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Caracas / Venezuela -
 


Escalada armamentística
Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 15/09/09

América Latina atraviesa una pulsión armamentista en momentos en los cuales las metas del milenio contra la pobreza y el hambre no se han cumplido. Una orientación perversa ha inclinado el gasto hacia instrumentos ofensivos mientras la exclusión social se incrementa.

Adquirir armas es una iniciativa para ejercer disuasión frente los enemigos. Puede ser un dispositivo para intimidar como lo hizo Mussolini antes de la segunda guerra. Pero podría inclinarse hacia un mecanismo aniquilador como el caso de Hitler en Alemania y el almirante Tojo en Japón.

Sin embargo, una variante de la guerra, la asimétrica, también se hace tangible. La confrontación del fundamentalismo islámico sin emplear territorio sino flujos financieros y redes sociales aparece como un rival intangible globalizado, además de la guerrilla clásica. Luego de los atentados a las Torres Gemelas, por iniciativa americana, irrumpió un estado de guerra violándose los derechos humanos y regresando a estadios superados por la humanidad.

En el mundo actual no hay una situación de belicismo tradicional con la geopolítica como opción ni con criterios estratégicos verticales (tecnología, profesionalismo militar, capacidad bélica) aunque sí la estrategia horizontal como las alianzas y el dominio de los recursos energéticos y diplomáticos.

No obstante, nuestra región se encuentra anclada en la guerra fría y de allí la espiral militarista. Las democracias blindadas (Colombia, Chile y Venezuela) son muestras del esquema. Colombia ha sido teatro de operaciones de la fuerza armada americana en su combate a la guerrilla y al narcotráfico con una vieja presencia en su espacio físico en el plano del
Plan Colombia y el Patriota, ahora legalizada la intervención con las sietes bases. Chile es un país tradicionalmente agresivo como lo demostró en la guerra del Pacífico del siglo diecinueve y la violencia del régimen pinochetista.

Venezuela, para no rezagarse, entra en el negocio de la guerra y ha hecho adquisiciones espectaculares, primero a España y luego a Rusia. Aviones, tanques, fusiles, misiles y equipos antimotines conforman la panoplia de compras.
Brasil recientemente ha acordado con Francia la programación submarinos convencionales y nucleares además de aviones. Los perros de la guerra tienen razones para estar felices.

Es importante destacar que las incorporaciones de armas son esencialmente convencionales descartándose una guerra asimétrica. Es un armamentismo in crescendo que evidencia la extrema debilidad institucional y acicatea la mentalidad militar en cada país. Volvemos a la sumisión disciplinaria de los primeros tiempos del capitalismo.

Es deprimente la fragilidad del nivel y calidad de vida de nuestra gente. Venezuela con una
inflación galopante y la economía informal como alternativa frente al desempleo; Colombia en medio de una violencia ancestral generadora de desplazados y secuestrados; Brasil con sus espeluznantes favelas y Centro América y el Caribe con la inopia como estandarte.

Ante tal drama social los Estados latinoamericanos planifican el armamentismo como vector de amedrentamiento y represión sin expandir el complejo militar industrial. La democracia representativa, modelo imperante por ser el más conveniente para los centros mundiales de poder, es la engendradora,
corrupción mediante, de esta dramática coyuntura. La crisis que la agobia solo se soslaya gracias a los intereses de dominio planetario.

 

 

[*] Humberto Decarli R. / E-mail: humbertodecarli@yahoo.es / Abogado, activista social y miembro de la redacción de El Libertario       



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