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Caracas / Venezuela -
 


Cambio climático
Roberto Viera* / Soberania.org - 22/01/10

Ha terminado la conferencia sobre el cambio climático de Copenhague con un acuerdo que muchos califican como magro. Pero hay que ver esta reunión en su contexto histórico para apreciar  adecuadamente sus resultados.

La lucha contra el cambio climático es una continuidad de la
lucha general contra la contaminación ambiental que degrada el medio ambiente.  Esta lucha se ha estado dando de manera robusta por la ciudadanía de los países industrializados desde hace más de 50 años y va en aumento creciente.

Esta lucha que llegó a sus más altas cumbres en los años 80, en esos días, estando a punto de lograr una legislación en Estados Unidos que protegiera a la sociedad humana y al medio  ambiente del daño que causa la industria, trató  de ser detenida por el maligno presidente Ronald Reagan. En esos mismos días ocurrió el desastre medioambiental de los derrames de petróleo en las costas de Alaska por el barco petrolero Valdez. Esto ocasionó que triunfaran las leyes de protección ambiental de Estados Unidos. Estas leyes  aumentan significativamente los costos de producción de la industria. Por continuidad y siguiendo el ejemplo de los norteamericanos, en Europa se generaron diversas leyes para proteger al medio ambiente que aún están vigentes. Todos los países democráticos fueron triunfando en imponer leyes anticontaminantes.

Las industrias de acero de Pittsburg no ocultaron su disgusto por esta legislación que los obligaba a no dañar el medio ambiente. Pero los industriales barajaron sus posibilidades. Desde 1970, Henry Kissinger y Richard Nixon habían hecho acuerdos para usar mano de obra barata en China. Es histórica la oferta de Mao Zedong de 10 millones de mujeres chinas para trabajar en Norteamérica.  Aunque estos industriales norteamericanos son adictos a la mano de obra barata, tenían otra inquietud a finales de los años 1980 que era liberarse de los controles ambientales.  La gran solución se realizó durante la época del 90. Las industrias contaminantes de Estados Unidos se mudaron  a China. Resultado: China es hoy el primer productor mundial  de acero y da cuenta de un tercio de toda la producción mundial según estadísticas del IISI (International Iron and Steel Institute).

Esto es el resultado de las políticas adelantadas por la industria norteamericana para evadir las leyes ambientales de Estados Unidos. Para ello se han valido de las características de los países comunistas. Principalmente la existencia de un único actor social: el Partido Comunista. La ausencia por consecuencia de prensa y de grupos organizados ambientalistas. Esta ventaja para la industria norteamericana se suma a la otra ventaja fundamental que le ofrece el marxismo leninismo: la mano de obra barata. La diabólicamente barata mano de obra de las trabajadoras chinas.

En este contexto es que se debe ver la conferencia de Copenhague. El presidente Obama, siguiendo el mandato de los ambientalistas norteamericanos quienes le dieron su voto y el calor de sus luchas se plantea lograr medidas ciertas para impedir el cambio climático, y la primera medida es lograr detener la gran contaminación y destrucción ambiental que se produce en China promovida por los industriales norteamericanos que se mudaron de Estados Unidos. Para ello hay dos problemas.

A diferencia de los países democráticos donde fluye la información, en China nadie se entera de nada. Toda la información está represada. El objeto a lograr es que China acepte la supervisión internacional de los contaminantes, en este caso, las emisiones de carbono a la atmósfera. A esto se había negado siempre China, apoyada por las industrias contaminantes norteamericanas en su territorio. En esto hay un avance mundial en Copenhague pues en la declaración final China acepta la supervisión internacional.

Lo más pernicioso de todo esto es la sociedad entre el marxismo-leninismo y el
poder económico mundial para contaminar el planeta. El presidente Obama tiene por delante un gran reto, es hacer aprobar leyes contra el cambio  climático en Estados Unidos con una férrea oposición de los republicanos apoyados por el complejo militar industrial.

En todo esto se destaca la actuación del presidente Chávez quien hizo honor a su titulo de
“peón de oro del imperio”, cuando abogó porque le permitieran  a China aumentar sus emisiones contaminantes.  De todos modos los industriales europeos y asiáticos, todos saben y están completamente conscientes del papel de China como agente de las industrias contaminantes de Estados Unidos y del ridículo papel de Chávez en defensa de las emisiones de CO2 China.

 

 

(*) Roberto Viera - Email: directoyconcreto@yahoo.com / web: http://www.sobrevive.i8.com/

 

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