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En medio del silenciamiento del centenario
de Pérez
Alfonso,
de la propuesta de "Universidad de la energía" en
su nombre, y del fiasco aparente de la oferta de las parcelas gasíferas
en la zona Delta-Paria,
sólo se oye hablar del caso de la Orimulsión:
el enredo del siglo, la confusión absurda,
generada al parecer por el "nuevo cerebro" extranjero contratado
por La Campiña para dirigir el "plan
de negocios" petroleros,
la ya célebre Mc Kinsey Company, involucrada también
por su jefe nacional (Alejandro Plaz Castillo) en la dirección
suprema de las actividades referendarias de "SUMATE!" y en la gerencia
de los juegos juveniles de Cojedes.
Este nuevo monstruo
bicéfalo
que hemos importado, dependiente del excelentísimo Señor
Emabajador Shapiro, por una parte, y de su cúpula corporativa
en USA, por la otra, ha venido a sustituir al cerebro informático-estratégico
(la SAIC-Intesa) injertado por Giusti en la cabeza del caballo
de Troya para manejar sus riendas, en especial
durante las operaciones de emergencia como las de abril y diciembre
del 2002.
Habiendo
fracasado en este teatro de guerra, no sin antes provocar destrozos
terribles a nuestra sociedad y nuestra economía, ahora la
SAIC (Science Application International Company) está concentrada
en la dirección de las operaciones de Iraq y de Afganistán,
donde se las han complicado de manera harto inesperada, generándole
sorpresas amargas a la suprema cúpula de la Casa Blanca,
que tal vez le cuesten el cargo al junior texano. Por eso la SAIC
es candidata al "Salón de la Mala Fama" corporativa donde
ya reposan como cadáveres otras empresas tejanas o cuasi-tejanas
como la Enron y la Arthur
Andersen, y adonde pueden entrar también
la Halliburton y la Bechtel
Corporation y hasta la Fluor por sus
trapacerías en Iraq y en Afaganistán.(La "Zapata
Petroleum" de Papá Bush hace mucho que quemó sus
papeles para borrar sus delincuencias en México, Cuba y
el resto del Caribe, al lado de la CIA).
Pues bien, a estas malas
compañías parece haberse
sumado ahora la Mc Kinsey, que ya había sido cómplice
de Giusti en la organización y el blindaje de su meritocracia,
y que pese a ello fue contratada por la presidencia de ¿la
nueva? PDVSA para revisar lo que ya Juan Carlos Boué había
evaluado y reevaluado de sobra, la red viciosa de evasión
fiscal y cambiaria llamada "internacionalización" (en verdad
desnacionalización),
en gran parte armada por la propia Mc Kinsey. Era poner el zamuro a revisar la carne podrida. Como
era de esperarse, en vez de verla como un "desastre fiscal", como
la llamó Boué, la McKinsey lo que hizo fue convalidar
la Citgo y otras criaturas mostrencas del desastre giustífero.
Satisfechos con este magnífico logro, los jefes de La Campiña
le encargaron evaluar las actividades petroleras internas. Y
he aquí que al comparar Bitor y su orimulsión, estrictamente
nacional, con las asociaciones estratégicas transnacionales
de mejoramiento de los crudos extrapesados, gran negocio para los
socios foráneos pero pírrico para la Nación,
la McKinsey concluye que hay que acabar con Bitor!. Ipso facto,
con admirable obediencia y sin la más mínima deliberancia,
los jefes de La Campiña deciden: al diablo la orimulsión,
hay que acabar con Bitor. ¡Nunca se había registrado
un disparate tan descomunal en nuestra historia petrolera, después
de la entrega del asfalto de Guanoco, junto con
media Venezuela en la concesión Valladares, a la Caribbean
Petroleum Corporation,
por Juan Vicente Gómez!
Pérez Alfonso decía
que el hallazgo de los fabulosos recursos de la Faja del Orinoco
había enloquecido a los arbitrarios e ignaros gerentes,
y ello daba lugar a que la bautizaran como petrolera, petrolífera,
bituminosa, etc., según los propósitos de cada uno.
Los que querían "ponerla en el mostrador" y
otorgarla en concesiones de una vez la llamaban petrolera, y punto. Los
que la veían como reservar estratégica para nuestro
patrimonio y nuestra tecnología nacional la bautizaban bituminosa
y la pusieron a salvo de las empresas, bajo la tutela del Ministerio
de Energía y Minas, para fines de investigación y
experimentación. La presión de los empresarios
con prisa pudo más, y en una fecha patria, paradójicamente,
se les entregó la Faja. El "plan" que idearon
a partir de allí los Shellmen y Exxonmen fue
tan estrafalario por lo descomunal que se consagró como
el primer megadisparate de
PDVSA. Basta una cifra para captarlo: había que invertir
100 millardos de $ en los 20 años finales del siglo XX!.
Por eso bautizamos la Faja como "faja mitominosa",
porque daba lugar a todos los mitos. Aquel "plan" se
cayó, hasta que
Sosa y Giusti volvieron con la
idea de "poner
la Faja en el mostrador",
abriéndola al capital foráneo, dando lugar, junto
el Cristóbal Colón del gas y la
internacionalización,
a un nuevo megadisparate cuyo desastre fiscal estamos aún
padeciendo, ante la incompetencia y la complacencia de La
Campiña.
Entre tanto, el INTEVEP había conseguido SU producto,
NUESTRO producto: la orimulsión, el único total y
exclusivamente criollo. Al pronunciarse a favor
de la fórmula transnacional
contra la nacional, KcKinsey simplemente revela su fidelidad al
gran capital privado del cual es agente, así como su afiliación
a la visión meritocrática transnacional.
El
colega Rafael Quiroz ha
abundado en datos y argumentos al respecto. Trabajadores, técnicos
y gerentes de Bitor, así como de INTEVEP, sorprendidos por
las insólitas decisiones de abogados e ingenieros de la Campiña,
obedientes de McKinsey-SUMATE!, han expresado su rechazo. La dirigencia
petrolera mitominosa actual pasará sin duda a la historia
como autora de este megadisparate record.
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