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Caracas / Venezuela -
 


Devaluación aciaga
Humberto Decarli* / El Mundo (Venezuela) - 14/01/10

Es un lugar común entre los venezolanos el desear al inicio de un año la mayor felicidad. Sin embargo, el Estado le dio un matiz aciago al 2010 cuando aprovechando las vacaciones anunció la devaluación del signo monetario en forma desproporcionada.

Las reacciones de la oposición frente a la modificación cambiaria  han sido coincidentes en aseverar que se trata de una ampliación de los recursos en Bolívares para destinarlos a la campaña electoral. Algunos sectores empresariales aceptan su pertinencia pero la critican por haberse tomado tardíamente.

Una devaluación es una decisión coyuntural buscando mayor liquidez a objeto de equilibrar una economía en el plano interno y supuestamente hacerla más competitiva, tesis sostenida por los voceros oficiales. Sin embargo, en América Latina ha sido tradicionalmente un instrumento apresurado para el logro dinerario entrando en una carrera de pérdida de valor de la unidad monetaria.

El modelo populista dio su primera muestra de debilidad en este plano cuando en 1983 la administración presidida por Luis Herrera Campins efectuó un fuerte descenso en la paridad cambiaria frente al dólar americano. Ulteriormente, todas las gestiones gubernamentales también lo realizaron cada vez que el barril de petróleo caía en los mercados internacionales, típico de una concepción rentista.  Así, los segundos gobiernos de C.A. Pérez y Rafael Caldera, además del interinato de Ramón J. Velásquez, siguieron la saga comenzada por el socialcristiano de Acarigua. Todos incursionaron en la aventura devaluativa en tránsito de disponer efectivo más por necesidad que por una estrategia apta para avanzar a la nación.

Llegamos al gobierno quintarrepublicano y la experiencia en nada se diferencia del puntofijismo.
La misma corrupción, la ineficacia, la existencia de banqueros saqueadores, la agenda electoral prioritaria, el clientelismo llevado a límites exponenciales y por supuesto, la toma de decisiones regidas por los organismos multilaterales.

La devaluación anunciada el viernes 8 de enero en horas de la noche seguramente obedece a los dicterios del Fondo Monetario Internacional, ente que dio un préstamo el pasado año al gobierno bolivariano y por supuesto puso condiciones. Sería acompañada de otras medidas clásicas del menú de opciones determinado por el ente de Bretton Woods como por ejemplo, el alza de los intereses bancarios.

Estamos en presencia de una iniciativa conservadora en el terreno económico y obedece a los criterios ortodoxos en esta materia. Un movimiento favorecedor del Estado y de las transnacionales pero el mayor daño se le ocasiona a los sectores populares quienes se verán afectados profundamente por la medida. La devaluación del Bolívar ha sido históricamente la causa más relevante de la inflación en Venezuela.

La toma de esta decisión se verá acompañada de todo un espectáculo donde los organismos supervisores estatales aparentarán perseguir a la especulación para poder mitigar los efectos de
un gobierno bien incapaz. Igualmente la crisis grave de electricidad que deja a Caracas en penumbras al no haberse hecho las inversiones oportunas además de la ausencia de políticas de viviendas y de seguridad personal, pueden incidir en colocar al administrador de la globalización en Venezuela en una situación de prescindencia si sufre merma en su carisma y se desvanece la gobernabilidad.

 

 

[*] Humberto Decarli R. / E-mail: humbertodecarli@yahoo.es / Abogado, activista social y miembro de la redacción de El Libertario       



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