Colapsó el golpe gorila en Venezuela
Jorge Altamira /
Partido
Obrero (Argentina)
- 07/02/03
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Después de 62
días de lock out patronal y
de sabotaje sistemático a la producción petrolera, los golpistas
venezolanos decidieron seguir una vieja recomendación norteamericana
para los casos definitivamente perdidos: declarar
victoria y abandonar la escena. En efecto, luego de enumerar los "logros" del
lock out, las grandes patronales de Venezuela se batieron en retirada
en medio del descrédito, el fracaso e incluso el derrotismo. Una publicación
de circulación restringida, que refleja las opiniones de los
grandes grupos monopólicos, resumió el desastre de
este modo: "En pocas palabras, el paro ha quedado muy lejos de las
expectativas, y parece haber debilitado, más que fortalecido,
la capacidad de la sociedad para defender la democracia (sic). Hugo
Chávez probablemente no puede creer la suerte que ha tenido:
sus oponentes no terminan de deslastrarse de una estrategia que cada
vez los debilita más" ( VenEconomía semanal ,
29/1). En los días previos al levantamiento del lock out patronal,
los columnistas de los diarios (todos opositores al gobierno) rivalizaban
en imputar el fracaso del sabotaje a los dirigentes oficiales de
la Coordinadora Democrática o a algunas de
sus fracciones. El campo gorila es, por el momento, pura confusión y dispersión.
El papel de la clase obrera
El fracaso del paro ha profundizado la
situación revolucionaria que existe en Venezuela, esto debido
a que ha agravado a extremos la bancarrota económica que ya
se venía insinuando con anterioridad y a que ha acentuado
la movilización popular en calidad y cantidad. A pesar de
la tolerancia del gobierno con las manifestaciones opositoras, al
punto de que no convocó a ninguna movilización popular
en más de dos meses, la concentración chavista del
23 de enero fue multitudinaria, pero por sobre todo reflejó la
disposición de lucha de los sectores más pobres y oprimidos,
en especial de Caracas. Lo más importante, sin embargo,
es el papel que jugaron importantes sectores de la clase obrera en
la tarea de desbaratar el lock out patronal. El proletariado forzó el
funcionamiento de la gran industria pesada en el sur del país;
en la ciudad industrial de Valencia, los sindicatos clasistas mantuvieron
una movilización constante contra los cierres; en
la refinería
y en la petroquímica de Puerto La Cruz el
95% de los trabajadores concurrió a trabajar y mantuvo la producción
en el 65-70% de sus niveles corrientes (o sea, en 700.000 barriles
diarios),
a pesar de que el personal superior adhirió al lock out en
un 70%. Los trabajadores sacaron naturalmente la conclusión,
aquí, de que "se rompió el mito de que solamente
una elite bien preparada es la que puede conducir la empresa" (mensuario Punto
de Vista , enero 2003, Anzoategui). Los dirigentes de la organización
clasista La Jornada le dijeron al mismo periódico que "al
impedir la paralización de la refinería logramos salvar
el gobierno de Chávez de una segura caída". Los
obreros de Puerto La Cruz habían sufrido en el pasado la represión
del gobierno de Chávez cuando se opusieron a la privatización
parcial de la empresa de fertilizantes Fenitro.
Es decir que estamos ante un sector obrero con una elevada independencia
política
del Estado capitalista.
El ejército y la crisis por
arriba
En segundo orden con relación al movimiento
de obreros y pueblo, el fracaso del paro obedeció a otros
dos factores importantes. El primero es el
rol del ejército,
el cual intervino para
enfrentar el sabotaje en la industria y en el petróleo e incluso
allanó a dos grandes pulpos que
acaparaban alimentos y bebidas. En muchos cuarteles
tienen lugar reuniones y asambleas donde se discute la situación
política
sin restricciones. Luego de la derrota del golpe del 11-14
de abril pasado, las fuerzas armadas fueron depuradas de los elementos
gorilas.
De cualquier modo, la posición de los uniformados
refleja un fenómeno más profundo, a saber, que
no podrían
ejercer una función de arbitraje entre el imperialismo y las
masas e impedir de este modo una guerra civil, si no es apoyándose
en el pueblo para contener los extremos fascistas de la oposición
patronal. Esto se refleja en los choques que se ve obligado
a enfrentar el ejército con la guardia metropolitana de Caracas,
que está al
mando de un intendente gorila, Peña. Este
cada vez más
problemático arbitraje militar motivó que el alto mando
militar le reclamara a Chavez una posición contenida en cuanto
a llamar a los explotados a ganar la calle y a enfrentar la conspiración
antinacional de la oposición. Chávez alega
la necesidad de mantener el apoyo militar a la hora de justificar
las razones para no movilizar al pueblo y para sustituir esta movilización
por discursos emotivos e incendiarios. Pero en el campo contrario
hay una agitación permanente a favor del armamento del gorilismo
y en buena parte de los barrios golpistas existen guardias y servicios
armados, sistemas de comunicaciones y la organización de servicios
de emergencia. Al margen del gobierno, los
barrios populares han comenzado a hacer lo mismo. El otro factor que contribuyó el
fracaso del lock out ha sido la división de los golpistas,
ya que detrás de una inestable mayoría que pretende
la remoción constitucional de Chávez se mueve un sector
pinochetista que sostiene que los antagonismos de clase han llegado
muy lejos como para que resulten viables las soluciones electorales.
Es así que una gran parte de la industria, del comercio y
de los servicios no fue afectada; no faltó alimentos, ni transportes,
ni electricidad. La prolongación no prevista del lock out
acabó golpeando mortalmente a parte de la burguesía
golpista, al punto que se estima que ha provocado la quiebra del
30% de las empresas. Un verdadero tiro en contra. Para colmo de males,
el gobierno de Bush podía apoyar un lock out breve y de efectos
ciertos, pero de ningún modo la enorme prolongación
que tuvo, porque esto afecta el abastecimiento
de combustible para Norteamérica, en vísperas de la
guerra contra Irak. Se dio así la paradoja de que mientras el "castro-comunista" Chávez
había firmado un convenio que garantiza el abastecimiento
de petróleo por 20 años, los "libreempresistas" de
la oposición desarrollaban un lock out que podía terminar
en una gran escasez de combustible en condiciones de guerra. (Según The
Washington Post , "los intereses petroleros ha(n) llevado a
la Casa Blanca a abrazar la creación del grupo de países
amigos de Venezuela, originalmente criticada por Bush", dice El
Nacional , de Caracas (26/1). "Por su parte, informa el mismo
diario, el rotativo The New York Times aseveró que
la crisis en Venezuela crea nuevas complicaciones para la campaña
del gobierno de Bush para sacar del poder al presidente iraquí Saddam
Hussein..."). En definitiva, los empresarios sostuvieron el lock
out adelantando los sueldos en concepto de vacaciones y aguinaldos,
pero de aquí en más la situación se tornó insostenible.
Los despidos injustificados en enero (prohibidos por la legislación
chavista) han superado a los registrados en todo el 2002. Es
decir que el fracaso del lock out ha creado un colapso social que
deberán
pagar los patrones o las masas, no hay términos medios.
Situación
revolucionaria
El derrumbe del lock out ha dejado al desnudo
una situación extraordinariamente revolucionaria. De
un lado, la clase dominante sabotea activamente a su propio Estado,
lo que ha dejado a la fuerza armada, y más allá de ella al
propio Chávez, como único y último factor de
arbitraje, pero en las condiciones precarias de carecer de base en
la clase que monopoliza los recursos materiales del país. Del
otro lado, las masas han salido a defender un Estado que no es el
suyo, con el resultado de que esta defensa no le reporta ningún
beneficio importante ni tampoco alguna mejora sustancial en su nivel
de vida, pero además lo hacen con sus propios métodos,
lo cual socava la estabilidad y perspectivas de ese Estado. Así lo
demuestra el siguiente hecho extraordinario: no sólo entre
los obreros y los sindicatos clasistas sino incluso en buena parte
de los ministerios el tema del día es el control
obrero, por
la perspectiva de que en los próximas días comiencen
a quebrar empresas masivamente y por la razón aún más
importante de que sin un control obrero no
sería posible normalizar
la actividad de PDVSA, la empresa estatal de petróleo y cuarta
productora mundial, ante la deserción masiva del personal
superior vinculado a los monopolios internacionales. En
Venezuela tiene lugar una ofensiva encarnizada de parte del imperialismo,
de alcance internacional, que pretende liquidar los últimos vestigios
de producción estatal de petróleo en nombre de la "internacionalización". El
gobierno de Chávez hizo fuertes concesiones a esta ofensiva
con su "apertura petrolera", pero entró en choque con ella
cuando reclamó que se incrementaran los ingresos fiscales
mediante mayores regalías y un control de los llamados "precios
de transferencia" de las exportaciones (que los jerarcas de PDVSA
subfacturaban para trasladar los beneficios al exterior). El colapso
económico ha llevado al gobierno a establecer el control de
cambios. Lo ha justificado en la necesidad de preservar las reservas
y para no aumentar los salarios como consecuencia de una devaluación.
Esto último demuestra el carácter conservador del chavismo
frente a la crisis, porque en Venezuela una gran parte del pueblo
no llega a reunir un dólar por día y porque un aumento
de salarios sería un poderoso factor de movilización. El control de cambios ha desnudado una crisis en el oficialismo ya
que el Banco Central se ha negado a asumir la responsabilidad de
su manejo. De todos modos, este control no resuelve nada toda vez
que el gobierno se encuentra en virtual cesación de pagos
con la deuda pública y en el campo privado la deuda incobrable
habría pasado del 7 al 20% de la cartera bancaria ( El
Nacional , 29 y 31/1). El gobierno pretende
pagar los títulos
que vencen con la emisión de otros nuevos, por dos mil millones
de dólares, por los cuales se le pide tasas de interés
de alrededor del 20%, lo que significa una tasa de riesgo-país
de 1.600 puntos. Una cesación de pagos provocaría el
derrumbe bancario y la inevitabilidad del "corralito". Es decir que
Venezuela tiene planteada la nacionalización sin indemnización
de la banca y la centralización de los recursos financieros.
La medida es sencillamente elemental en un
país donde la banca
es una suerte de caja general de los movimientos financieros de la
empresa estatal de petróleo.
Control obrero
El
control obrero se discute en el oficialismo en términos de "autogestión",
por la cual los obreros adquirirían las empresas que quiebran
con el monto de los salarios impagos y las pondrían a funcionar
como emprendimientos privados. Sería una forma de rescate
parcial o total del capital privado, aunque incluso en esta forma
la "autogestión" requeriría una nacionalización
de los bancos para hacerla viable, con lo cual las empresas pasarían
a girar en torno a un plan financiero único. El
control obrero de las empresas en quiebra deja de lado, sin embargo,
el problema de fondo, que es el control obrero de PDVSA. El
sabotaje del 90% de la nómina superior no deja otra alternativa que el control
obrero o la reincorporación de gran parte de los saboteadores. En
torno al control obrero gira el destino de la cuestión
petrolera. Pero la internacionalización de PDVSA transformaría
al control obrero en una crisis internacional con el capital. El
control obrero de la industria y de PDVSA, o sea la elección
de comités de control por parte de las asambleas obreras y
la formación de un comité nacional de control y gestión
obreras, es incompatible con el actual régimen político. El
chavismo es un nacionalismo petrolero limitado, que procura apropiarse
de la renta diferencial que deja la producción de petróleo,
con objetivos ambiguos de industrialización y redistribución
de ingresos. Paradojalmente, la nacionalización petrolera
de 1976 y la incorporación de Venezuela a la OPEP produjo
el efecto contrario, la salida de la renta petrolera al exterior,
a partir de la autonomía política que adquirió PDVSA,
y en lugar de la industrialización un enorme despilfarro
y corruptela. En cierto modo el chavismo
quiere volver a la situación
pre-nacionalización, por eso lanzó la "apertura
petrolera y del gas", pero transfiriendo el control de PDVSA
al ministerio de Hidrocarburos. Es
un planteo menos radical que el del 76. Incluso entre sectores chavistas
se sospecha que la división de PDVSA
en una rama occidental y
otra oriental sería una
maniobra para burlar la disposición constitucional que prohíbe
la privatización del organismo central pero no de
sus filiales. El problema del limitado
nacionalismo chavista es que aún
así choca con la ofensiva capitalista internacional de arrebatar
el control del petróleo a todos los estados nacionales. Hay
una fuerte crisis en este punto en México y Arabia Saudita
y es la causa última de la guerra contra Irak.
El
nacionalismo latinoamericano
El movimiento popular es masivamente
chavista e incluso entre los sectores revolucionarios predomina la
tendencia de "presionar a Chávez". Es decir que no existe
una delimitación política del nacionalismo de contenido
burgués, pequeño burgués o militar ni el señalamiento
de sus límites insalvables, esto a pesar de la larga historia
de los fracasos y de las capitulaciones del nacionalismo latinoamericano.
Las demandas y reivindicaciones relacionadas
con la situación
actual no deben tener por mira la presión sobre el chavismo
como objetivo estratégico sino la formación de una
vanguardia obrera y de un partido obrero revolucionario. Cualquier
programa de reivindicaciones transitorias que no apunte a este objetivo
estratégico viola su método esencial y se convierte
en una suerte de seguidismo al nacionalismo. A
partir del control obrero, y por lo tanto de la ocupación de empresas, se desarrollará un
doble poder, no sólo con referencia a la burguesía
conspiradora sino al propio gobierno. Lo mismo debe ocurrir con el
armamento del pueblo, explicando incesantemente que las fuerzas armadas
tienen limitaciones insalvables para ser garantía contra el
fascismo, por la simple razón de que reflejan el medio social
en que actúan, que está dominado por el monopolio capitalista,
y las presiones de las diversas clases, en primer lugar de los estados
imperialistas.
La revolución venezolana y sus "amigos"
El
derrumbe del lock out golpista ha llevado al gorilaje a depositar
toda su salida en el "grupo de amigos" que formaron Lula y Bush y
en la mediación de Jimmy Carter, el cual es amigo personal
del jefe máximo del gorilaje, Gustavo
Cisneros, patrón
de los medios de comunicación y de las principales empresas
e incluso sospechado de narcotraficante. Los "amigos" se han transformado
en el principal peligro de la revolución por el momento. Su
exigencia fundamental es el reenganche o reposición del personal
superior saboteador de PDVSA. Todo lo demás está condicionado
a este punto. Naturalmente, la bancarrota económica puede
paralizar al gobierno, desmoralizar a las masas y ofrecer nuevas
oportunidades a la reacción. El colapso
del lock out ha roto el inestable equilibrio precedente y arrastrado
a la sociedad a una crisis revolucionaria. ¿Revolución
en Venezuela? Efectivamente. No la inició Chávez, él
es sólo una expresión
y una etapa de esa revolución. En febrero de 1989,
con el "sacudón" o "Caracazo" que
enfrentó el ajuste brutal del entonces gobierno de Carlos
Andrés Pérez; con el levantamiento popular
de febrero de 1992 que encabezó Chavéz; con el golpe
nacionalista derrotado de noviembre del mismo año; con la
movilización
revolucionaria que derrotó el golpe contra Chávez en
abril de 2002; con la lucha que hizo colapsar el reciente lock out
oligárquico; el pueblo y la nación venezolana
han entrado en un período de convulsiones revolucionarias
que ha enseñado
mucho a las masas y a sus luchadores. La situación
presente expresa la maduración de todo este período
y, naturalmente, el extraordinario agravamiento de la situación
mundial. La
cuestión es siempre la misma: la delimitación socialista
del nacionalismo burgués en la lucha nacional contra el imperialismo
y la preparación política del proletariado para que
tome el poder en sus manos.
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