América Latina en la retaguardia
Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 09/12/09
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La región latinoamericana atraviesa un camino espinoso desde el punto de vista económico. Es un designio escogido por los centros mundiales de poder para la zona sin permitir el despegue hacia mejores niveles para elevar la calidad de vida de las personas. Apenas si el África subsahariana está peor en la escala mundial.
Así, vemos cómo varias naciones de este hemisferio producen bienes y servicios destinados a cubrir las necesidades de los países del Primer Mundo y los intereses de las transnacionales sin tener una perspectiva propia. La primera impresión para determinar esta situación se aprecia en las fuentes principales de divisas de las diferentes economías.
En tal sentido, Colombia tiene como principales ingresos los generados por el café y las flores, rubros que se corresponden con la agricultura tradicional. Cuba depende del turismo y como hay recesión en las naciones donde residen los vacacionistas, Canadá y España, las entradas han disminuido considerablemente amén de la baja del níquel, otro generador de finanzas.
Chile representa un mito creado en el imaginario popular como país avanzado desde el ángulo de la generación de riqueza. Todavía recae en el cobre y en los vinos, mariscos y pescados, el centro de su economía lo cual delata una dinámica bien tradicional y de rezago frente a los derroteros vanguardistas.
México con su enorme población se encuentra en una posición bien incómoda porque el oro negro y las remesas enviadas por los mexicanos desde los Estados Unidos constituyen el eje de su actividad económica. Desnuda también la visión impuesta desde Washington en los noventa de estimarlo como un ejemplo para la región.
Brasil presenta rasgos de industrialización y un comercio equilibrado y menos dependiente de los Estados Unidos pero sigue siendo una nación de contrastes, como afirmaba Frey Betto, con un 20% viviendo al nivel del mundo desarrollado y el 80% en las favelas de sus megaurbes.
Venezuela es el clásico paradigma rentista y sólo aporta fuente energética fósil a la globalización y cada día es más monoproductor. Es un proveedor seguro y barato del excremento del diablo a los Estados Unidos por ser el segundo exportador después de Canadá y posee una relación comercial ingente con la patria del Tío Sam.
El resto se encuentra en un estado lamentable e impregnado de precariedad. El Caribe y América Central conforman lugares donde el hambre campea así como el resto de Suramérica.
El paisaje de América Latina no es prometedor porque cumple un guión determinado por los centros financieros y económicos internacionales. Mientras existen sendas que apuntan hacia el futuro, las industrias avanzadas como la robótica, la microelectrónica, la informática, la aviación civil, la ciencia y la tecnología, cuya finalidad es estar al servicio del poder, la región se moviliza en operaciones de retaguardia por el corsé impuesto y cada vez la distancia entre los dos ámbitos se hace abismal.
Sin embargo, a pesar de la lamentable coyuntura por la cual circulamos, ese desarrollo como hasta ahora se ha ejercitado no responde a los deseos de los hombres y mujeres del planeta ni al respeto al ambiente. Simplemente el logos de la actual civilización causa un mundo dislocado capaz de destruir el hábitat de la tierra y también de ocasionar, no obstante los avances tecnológicos, que las cuatro quintas partes de la humanidad se encuentren en pobreza y exclusión social.
[*] Humberto Decarli R. / E-mail: humbertodecarli@yahoo.es / Abogado, activista social y miembro de la redacción de El Libertario
Artículos anteriores del autor:
La teleología económica del poder
Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 04/11/09
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