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Caracas / Venezuela -
 


De París a Caracas: El vicecanciller de cuello rojo...
Theo Vera* / Soberania.org - 10/11/10


En los tiempos en que Hugo Chávez luchaba electoralmente para conquistar el poder, el actual viceministro Temir Porras disfrutaba de una vida dorada en París. La Cuarta República le financiaba sus estudios en Francia. Temir Porras no es un chavista de la primera hora. Más aún, miró con desconfianza la llegada de Hugo Chávez a Miraflores a quien calificó de neo-populista. Como muchos, estaba convencido de que el fenómeno Chávez sería de corto tiempo. Las circunstancias políticas demostraron lo contrario y Temir Porras, oportunista sin límites, decidió treparse al tren de la revolución.

La beca que le ofreció la Cuarta República llega a su fin, pero no así sus estudios. Tiene necesidad de financiar la prolongación de su formación. La ocasión se le presenta de prestar sus servicios a la embajada de Venezuela en París. Maximilian Sánchez lo introduce en el medio diplomático y el embajador Jesús Arnaldo Pérez lo emplea como su secretario. Con una elevada sagacidad se incrusta en la oficina del embajador como propagandista. Al mismo tiempo se inscribe en el Círculo Bolivariano de París que, por cierto, no es su creación como él varias veces lo ha afirmado con el fin de inventarse una historia de militante que no tenía.

Una vez instalado en los predios de la embajada y por supuesto, con un salario seguro, los conflictos afloran entre muchos chavistas que ven con desagrado su actitud arribista y petulante. Son varias las personas que le oyeron decir «si Jesús Arnaldo Pérez es embajador en la patria de Victor Hugo, yo puedo con bastante facilidad ser ministro en la patria de Bolivar». Toda su estrategia de ascenso la construyó sobre una idea simple: Porras está convencido de que es muy fácil brillar en medio de la indigencia intelectual de los chavistas, basta superar de un ápice la propia mediocridad. Dura tarea pero la tenacidad de Porras es tan grande como la tajada que lo espera si logra la pulitura que la falta.

Temir Porras, es un hombre impaciente que mira con cierto desprecio a los dirigentes que para entonces tienen posiciones de poder y que a diferencia de él, no tienen el capital cultural de los diplomas acumulados en su larga estancia parisina.

Nadie en París olvida sus declaraciones (ver Aporrea.org) indicando que "los chavistas de la embajada de Venezuela en París ganan seis mil dólares mensuales sin hacer nada por la revolución". Probablemente en su fuero interior -saturado de cinismo- piensa hoy que las horas extras en su desempeño como viceministro, justifican la apropiación malhabida de recursos ajenos. Hay que recordarle a este funcionario formado en Francia que en el país de Montesquieu, cuando un alto miembro de la administración entra al gobierno, está obligado a declarar todos sus bienes. Este sano principio si se lo aplicamos hoy a Temir Porras, sería de consecuencias éticas graves para este viceministro que entró en un cargo gubernamental sin un céntimo en el bolsillo y lo abandonara enriquecido después de expoliar lo que en principio es propiedad de la nación.

Como lo cantaría Serrat : nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio. En cambio, su manifestación nos coloca siempre en la necesidad de hacer uso de una fuerza moral y de un coraje intelectual, que individuos como Temir Porras no tienen. Todas las acusaciones lo señalan como único responsable de la desaparición de más de cuatro millones de euros que estaban destinados a financiar, en parte, la presencia de Venezuela en la exposición internacional de China. Su silencio es revelador de que algo huele mal en su conducta. Un acto de pillaje ha sido perpetuado y Temir que es egresado de la alta escuela de administración francesa (ENA) no da la cara. Se esconde esperando que otros ruidos y otras cacerolas borren el escándalo donde su figura es el centro de todas las acusaciones que por cierto, dicho sea de paso, emanan de otros Chavistas que no aceptan proteger a este pillo de cuello rojo.

Temir Porras es denunciado por la totalidad del cuerpo diplomático de la embajada de Venezuela en China. Con determinación lo señalan como único responsable de la desaparición de cuatro millones de euros. No son escuálidos, ni contra revolucionarios, son factores endógenos chavistas los que lo asocian a un delito de détournement.

Curioso personaje este viceministro. Desde que llegó a Venezuela y cada vez que puede gritarlo le dice a quien quiera oírlo que sus estudios los realizó en la alta escuela de la administración francesa. Pero, ¿sufre Temir Porras de amnesia? ¿Se olvida de conceptos claves que deberían impregnar su conciencia moral y guiar sus actos? Mencionemos algunos de esos conceptos para refrescarle su mente: Abuso de bienes sociales, corrupción activa, toma ilegal de intereses, tráfico de influencia, conflicto de intereses... Este reducido léxico jurídico lo evacuó Temir Porras de su memoria. Estas categorías, que son la sustancia misma de los cursillos que tomó en Francia indican una dirección clara: Temir Porras es depositario de una autoridad pública (viceministro) y de una misión de servicio público que a todas luces no ejerce con probidad. Su conducta no puede ser asimilada a otra cosa diferente que no sea la de un acto de pillaje, de expoliación, para captar recursos hacia su peculio personal y familiar.



Temir Porras en tres secuencias ilícitas

Primera acusación: Nepotismo, conflicto de intereses y tráfico de influencia.

Cuando el viceministro hace uso de su poder de alto funcionario para imponer a su esposa en la función de dirigir y diseñar la estructura arquitectónica del pabellón venezolano en China (foto superior), crea un conflicto de intereses. Esta designación redondea el negocio de los Porras. Se trata de un claro favoritismo familiar. La pícara parejita ministerial asegura de esa manera la captación de una parte de las divisas pagadas en dólares americanos. Los dos se "asocian" en un movimiento de complicidad que impide la entrada de otros competidores. Con seguridad le entregó el contrato a su esposa sin ningún tipo de licitación. Un verdadero cas d'école que muestra el abuso de poder, los conflictos de intereses donde Temir Porras favorece a la arquitecta Andrea de Porras.

Segunda acusación: Plagio y derecho de autor

No le bastó a Temir Porras con imponer a su mujer. Quiso ir más lejos en la transgresión de la normativa legal. Probablemente con la intención de brillar y de impresionar al Presidente de la República, promocionó como autora intelectual de la estructura arquitectónica (pabellón) a su esposa. En realidad el verdadero autor de la obra es el arquitecto Luis Facundo quien fue relegado a un rol secundario de simple maquetista. Las acusaciones de plagio enfrentan hoy al verdadero actor intelectual (arquitecto Luis Facundo) con la astuta pareja que quiso ganar gloria con escapulario ajeno. Luis Facundo introdujo una demanda judicial en Caracas y en París. Al menos en la ciudad luz la independencia de la justicia le puede garantizar al arquitecto Luis Facundo un proceso equilibrado. Los Porras, que conocen Francia, deben estar "asustaditos" por las consecuencias jurídicas que pudiera tener la resolución de este litigio en el suelo galo.

Tercera acusación: Toma ilegal de intereses y abuso de bien social.

El nepotismo, el conflicto de intereses y el plagio no fueron suficientes en la intensidad de delinquir. El viceministro en su voracidad ilimitada quería mucho más. Cuatro millones de euros transitaron por sus manos y probablemente hoy ganan intereses en una cuenta en Paris. Ciudad donde sueña con retornar después de las elecciones del 2012. Claro, siempre queda la duda. Hipótesis una, se lo apropió solo; hipótesis dos, se lo apropió con otros cómplices; hipótesis tres, le entregó una parte a la caja chica del partido de gobierno. En cualquiera de los tres casos la responsabilidad principal es suya y de su sibilina conciencia de hombre poco honesto.

En la institución francesa donde tomó los cursillos de cómo administrar el erario público sus profesores de derecho le explicaron que la corrupción implica siempre el encuentro de dos entidades: El corruptor y el corrompido. Pues bien, en Temir Porras se funden los dos roles. Temir es el corruptor que corrompe la conciencia de Porras. Temir se paga y le da el vuelto a Porras con la absoluta seguridad de que el manto de la impunidad lo va a proteger de cualquier sanción. Con esta escroquerie el pobre Montesquieu debe revolcarse de vergüenza en el cementerio donde reposan sus cenizas.

Temir Porras no es lo que es y sobre todo no es lo que debería ser. Si él y su señora pueden dormir tranquilos, es porque saben que lo más grave que les puede ocurrir es que a Temir Porras lo separen de su cargo, pero en ningún caso lo obligaran a rendir cuentas. Sabe desde ahora que no lo van a inhabilitar y mucho menos irá a una de esas cárceles sórdidas donde van a parar los venezolanos que se roban una gallina. Maduro hasta lo podrá premiar con un carguito diplomático en la ciudad de sus sueños, tratamiento que la revolución da a aquellos que en materia de corrupción se tragan un burro y no lo eructan.

Ahora bien, a este burócrata de cuello rojizo deberían obligarlo a hacer una pasantía en el círculo bolivariano del barrio los Erasos en San Bernardino. Quizás un militante de base de ese pueblo olvidado bien podría apretarle la tuerca de la moral pública que se le aflojó cuando vino de Paris a Caracas. Parafraseando a Carlos Marx "el muerto de Temir terminará atrapando al vivo de Porras". A bon entendeur salut.

 

 

[*] París, Theo Vera

 

 

 


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