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Ante
una multitud perpleja, el mago hizo un gesto y desapareció el
hambre, hizo otro gesto y desapareció la injusticia, hizo
otro gesto y todos estuvieron felices. Entonces, de entre la
multitud, apareció un hombre de virtud, habló con
sabiduría y realismo. Al primer gesto que hizo, desapareció el
mago.
Un chiste es gracioso en un auditorio donde todos comparten
la misma atmósfera, pero para miles de telespectadores obligados
a verlo y escucharlo puede convertirse en algo grotesco u ofensivo.
Esto obedece a su necesidad de una audiencia viva, arrebatada y
aprobatoria de sus servidores, quienes siempre se muestran o los
muestra impúdicamente arrastrarse ante él: eso es
algo que todos los venezolanos aborrecemos.
El saltar, sin orden ni
concierto, de un tema a otro, sin fijarse en ninguno en concreto
es lo que más desconcierta a los
menos educados y a los menos informados y mina el énfasis
y la importancia de cualquier discurso. Los
supuestos planes importantes se vieron y se ven sepultados por
un alud de anécdotas domésticas,
irrelevantes y tontas. Por hablar
en exceso, deja ver un flanco que mucho daño le hace: lo que omite, los temas que la gente
está esperando escuchar.
Así podríamos catalogar el discurso de ayer del
Presidente. Sin embargo, en algún momento declaró,
para asombro nuestro, que "las crisis, a veces, hay que
provocarlas" "...Yo
me declaro responsable de la crisis de PDVSA" "...Cuando en un
Aló Presidente saqué un pito y empecé a botarlos,
yo provoqué la crisis" "...Cuando amenazaron con parar la
industria yo los dejé, no quise que nadie interviniera,
claro, luego nos agarraron de sorpresa..." (aquí apagué el
televisor con gran indignación).
Woody Allen dijo en una oportunidad: " Morir es como dormir, pero
sin levantarse a hacer pipí". Eso es lo que está pasando
a la gente en este país moribundo de brazos cruzados o cabezas
genuflexas, cuando el Presidente en forma
pública y notoria
reconoce que él provocó y alentó la crisis
de la industria petrolera, lo que ocasionó perdidas multimillonarias
a la nación y al patrimonio de la industria petrolera,
cuyas consecuencias aun no han terminado de verse. Es como desarmar
al ejército ante una invasión enemiga.
Ante semejante
irresponsabilidad, no nos queda la menor duda que está alimentando
otras crisis (venta de activos y mercados) dentro de la industria
para, dentro de su ignorancia y desgobierno, satisfacer sus delirios
y los bolsillos de sus aliados y amigos.
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