• Venezuela es el país con mayores riquezas petroleras
del mundo; nuestras reservas son prácticamente infinitas,
por tanto inagotables;
• Las necesidades de petróleo y de gas en el mundo
son crecientes hasta el infinito, por los siglos de los siglos,
por lo que tenemos asegurada la venta de nuestra producción
sin ninguna limitación;
• Lo único que tenemos que hacer es seguir produciendo
y refinando cada vez más para asegurarle al país
ingresos crecientes, sin preocuparnos tanto por los precios;
• No hay contradicciones entre los países exportadores
de petróleo y las potencias importadoras, sino complementaridad:
unos y otros se necesitan, y sus necesidades pueden armonizarse
en los diálogos de productores y consumidores;
• Por ende, no hay ningún antagonismo entre la OPEP
y la Agencia Internacional de Energía creada por Kissinger;
lo que está habiendo es un entendimiento creciente para
una planificación conjunta del futuro energético
de la humanidad;
• No hay ningún propósito imperial anti-OPEP
en el Programa Nacional de Energía de USA lanzado por Bush,
sino una búsqueda de seguridad energética, petrolera
ante todo, de ese país, lo que refuerza la posibilidad
de un acuerdo de largo plazo entre nuestros dos gobiernos, para
garantizarle por nuestro lado el abastecimiento de petróleo
y gas;
• Esa posibilidad ya había sido abierta por la propuesta
de ALCA energética formulada por Clinton para formular
un pacto hemisférico en materia de hidrocarburos;
• Los proyectos de internacionalización nos dan
garantía de colocación de refinados en los mercados
del norte para los crudos más pesados, y son beneficiosos,
aunque nos den pocas ganancias; debemos corregirlos, mas no eliminarlos;
• Los incentivos de impuestos y otros para asegurar la
presencia de las compañías extranjeras, y la asociación
con ellas dentro y fuera del país, es vital para obtener
capital, mercados y tecnología para la expansión
de nuestra producción y comercialización de hidrocarburos;
• Debemos evitar los excesos de privilegios que dimos a
las transnacionales en la apertura petrolera, mas tampoco deberíamos
volver al exceso de estatización pautado en la Ley de Nacionalización;
en lugar del 100% para el Estado fijado en esa ley, nos basta
con el 50%, para buscar una solución fifty-fifty como en
la ley de 1943;
• La única nube en el horizonte brillante de la
demanda petrolera podría venir del protocolo de Kyoto,
fruto de la obsesión ecologista de limpiar la atmósfera
del planeta; pero afortunadamente tenemos en Bush un gran aliado
para liquidar esa amenaza.