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Caracas / Venezuela - Martes 21/10/03
 


Trapacerías Imperiales
Francisco Mieres / Soberania.info - 21/10/03

Como protagonista exitoso, Soros muestra en sus libros ( “La crisis del capitalismo global” y “La sociedad abierta”), que la alianza dominante en esta sociedad post-industrial -la del capital financiero con el mediático- ha convertido el aparato productivo en un apéndice del sistema financiero-informativo, cuyo principal “producto” es la fábula.

La venta de fábulas es el negocio más rentable del mercado global, y sus managers más exitosos –los llamados “analistas simbólicos”- ocupan ahora las posiciones de mando entre los empresarios del Imperio, entre los jerarcas del Consenso de Washington, en Wall Street, en la banca y demás instituciones financieras mundiales. Manejando sus habilidades prestidigitadoras incluso contra sus socios, accionistas e inversores, estos fabuladores han logrado embolsillar ingresos fabulosos, cien o más veces mayores que los de los trabajadores calificados y aun profesionales. La reciente revelación de estas prácticas dolosas y fraudulentas en los centros del Imperio (New York, Houston, Washington) ha sembrado el escándalo y la desconfianza entre las víctimas inocentes, llevando a centenares de empresas a la quiebra (Enron, Arthur Andersen, & &) y a sus autores a los tribunales y a la cárcel. De paso, una de las mayores víctimas de la Enron de Texas fue la colectividad de California, timada en sus facturas eléctricas en 50 millardos de $ en dos años de “desregulación”, causante del déficit record de ese estado (superior al de todos los demás estados juntos) y del referéndum revocatorio a que está sometido su gobernador Davis.

Ahora el escándalo acaba de estallar en la mera meca del Imperio de la fábula: Wall Street. Su máxima autoridad, Grasso, ha sido destituido después de un cuarto de siglo allí, por incurrir en exceso de abuso en sus ingresos, y todo el directorio está en salsa por complicidad y contagio. Los excesos de especulación con “acciones-chatarra” en la “nueva economía” (de la alta tecnología) fomentados por los intermediarios financieros ya habían provocado un inmenso derrumbe de los valores allí cotizados, a partir del 2000, que significó a la postre el desinfle de Sillicon Valley y de las telecoms como vanguardia de la globalización. Internet se volvió el “correo de las fábulas”. La enlatadora principal de ilusiones, Hollywood está de capa caída, aunque su gran ícono Schwarzeneger, sin el mínimo temor al ridículo, aspire a la gobernación más codiciada y más conflictiva, para repetir la triste historia de Reagan, cuya única habilidad era la de repetir historias. Dice Robert Reich, exSecretario del Trabajo de Clinton (“The work of nations”): “En ninguna parte se siente más fuerte la mítica fuerza del libre mercado, y es defendida con más convicción, que en Wall Street, y en la miríada de instituciones financieras y legales conectadas con él”. Allí los analistas simbólicos están en su reino. Ese olimpo está ahora sacudido por la vergüenza y el escándalo. Pero otro olimpo, no menos poderosos, está también ahora obviamente perturbado por la pérdida de confianza de los crédulos. Es la Casa Blanca, suprema fábrica de embustes solemnes. Su jefe declara no haber dicho que Saddam tenía armas de destrucción masiva ni que estuviera involucrado en los atentados del 11-9. Otros lo escribieron, y él lo leyó. Los autores están en el Pentágono, en la CIA o en la Vice-presidencia. Es obvio que las aclaratorias empeoran su credibilidad. En suma, “al coincidir el final de julio con el comienzo de agosto”, como diría el corresponsal de Irún, las papas y el verano queman, los bosques arden y la tormenta Isabel inunda las ciudades del este de USA.

Desde luego, las trapacerías de los analistas simbólicos en finanzas y en política no se limitan a USA. En este momento está haciendo furor en Eurasia y Londres la ocurrencia de Abramovich, uno de los oligarcas rusos, hipermillonario por apropiación de recursos naturales y fiscales, actual gobernador de Yakutia, en el extremo oriente siberiano, convertido de pronto en el primer magnate del futbol inglés, por compra del Chelsea, con la nómina más cara del mundo, rebautizado Chelski por los ingleses.

Por su parte, como buena provincia petrolera, Venezuela fue convertida estos años en fábrica privilegiada de mentiras, con centro en PDVSA y sus satélites mediáticos. La caja negra financió la construcción del reino de la “meritocracia”, bajo la batuta de Giusti, para blindarla frente al Estado y sus advenedizos. Uno de sus fabricantes fue la McKinsey&Co., empresa típica de los analistas simbólicos de USA. Sorpresivamente, hizo su reaparición en PDVSA, después de su recuperación de manos del Gral. Lameda en abril de 2002, contratada por la directiva para auditar por enésima vez los cuestionados negocios extranacionales de PDVSA. O sea, McKinsey está examinando a su propia criatura.

Pero la mayor sorpresa viene de la última revelación: el director de esa empresa en Venezuela, y en el resto del área andina, A. Plaz Castillo, es Presidente de SUMATE, cuyo principal producto son las supuestas firmas al pie de la solicitud del referéndum revocatorio. Para remate, este mismo personaje aparece como beneficiario de contratos firmados con el IND, otorgados por el Viceministro de Deportes, para la promoción de los juegos deportivos de Cojedes a través de firmas como A&P, Make Entertainments, Iter Consultores, etc. Comentarios sobran. La moraleja es que en esta venta de fábulas tal vez haya que usar las artes del engaño, mas no abusar de ellas.


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