De la sombra del dogma a la luz de la razón
Patroclo Kaiserman* / Soberania.org - 22/09/09
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Parte I: Una perla introductoria
Si para algo sirve la historia es para recordarnos que nunca podremos trascender de nuestro desempeño actual hasta que no dejemos de repetir los errores que siempre nos conducen al mismo fracaso. Y ese es precisamente el karma de las sociedades latinoamericanas en general, pero muy especialmente de la bobalicona sociedad venezolana, incluyendo en ella a tirios y troyanos, que no termina de comprender el origen de su tragedia y no es por falta de ejemplos, sino por exceso de olvido bañada en ansias de progreso devenida de la pura suerte y no del trabajo honesto y tesonero. Pareciera que esa ha sido la regla que cunde en nuestro país.
Pero nuestra historia y nuestro presente están llenos de las excepciones. De aquellos que han logrado superar el atraso, las dificultades y hasta su propia herencia para enrumbarse en un porvenir exento de tantas carencias básicas, para lograr lo que sus progenitores iniciaron, la construcción de un futuro promisorio para su estirpe, llenos de alegría, donde nunca falte la alimentación, la salud y la educación, porque cubiertas estas necesidades lo demás se logra con mayor comodidad o al menos en mejores condiciones.
Y lo han hecho sin necesidad de la promiscua injerencia del “Gran Hermano” todopoderoso, de ese que todo lo sabe (y si no lo inventa), que todo lo puede porque es magnánimo, porque somos todos pero no es ninguno, que quiere estar en todas partes, hasta en nuestras alcobas y por si fuera poco, es inefable. Me refiero al Estado, esa cosa que de tanto en tanto nuestros políticos nos venden como el milagro en gotas: ordenarlo, relanzarlo e incluso, a los más imbéciles, les encanta revolucionarlo, para volverlo al final más grande, más poderoso, más omnipresente.
Por el otro lado tenemos ese estigma que nos lleva a los venezolanos a pensarnos seres especiales, como tocados por un nimbo divino a merced del cual somos capaces de enjuiciar en otros lo que sobradamente hacemos peor, trátese de propios o extraños. Es impresionante como, generación tras generación, cada vez más nuestros dirigentes se parecen más a aquellos a quienes otrora eran el blanco de sus ácidas críticas. Y esta condición muchas de las veces transciende el plano político para hacérsenos más cercana y familiar, pero como el ámbito político es el que termina alimentando al Gran Hermano, es a ese al que debemos prestarle mayor atención.
Claro está, sabiendo de antemano que no es cierto que los pueblos tengan a los líderes que se merecen, sino que los líderes son un reflejo exacto de la estructura de nuestra sociedad. Por ello, tenemos lo que tenemos, porque no somos mejores que ellos y si lo somos, no tenemos la suficiente valentía de inmiscuirnos seriamente en los asuntos públicos, como debiéramos.
Sólo para mencionar algunos ejemplos vale la pena rememorar algunos eventos de la cháchara política que en otros tiempos eran el caldo de cultivo de los tirapiedras que hoy nos gobiernan:
• Era célebre escuchar a los tirapiedras de antes, hoy devenidos en ministros, la crítica sobre la falta de autonomía de los congresistas de antaño. Su actitud, decían, provenía de la obligación para con el partido, como si fuera posible un político sin partido, peor aún, algunos hoy albergan esa idea como algo bueno y provechoso, sin reparar que el comportamiento de partido supone un compromiso de sus integrantes con una política y un ideal de partido, sin el cual no tendría sentido la asunción al poder del Gran Hermano. Hoy, se puede uno dar banquete viendo a los babiecas comunistas hacer lo que una vez pregonaban como pernicioso. Robusta estupidez pretender no hacerlo! Pero una cosa es la adherencia a las políticas del partido y otra muy diferente es que los funcionarios de lo que se supone son los demás poderes independientes, sigan al pie de la letra los mandatos del supremo líder. En ello debemos reconocer que este régimen se lleva la mayor puntuación y no puede ser diferente pues dichos funcionarios provienen de la casta intelectual más mediocre de nuestra sociedad.
• Si algo se le criticó a gobiernos pasados eran los gastos suntuosos en viajes de giras promocionales de cualquier pendejada o de cualquier acuerdo, que pasados los días no dejan de ser unas buenas voluntades inscritas en pergaminos que reposarán en el gabinete de algún burócrata de aquí y de allá. Claro está, es bueno reconocer el mercantilismo que en ocasiones termina llenando el bolsillo de algunos funcionarios y empresarios devenidos en alcahuetes aprovechadores de estos “tratados”. Para qué recordarle al lector lo que hace este gobierno de parecido, cuando no peor, en cuanto a esta materia se refiere.
• Al Imbécil de Sabaneta no se le ocurrió otra cosa hace algunos años (porque este desgobierno ya lleva muchos años, amigo lector) que hacer su mejor debut en un foro internacional, cuestionando la validez y la eficacia de tales clubes de países o cumbres de jefes de estados. Pero como reza ese viejo refrán “el pez muere por la boca”, allí lo vemos de cumbre en cumbre, por un lado “jalando mecate” para que lo dejen entrar en el club de los del sur, y por otro lado creando, inventando y promoviendo cuanto foro o asamblea de países unidos por cualquier pendejada se le ocurra, como si no fuera harto suficiente la conseja aquella de que el que anda con cojos al año cojea!
• Por último, no deja de extrañarnos del Imbécil de Sabaneta que se crea predestinado a ser el líder de otras naciones. Así lo han hecho sus antecesores, unos más que otros. Es así como hemos pasado de un presidente que regaló un barco a un país sin salida al mar para llegar a la no menos estrafalaria acción del Imbécil de Sabaneta, al promover la arenga de un grupo de empleados públicos, haciéndose pasar por “pueblo”, que debieron escuchar un discurso “traducido” en un estadio de un país musulmán. O peor aún, llegar a decirle a un líder musulmán que los pueblos de Venezuela y Palestina son hermanos, como si comer kibbe y tabule fueran suficientes para hermanar dos naciones.
Ejemplos como éstos sobran y ya casi ni nos asombran. Pero debiera aterrarnos el hecho de que nuestra sociedad siga permitiendo estos desafueros de sus representantes políticos, a menos, claro está, que de una u otra manera, la mayoría de nosotros estemos conforme con lo que tenemos. Siendo así, no nos merecemos nada mejor. Jodámonos!
[*] Dr. Patroclo Kaiserman / E-mail: patroclo.kaiserman@gmail.com
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