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En el Congreso Petrolero hubo que lamentar la ausencia
de notables personajes a quienes les correspondía estar,
en primer lugar aquellos que habían sido invitados a rendir
cuentas de sus acciones y de sus planes como autoridades del sector,
y que en lugar de la aceptación de este deber optaron por
hacer público su rechazo al evento, y pusieron en juego las
malas artes del poder para tratar de impedir su celebración.
Con cuya actitud no hicieron sino multiplicar las preguntas
pendientes de respuesta, y las sospechas de que el “misterio
petrolero” que dijera el padre Martínez Galdeano sigue
imperando como primera ley dentro de la caja negra de PDVSA y ahora
también en el MEM, exhibiendo a los nuevos jefes de La Campiña
como una autocracia tan cerrada como la que la precedió.
Como fruto de la inexplicada guerra oficial contra el vilipendiado
Congreso, cohonestada por el gobierno, se produjeron
otras ausencias lamentables, aparte las forzadas por la súbita
supresión de medios para llegar a Maracay. Las reglas
de la disciplina castrense aconsejaron la no presencia física
del Presidente Honorario, obviamente innombrable aquí, pero
cuya solidaridad espiritual expresada en mensajes fue saludada una
y otra vez por salvas de aplausos, como signo de agradecimiento
al valiente desempeño de él y sus colegas en la salvaguarda
de la soberanía nacional y en el restablecimento de la operatividad
en las dramáticas semanas de diciembre y enero pasados.
Es elocuente que la escogencia de Maracay como sede tuvo como motivación
la de aproximarse a ese sector del “pueblo en armas”
cuya lealtad había permitido ya en abril del año
pasado la restitución del primer magistrado y la retoma de
La Campiña de manos del infame general
Lameda. En breve, era “seguir el ejemplo
que Maracay dio”. En todo caso, la cercanía
espiritual se mantuvo y aun se vio reforzada en torno a esta causa
vital.
Otras ausencias lamentables no fueron explicadas, y dieron lugar
a muchas conjeturas. La de miembros de la junta directiva
de PDVSA cuyo veto por los Bush-Giusti boys
fue el pretexto para el paro de abril que lanzó el primer
golpe de Estado –inexistente según el máximo
tribunal!-, y que fueron excluidos de la directiva luego de la restitución
institucional y de la readmisión de los capitanes meritócratas
cabezas del golpe. Algunos de estos directivos “sacrificados
en aras de la (re)conciliación” con el capital
y el poder imperial se habían hecho presentes en los encuentros
regionales o en otros eventos preparatorios. Sus razones deben haber
tenido para abstenerse, mas no las hicieron explícitas, y
por ello su ausencia no fue brillante, como en el caso anterior.
Algunos de ellos están en la burocracia petrolera, y es posible
que hayan recibido órdenes expresas de no asistir. Si estaban
obligados a obedecerlas es la cuestión abierta.
Hubo también ausencias vergonzantes de quienes, apoyando
los motivos y fines del Congreso y habiendo participado en su preparación,
a última hora decidieron no mostrarse en Maracay, ya sea
porque “recibieron línea” oficialista
o porque juzgaran prudente no exhibirse. Como se sabe, la hipocresía
es el tributo que el vicio rinde a la virtud, y cada quien administra
su apariencia como quiere. Pero deben saber que el fingimiento también
se nota, y que el que calla otorga.
Por último, hubo quienes no participaron en nada, ni antes
ni después, aunque ocupen posiciones de líderes, los
que creían y siguen creyendo, como Teodoro,
que “el petróleo estaba en buenas manos”,
aun las de Giusti, puesto que estaba nacionalizado,
y que sus muchachos eran “un activo tecnológico
invalorable” e insustituible. Estas almas cándidas
se han comprado todos los mitos, cuentas y cuentos de PDVSA, los
de antes y los de ahora. Su ausencia no la notó nadie
en Maracay.
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