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Caracas / Venezuela -
 


¿Y la invasión de EE UU?
Orlando Ochoa Terán* / Semanario Quinto Día (Venezuela) - 12/06/09

Por siete años persistió en el ritornelo de una invasión gringa que nunca se materializó. Después de desembolsar miles de millones de dólares en armas y ordenar extravagantes preparativos a la FAN, de repente, para el líder bolivariano, el Presidente de EE UU es “my friend”. ¿Qué pasó? ¿Farsa o paranoia?




La exaltación y el filtreo del presidente Chávez con el presidente Obama en la Cumbre de Trinidad y Tobago puso de manifiesto, a extremos caricaturescos, la superficialidad de los años que dedicó a tratar de convencer a la opinión pública nacional e internacional que EE UU invadiría a Venezuela para arrebatarle el petróleo que pacíficamente y religiosamente la revolución bolivariana les despacha cada día.

La curiosa obsesión dio lugar a comentarios que en general giraban en torno a calificar la denuncia de paranoia o de farsa. También fue motivo nacional e internacional de gracejos que rivalizaban con las denuncias de magnicidio.

Resultaba curioso y en ocasiones risible la forma como ministros y altos oficiales de la FAN le seguían la corriente al presidente Chávez declarando, con cara de circunstancias, sobre los preparativos para “repeler la invasión o prepararse para la resistencia”. “Gringo que se asome por allá ¡bang!” advertía el presidente Chávez en su programa dominical, mientras la cúpula del gobierno aplaudía imaginando francotiradores bolivarianos apostados en los malecones de La Guaira enfrentando el desembarco de los marines. Oficiales se mostraban a los medios sin mucho decoro en simulacros de invasión. 

Nunca antes en la historia de Venezuela el choteo a la FAN había adquirido formas más sangrientas. Los videos de las prácticas y entrenamientos circulaban en medios nacionales e internacionales. No es difícil imaginar el enorme desencanto de bolivarianos y la indignación de hombres y mujeres de uniforme cuando vieron al presidente Chávez en la Cumbre de las Américas en una actitud querendona y coqueta (I want to be your friend) con el Presidente de EE UU, el representante del imperio capitalista que, irónicamente, promete transformar en polvo cósmico.


La diplomacia invasora

El problema más serio de la política exterior venezolana es su inexistencia. Lamentablemente los intereses de Venezuela se funden con los de un hombre temperamental, impulsivo e impredecible que pretende personificar pueblo y nación.

Los disparates de esta visión son obvios. Como el ex presidente Bush adquirió rango de enemigo personal es probable que el presidente  Chávez haya llegado a la conclusión que siendo Obama un hombre negro no existe la posibilidad de una invasión pues supuestamente estaría mejor dotado para entender a un Chávez que reclama una mezcla de aborígenes americanos y africanos.

El más menso de los oficiales venezolanos entiende que la llegada de Obama no fue lo interrumpió “la invasión” a la Venezuela bolivariana. La
guerra en Irak y Afganistán aún persiste y probablemente con más intensidad. Para los menos perceptivos la verdadera señal de que la “invasión” era una farsa o una paranoia, en el mejor de los casos, fue la performance del presidente Chávez en Trinidad. Desde entonces ya nadie habla de marines hasta nueva orden.

Es bien sabido que la Invasión a Bahía de Cochinos fue diseñada durante el gobierno de Eisenhower y ejecutada por el gobierno del también carismático presidente Kennedy, quien igualmente persistió en la guerra de Vietnam como su predecesor así como su sucesor Lyndon Johnson. Los ejemplos sobre esta continuidad de la política exterior de EE UU serían innumerables.

Confundiendo estilo con sustancia algunos piensan erróneamente que el presidente Obama puede cambiar las reglas de la diplomacia, sin tomar en cuenta que para sus fines prácticos, como apuntó recientemente el New York Times, la diplomacia siempre se ha fundamentado  en una mezcla de pronunciamientos públicos, entendimientos tácitos y conversaciones detrás de bastidores.

Unos de los más experimentados diplomáticos de EE UU, Thomas Pickering, decía que la diplomacia americana se sigue por dos verdades. Una es, no decir mentiras. La otra es hablar más en privado que en público, pero ambas tienen que ser consistentes.

Cualquiera de estas nociones está en contradicción con la más remota de las ideas que el líder bolivariano tiene sobre diplomacia. Causa de tantos desaciertos, extravagancias y burlas.

 

 

[*] Orlando Ochoa Terán / E-mail: o.ochoa@att.net

 

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