Elecciones 2011: momento de no retorno Rafael Eduardo Micheletti* / Soberania.org - 28/10/09
Las elecciones de 2011 constituirán necesariamente un gran dilema para la Argentina. Sé que puede sonarles a muchos como una afirmación exagerada, pero creo que en dichas elecciones lo que va a estar en juego será lisa y llanamente nuestro futuro democrático. Antes de desechar esta posibilidad de antemano, le pido al lector que por favor se detenga a pensar lo siguiente.
Previo a haber acumulado un poder considerable, Chávez apareció ante las cámaras de televisión aclarando que si él era presidente iba a respetar los capitales privados y a asegurar y alentar las inversiones. Paulatinamente fue acumulando poder mientras su descrédito crecía y generaba la oposición de una cada vez mayor parte de la sociedad. Pero se aseguró de aprobar una ley de medios que le permitiera intervenir en el sector de manera discrecional. Una vez alcanzado esto, nada lo detuvo en su afán por eternizarse en el poder. Se comenzaron a reprimir descaradamente las manifestaciones opositoras, se afianzó una red de clientelismo y adoctrinamiento con fondos públicos, se echó del país al representante de Human Rights Watch por haber denunciado la violación a los derechos humanos en Venezuela y se intentó una reforma de la Constitución, frustrada por muy escaso margen, que aspiraba a hacer de Venezuela un país completamente totalitario.
Por su parte, Kirchner apareció ante las cámaras durante la campaña presidencial de 2003 hablando pésimo de las retenciones, diciendo que las iba a eliminar porque sólo servían para “alimentar la burocracia nacional”. El partido del cual provenía estaba bastante desacreditado y había sido elegido presidente con muy pocos votos, por lo que tuvo que hacer buena letra hasta las elecciones de 2005. De hecho, designó a una Corte independiente y mantuvo en su lugar a Roberto Lavagna, ministro de economía de demostrada seriedad, independencia y criterio. Cuando llegaron las elecciones legislativas de 2005 anunció que plebiscitaría su gestión, negándole simbólicamente al parlamento su rol de control y su independencia.
Luego de triunfar en dichas elecciones, se le escuchó decir que a partir de entonces empezaría su verdadero gobierno. Y su verdadero gobierno comenzó. Echó a Lavagna, quien se fue denunciando coimas y capitalismo de amigos; intervino el INDEC, adulterando sus números y quitándole credibilidad a un instrumento de información ciudadana fundamental para la vida democrática; reformó el Consejo de la Magistratura, ampliando la influencia del Ejecutivo en la designación y remoción de los jueces; entró en reiterados conflictos con los integrantes de la Corte Suprema que él mismo había designado y que empezaron a denunciar pinchaduras de teléfonos y amenazas; aprobó una ley de superpoderes con la cual le quitó al Legislativo toda capacidad de control sobre el presupuesto nacional y logró aprobar una ley de servicios de comunicación audiovisual que, de aplicarse sin reformas, facilitaría un proceso ya iniciado de acomodamiento de empresarios amigos en el sector de los medios, le daría al Ejecutivo la facultad de otorgar a discreción las licencias en ciudades de más de 500.000 habitantes, prohibiría la comunicación y difusión de información a nivel nacional protegiendo los cercos informativos de las provincias feudales dominadas por el kirchnerismo y crearía una autoridad de aplicación dependiente del Ejecutivo, con la cual estarían en condiciones de doblegar o condicionar fuertemente a los medios independientes.
Últimamente, como si lo anterior fuera poco, salieron a la luz una serie de proyectos destinados, entre otras cosas, a adaptar nuevamente la ley electoral a las necesidades del oficialismo y a expropiar Papel Prensa SA. Con las reformas tan sensibles llevadas a cabo a las apuradas antes de que asuma la nueva mayoría legislativa, los Kirchner apuntarían a volver a estar en condiciones de competir en el 2011.
La permanente acumulación de un poder exagerado y discrecional por cualquier medio, la mentira descarada, la apropiación de una cada vez mayor cantidad de recursos de la sociedad civil, sus antecedentes feudales y autoritarios en Santa Cruz y la oscuridad y corrupción desenfrenada en el manejo de la administración pública nacional, dejan traslucir una clara tendencia antidemocrática en el proyecto político de los Kirchner Por su parte, la gente que los sigue evidencia un grado alarmante de cinismo, violencia y fanatismo. Un joven estudiante universitario, en plena edad de supuesto idealismo, llegó a decirme que el millonario, corrupto y patotero de Moyano era para él un verdadero patriota, mientras que los pequeños y medianos productores agropecuarios eran “oligarcas”.
Debemos recordar que una mentalidad tan siniestra como para encarar un proceso de destrucción y concentración de carácter totalitario ahorra en la medida de lo posible acciones que puedan dañar su imagen y dificultar su proyección política, pero lentamente va preparando el terreno para dar pasos repentinos y autoritarios que no tienen retorno. Ya nos han acostumbrado a los exabruptos de D’Elía, como si fuera un cachorro o un niño inmaduro que a veces se les escapa de las manos a los Kirchner, pero D’Elía sigue ahí, en primera fila en cada acto de gobierno a pesar de haber formado grupos de choque que reprimieron violentamente a ciudadanos inofensivos que se manifestaban con todo derecho y de manera pacífica y espontánea contra el gobierno.
Últimamente, han empezado a circular versiones de que el odioso y violento soldado de los Kirchner estaría formandogrupos de choque armados. Tan serias son estas versiones que han motivado pedidos de informe por parte de diputados opositores. Por otra parte, la agrupación Tupac Amaru, artífice del escrache y las agresiones al senador Gerardo Morales, ha reconocido estar recibiendo 7 millones de pesos mensuales del gobierno nacional, lo que evidencia una intención clara de los Kirchner de usar el poder del Estado para generar violencia contra los opositores.
La pregunta que debemos hacernos es: ¿hasta dónde será capaz de llegar este gobierno en un marco de creciente descrédito si logran poner en funcionamiento un aparato mediático censurador y manipulador como el de Chávez? Controlando los medios de comunicación, derogando el ballotage con una oposición dividida y aparentemente irreconciliable o fácil de fragmentar desde el poder, con todo el aparato estatal a su favor en un contexto de creciente pobreza y vasallaje clientelar, ¿qué ocurriría si el Frente para la Victoria llegara a ganar las elecciones? ¿No se animarían acaso los Kirchner incluso a practicar el fraude, como lo hicieron en Córdoba, en Formosa o en Misiones, si las elecciones fuesen parejas y el mismo pudiese ser disimulado o las protestas reprimidas teniendo los medios a su favor? Ya lo hizo también Ortega, su admirado y aliado presidente chavista de Nicaragua.
De ninguna manera los argentinos podemos permanecer tranquilos ante esta situación, y creo que si lo que va a estar en juego en las elecciones de 2011 es efectivamente nuestro futuro democrático, así como la sangre y las posibilidades de nuestra gente, lo mínimo que debe hacer la oposición es unirse detrás de un mismo candidato para que en las elecciones de 2011 haya un claro y arrasador triunfo que anule completamente a los Kirchner. Debería ser un trabajo arduo, prudente y escrupuloso, que incluya encuestas para ver cómo reaccionaría la población, por ejemplo, ante la conformación de un Frente para la Democracia, en oposición al Frente para la Victoria, integrado por la Coalición Cívica, el PRO, Proyecto Sur, el SI y, si desean sumarse y aceptan y demuestran compromiso suficiente con una reforma política profunda que sus partidos tradicionalmente caudillistas se han negado a llevar a cabo en los últimos cien años, también el radicalismo y el justicialismo disidente.
Nadie puede predecir los acontecimientos hasta el 2011, pero podemos prepararnos para lo peor por una simple cuestión de prudencia y responsabilidad histórica. Si las encuestas le dieran al kirchnerismo el 5%, nada de esto sería necesario, pero la verdad es que, en caso de serlo, llevarlo a cabo requeriría de mucho tiempo de acercamiento y negociación, por lo que me parece que comenzar lo antes posible constituye un verdadero deber moral de la oposición, por lo menos para lograr una capacidad suficiente de reacción y adaptación ante cualquier circunstancia imprevista que ponga en riesgo nuestro futuro democrático y nuestra capacidad de realizarnos dignamente como pueblo.
En cuanto a los nombres, los partidos más grandes deberían ceder lo suficiente para generar confianza e incentivos en los partidos más pequeños. Un primer gran acuerdo podría darse entre la Coalición Cívica y el PRO, pactando la mitad de los lugares en las listas para cada uno, empezando si se quiere con la CC, que cuenta con mayor estructura a nivel nacional. Una fórmula de consenso podría ser Carrió-Pinedo. Podría elegirse a un tercero neutral y convocante como Alfredo de Angeli o bien se le podría dejar el Ejecutivo exclusivamente a uno de los partidos para que el otro se abstenga de participar en las elecciones presidenciales apoyando públicamente al otro y, de esa manera, pueda colocar a su gente en las listas legislativas y al mismo tiempo evitar cualquier sospecha de la población sobre la existencia de un rejunte sin un programa de gobierno definido.
Si, por ejemplo, el PRO apoyara a Carrió en las presidenciales, Macri podría reelegirse como Jefe de Gobierno de la Ciudad Autónoma y pactar un amplio apoyo a su candidatura en 2015. Se estarían asegurando ocho años seguidos de reforma política y gobierno centrista al estilo Lula, Tabaré Vázquez o Bachelet, dirigentes que han encauzado definitivamente a sus países en las vías del desarrollo sostenido.
Sería perfectamente factible y a su vez fundamental asegurarse de que este frente democrático no sea un mero rejunte inorgánico que no pueda gobernar una vez en el poder. Esto no sólo serviría para despejar miedos en relación a una posible repetición del fracaso de la Alianza, que de hecho era un rejunte por el poder sin ideas ni programas definidos tal como el Frente para la Victoria, sino que, además, estimularía la participación ciudadana, establecería un rumbo y una alternativa clara y haría que cualquier esfuerzo ciudadano sea más atractivo y redituable, como por ejemplo en el caso de la fiscalización, que al ser unificada pasaría a ser mucho más eficiente.
Para conseguir consensuar un programa de gobierno detallado, cada partido debería ceder un poco de su programa de gobierno particular para reforzar y fortalecer valores y reformas fundamentales que harían a la verdadera diferencia entre el desarrollo y el estancamiento. Bien podría el PRO, por ejemplo, aceptar el ingreso universal a la niñez como parte de un sistema social integral. A partir de allí, las coincidencias serían mucho más comunes y fáciles de lo que se piensa.
Esta plataforma de gobierno detallada debería ser de carácter centrista, como se ha llevado a cabo con éxito en tantos países del mundo, e incluir una reforma política democrática que destrabe nuestro desarrollo y destierre para siempre toda amenaza feudal o totalitaria contraria a la paz, a la libertad y a la prosperidad compartida de todos los ciudadanos argentinos.
Tres mentiras de un candidato mentiroso
Tres mentiras más de Hugo Chávez a Jorge Ramos
en una entrevista al canal Univisión. 5 de Diciembre del 1998