Mezerhane, socio de este canal, fue encarcelado, vilipendiado y escarnecido; rápidamente se evidenció la podredumbre de toda esa trama. El propósito era Globovisión. Ahora lo hacen con otro de los propietarios y, no cabe duda, lo intentarán con Alberto Ravell. El Gobierno ha encontrado que es muy difícil destruir las instituciones; les es más fácil -creen- destruir a las personas. Aunque ahora hay desesperación.


Ahorro e Inversión

Cuando quiera que el país vuelva a tener los pies en el suelo y la cabeza sobre los hombros, los temas duraderos volverán a emerger en su variedad, sugestión y desafío. Uno de los esenciales es el de cómo los habitantes de un país se convierten en ciudadanos en la medida en que no sólo ejercen derechos políticos y sociales, sino que también adquieren ciudadanía económica, cuando se lanzan a pertenecer a la patria de la producción y de la riqueza. En este territorio se ingresa por la vía del trabajo, pero se continúa por la ruta del ahorro y la inversión. Existe una excelente página -por demás, multidimensional y politemática-, ProDaVinci (www.prodavinci.com), en la cual este tema está planteado y abierto al debate.

 

 

[*] Carlos Blanco / Columna "Tiempo de palabra"

 

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