Terrorismo: los extremos se tocan
Walter Martínez
(Dossier) / Últimas Noticias (Venezuela) - 21/09/03
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“Los valores básicos con los que hemos sido
criados han cambiado, nos guste o no, durante nuestro servicio aquí.
Cada día hay niños que son lastimados. El Jefe de
Estado Mayor dice que esto va a tomar tiempo. Pero el tiempo se
hace largo, y el precio es alto”.
“Me encuentro a mí mismo actuando violentamente contra
las personas para hacer que ellas me teman. Este es mi deber, pero
me siento humillado por mi conducta”. “Eso me desgasta
como persona. Me quiebra. Estos no son los valores en que fui educado”.
“Esta situación me hace trizas y fortifica a los árabes.
Sólo una solución política
nos salvará de esta ofensa”.
Estas son sinceras y plañideras voces de soldados
israelíes, enojados reservistas confrontando al Primer Ministro
Yitzhak Shamir, la semana pasada, en un improvisado
campamento en las afueras de Nablus, la mayor y
más turbulenta ciudad árabe en la ocupada Margen Occidental...
El Ejército no encara una derrota militar pero sí
una erosión moral, y sus tropas, los jóvenes hombres
de Israel se encuentran con la carga de una tarea imposible:
terminar con la Intifada pero ser humanos; resolver el problema
palestino pero no comprometer la seguridad de Israel.” (Johanna
McGeary, Time Magazine, Enero 1989).
George Bush padre acababa de juramentarse. Se hablaba
de “nuevos vientos” en Washington.
Luego, invadiría Irak acompañado de una gran coalición;
pero con un claro marco legal de la ONU. Ganó la guerra y
perdió la reelección por causa del mal manejo de la
economía.
Hoy en Washington no hay “nuevos vientos”,
sino los destrozos dejados por el huracán Isabel.
Su hijo Bush está empantanado en una invasión a Irak
sin el marco legal de la ONU y, tal como su padre, busca la
reelección que igualmente podría perder por el costo
político de la guerra y el mayor déficit económico
de la historia de su país.
En cuanto a Israel, 52 oficiales de la Reserva han dado a conocer
un documento en el que afirman: “No seguiremos degradando
a todo un pueblo... No seguiremos tomando parte en una guerra de
defensa de la colonización israelí en los territorios...
No continuaremos luchando del otro lado de nuestras fronteras
con el fin de conquistar, ocupar, deportar, destruir, impedir el
libre movimiento, eliminar a sospechosos, hambrear a la población
y humillar a la totalidad del pueblo palestino”.
(Shlomo Slutzky, Clarín).
La rama de mayor prestigio de las Fuerzas Armadas israelíes
es la Fuerza Aérea, donde van “sólo
los mejores”. Esta semana Lily Galili
escribió en el diario “Haaretz” que
un grupo de pilotos de la Reserva de la FAI ha estado deliberando
durante más de tres meses y piensan dar a conocer un documento.
Anunciarán su rechazo a participar en los “asesinatos
selectivos” ordenados por Sharon contra líderes extremistas
palestinos.
El estatus y la consideración especial de que gozan los pilotos
militares en la sociedad israelí, han provocado fuertes reverberaciones
en los medios políticos.
Como la Historia lo demuestra, hay avances hacia la paz
en el Medio Oriente cuando se combinan un gobierno demócrata
en la Casa Blanca y un gobierno laborista en Israel.
Ocurre todo lo contrario cuando es el caso de un gobierno
republicano y la coalición Likud. Sharon siempre
quiso ser Jefe de Gobierno, y siempre ha tenido, al margen de todas
las razones, una pugna personal con Yasser Arafat.
Sólo llegó al gobierno generando la segunda Intifada,
lo que volcó al electorado a la derecha. Fue después
de su provocadora visita a Al-Aqsa (tercer lugar
sagrado del Islam) con una escolta de más de mil hombres
el 28 de Septiembre de 2000. Cuando “Ary”
era ministro de Agricultura tuve la oportunidad de entrevistarlo
para Venezolana de Televisión. Fue necesario negociar qué
perfil le dábamos a la cámara: yo no veo de lado derecho
y él no oye del lado izquierdo.
La entrevista debió durar no más de 15 minutos; pero
en realidad duró casi una hora, lo que le obligó a
alterar su agenda oficial, a consecuencia de una pregunta en la
que afirmé:
“Usted es ministro de Agricultura; pero no va a parar
hasta que sea Ministro de Defensa; y entonces, aunque provoque una
crisis política internacional, usted invadirá el Líbano”.
Al terminar la entrevista, le dijo al entonces Embajador Liba:
“Yo esperaba pasar un mal rato en la BBC o en CBS;
pero nunca en Caracas... Quiero que este periodista, cuando algún
día vaya a Israel, me visite en mi granja”.
Me dejó su tarjeta (que aún conservo) y su número
privado.
Un año después, era ministro de Defensa, invadió
al Líbano en la Operación “Paz para
Galilea”, creó una tremenda crisis internacional
en la que involucró a varias potencias, pero no pudo acabar
con Arafat, a quien hubo que garantizarle una salida al exterior.
En estos días Sharon dejó filtrar una afirmación
según la cual debió haber matado a Arafat entonces.
Sin embargo, desde el 6 de junio de 1982 hasta la retirada
de Tzahal, en junio de 1985, no lo logró,
pero la operación costó la vida a no menos de 15.000
palestinos y libaneses y miles de jóvenes israelíes.
La OLP utilizaba el territorio libanés para
atacar poblaciones de Galilea disparando katiushas y lanzando operaciones
terroristas contra la población civil. Muchos habitantes
de Kiriat Shmoná en el norte de Israel tienen
tan ingratos recuerdos como los palestinos de esa época,
o los libaneses que vieron su próspero y hospitalario país
convertido en teatro de operaciones con la consecuente destrucción
en vidas y haciendas. En esa época tanto la Autoridad Palestina
como Israel ni siquiera se reconocían mutualmente y, mucho
menos, se podía pensar que llegarían a instancias
como Camp David u Oslo.
El 12 de agosto de 1982, durante el gobierno de Ronald Reagan,
y luego de tres meses de guerra, Philip Habib,
enviado especial de Washington logró un acuerdo según
el cual la OLP se retiraría del Líbano bajo la condición
de que una fuerza internacional protegería a civiles palestinos
y libaneses en la región. No obstante, dos días después
dicha fuerza fue retirada. Sharon lanzó sus fuerzas hasta
Beirut afirmando que lo hacía para desalojar unos dos mil
combatientes palestinos que quedaban en la capital libanesa.
Sharon apoyó a las Falanges, grupo armado
libanés de derecha vinculado a Israel desde la guerra civil
del Líbano en 1975, cercando con sus tanques los campos de
refugiados palestinos.
Como Comandante de la potencia ocupante era responsable de la ley
y el orden, pero sus fuerzas permitieron a los falangistas entrar
en los campos.
Un alto oficial de su Estado Mayor advirtió: “Ya
puedo oír a los falangistas afilando sus cuchillos”.
No obstante, Sharon no lo impidió. Las matanzas de
Sabra y Shatila, entre la puesta de sol del 16 y el amanecer del
18 de septiembre de 1982, ocurrieron en territorio bajo control
de las Fuerzas Armadas israelíes comandadas por Sharon.
Fuentes palestinas hablan de 2.750 asesinatos,
incluyendo mujeres y niños. Ante el escándalo mundial,
Israel estableció una comisión oficial de investigación.
La presidía Justine Kahan, presidente del
Tribunal Supremo de Israel. Sharon fue encontrado culpable
indirecto por no haber intentado impedir la masacre de
los falangistas siendo ministro de Defensa.
“Es imposible justificar la irresponsabilidad del
ministro de Defensa del peligro de masacre... extraño, que
el ministro de Defensa, de ninguna manera informó al Primer
Ministro (en ese entonces Menahem Begin) de su decisión de
permitir a los falangistas entrar en los campos.”
(Informe Kahan, Feb 7, 1983). En su momento, el Tribunal de Justicia
de Bélgica citó a Sharon a comparecer en Bruselas
por delitos de lesa humanidad.
Su Cancillería le recomendó no viajar a Europa. El
exministro y falangista libanés Elie Hobeika, fue “volado”
en Beirut en 2002, con lo que desapareció el testigo estrella.
Ahora, bajo presión, Bélgica (sede
de la Otan) le dio garantías de que no sería arrestado
en su territorio. El Gobierno de Sharon anunció recientemente
que consideraba la expulsión o el eventual asesinato de Yasser
Arafat. El martes, en el Consejo de Seguridad, Estados Unidos
utilizó por enésima vez su derecho de veto para evitar
una condena a Israel. Negroponte señaló
que no se condenaba igualmente a Hamas y otros
grupos terroristas. La cruel ironía es que el martes 16 fue
aniversario de las masacres y el miércoles 17 se cumplió
un nuevo aniversario del Acuerdo de Camp David.
El viernes, la Asamblea General, en una Resolución en la
que se condena tanto a los grupos terroristas palestinos como al
Gobierno Sharon, votó 133 a 4 con 15 abstenciones. Los 4
son, como de costumbre: Micronesia, Islas Marshal, Israel y Estados
Unidos. Voceros de Sharon consideraron “insignificante”
la votación. Como dicen las Escrituras:
si varias personas te dicen que estás borracho, acuéstate.
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