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Caracas / Venezuela -
 


La teleología económica del poder
Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 04/11/09

La orientación de un gobierno siempre tiene una finalidad y se expresa por los hechos que la delatan. La experiencia latinoamericana del populismo es denotativa al respecto porque su vocinglería siempre apunta a la defensa de los débiles pero los resultados son distintos. Como lo demostraba la actriz Elaine Page en la Ópera Rock Evita, Eva Duarte le quitaba dinero a los ricos, se embolsillaba  la mayor parte y unas migajas iban a los desposeídos.

Los casos ocurridos en nuestra región son diáfanos al respecto.
El peronismo se desvivía por los descamisados pero se inclinaba hacia los sectores pudientes. Igual sucedió en Brasil con Getulio Vargas, Arnulfo Arias en Panamá, Velasco Alvarado en Perú, Velasco Ibarra en Ecuador  y la democracia clientelar venezolana con sus emblemáticos líderes C.A. Pérez y Hugo Chávez.

Ante un
discurso aparente de justicia social subyace la esencia del populismo: ser una praxis para favorecer a los segmentos más poderosos. El ejemplo más diáfano lo apreciamos en la gestión del actual presidente venezolano. Dueño de una filípica reivindicatoria de los pobres, la niega con los resultados de su gestión.

Atisbamos a Venezuela como un paraíso para ciertos sectores como el energético, el financiero y el de las telecomunicaciones. A las transnacionales hidrocarburíferas
se les convirtió de contratadas en socias. El Estado subsidia a los bancos y los seguros con su política monetaria y en el área de la telefonía y similares la rentabilidad es bien alta.

Mientras, apreciamos cómo los pasivos laborales son incumplidos e incluso la reforma de la Ley Orgánica del Trabajo es diferida sine die porque el principal empleador es el Estado y se generan ganancias para los
intermediarios en la emisión de bonos recientes. Ante el fracaso de la salud pública se gastan grandes sumas en pólizas privadas aunque la mayoría de la población carece de seguridad social.

Los planes asistencialistas, léase las misiones antes con otros nombres, constituyen un excelente imán electoral pero las soluciones permanentes en el plano social no se cumplen. El área productiva e industrial está virtualmente liquidada mientras se expande la de servicios incapaz de general empleos.

Los aborígenes son reconocidos constitucionalmente pero se les hostiga en la realidad. Vemos cómo se divide a las etnias con un manejo clientelar y se criminaliza a quienes luchan en la Sierra de Perijá, el cacique Sabino Romero y el antropólogo
Luisbi Portillo, para favorecer a los ganaderos de la región y a las transnacionales del carbón.

Los tratados contra la doble tributación se han firmado sin consultar a nadie a pesar de ser un tema trascendente ocasionando un ingente gasto a la nación. La lucha de clases se cumple pero de pobres contra pobres mientras
la delincuencia le ahorra al Estado recursos con el toque de queda impuesto a nuestra población.

La política económica pública está dirigida hacia el cometido de los grandes centros mundiales de poder. Mientras se apuntalan las áreas privilegiadas del sector servicio y se consolida a
Venezuela como un país rentista se incrementa la exclusión social. Es evidente que el telos del populismo se dirige a beneficiar a los factores poderosos en desmedro de las inmensas mayorías y sólo la bondad fiscal sostiene la actual gobernabilidad. Como lo afirma el narrador Jorge Volpi, en su obra El Insomnio de Bolívar,  tenemos democracias imaginarias.

 

 

[*] Humberto Decarli R. / E-mail: humbertodecarli@yahoo.es / Abogado, activista social y miembro de la redacción de El Libertario       



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Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 15/09/09

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