La FAN frente a la crisis colombiana
Manuel
Isidro Molina* / Semanario La Razón (Venezuela)
- 01/02/04
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Con las apreciaciones del excanciller colombiano Fernández
de Soto -vertidas en un libro, ya bastante publicitado- resurgió uno
de los temas favoritos de los circuitos asociados indisolublemente
a la política continental estadounidense, en tanto que primera
potencia militar, económica y comunicacional del Imperio
Capitalista Mundial (ICM). Es la recurrente alharaca "académica",
política, económica y comunicacional de quienes asumen
a Venezuela no como nación libertaria, soberana e independiente,
sino como pieza del desempeño estratégico de los
Estados Unidos de América.
Me refiero al tema de "la guerrilla colombiana". Los
asociados al trasnochado macartismo betancourista no hacen más
que repetir la propaganda difundida por los dispositivos -extraordinarios
dispositivos- desplegados por Washington, con una palanca fundamental
en su industria cultural, la más poderosa del planeta y
de la historia humana.
No pretendo defender al indefendible gobierno
robolucionario de Hugo Chávez. Es un tema complejo, como complejas son
las realidades regional latinocaribeña, binacional colombo-venezolana
y continental americana, sobre las cuales gravita precisamente
la política expansionista de EUA, con sus bases militares
desplegadas a partir de 1999 -cuando su "Comando Sur" fue
retirado de Panamá-, desde Florida
y el territorio colonial de Puerto Rico en la jurisdicción
estadounidense, hasta la Patagonia argentina. En mi libro La otra cara del
Imperio (2002), está reflejada esa nueva realidad
imperialista que tiene a Colombia como centro de entrenamiento,
combate y control de operaciones, potencialmente continentales.
Se complementa el dispositivo con las bases
aéreas de Manta
(Pacífico ecuatoriano), Aruba y Curazao, bajo el argumento
de la lucha contra el narcotráfico; la base amazónica
de Iquitos (Perú), la isla Diego García (Atlántico
Sur) compartida con Gran Bretaña, y por supuesto las bases
estadounidenses en El Salvador y Guatemala.
En ese contexto, el conflicto
interior colombiano ha tenido históricamente
repercusiones fatales para la vida venezolana, sin tomar en cuenta -en
este planteamiento- los litigios territoriales. Los gobiernos colombianos
y los factores de poder económico y comunicacional que ellos
han representado eficientemente sobre un manto de pobreza y desesperanza
entre sus pobladores, siempre han tratado de ocultar las reales
dimensiones de su guerra interior: íntimamente asociadas
a las injusticias sociales, en el
hermano país reina la
intolerancia, la corrupción política y administrativa,
o el desmadre de las bandas delictivas del narcotráfico,
robo de vehículos, secuestro y extorsión, contrabando
y el asesinato a cargo del mundialmente famoso "sicariato colombiano",
de brazo largo e inmisericorde.
La matanza que sufre el pueblo colombiano
no es imputable a Venezuela, en ningún tiempo. Y precisamente,
porque nos afecta tan severamente es que nuestra sociedad ha exigido
a las autoridades colombianas el incremento de sus dispositivos
de seguridad fronteriza y control de la delincuencia.
La FAN, como
instrumento del Estado venezolano para garantizar el respeto a
la soberanía nacional, la integridad territorial
de la República y su paz interior, así como el consabido
apoyo al desarrollo nacional con justicia social, tiene frente
a Colombia el mismo reto de siempre: proteger
nuestras zonas fronterizas, sin pasar a formar parte del dispositivo
de dominación continental
que es en realidad el "Plan
Colombia".
La política militar llevada autocráticamente por
el presidente Chávez ha sido un fracaso, durante estos cinco
años. Sin embargo, la experiencia y formación de
nuestros oficiales -en su inmensa mayoría patriotas ajenos
a la vocación neocolonial de algunos y a la sinvergüenzura
de los adulantes medradores-, ha impedido un descalabro total.
Profunda preocupación genera el creciente poder de
fuego del Ejército de Colombia, la Policía Nacional
(con armamento de última generación y experiencia
en combates urbanos y rurales de todo tipo), sus guerrillas y sus
paramilitares. La Fuerza Armada Nacional está peligrosamente
debilitada.
Mientras el Comandante en Jefe se la pasa habla que habla,
transportándose
al siglo XIX, halagando la dictadura militar de Marcos
Pérez
Jiménez y baladroneando a diestra y siniestra, los
aprestos operacionales de la FAN estarían en su peor momento, durante
los últimos veinte años, contando los últimos
cuatro quinquenios de los presidentes Jaime Lusinchi, Carlos Andrés
Pérez (Ramón J. Velásquez), Rafael Caldera
y Hugo Chávez Frías.
La guerrilla colombiana es un hecho
histórico y político
incontestable, producto de la confrontación interior de
Colombia, sus injusticias y especialmente la intolerancia que ha
distinguido a la rancia oligarquía colombiana, insensible
y altanera, criminal y explotadora. Y no son exageraciones.
Los colombianos,
soberanamente, deben encontrar una salida compleja y realista,
que beneficie al pueblo colombiano. A eso está dispuesta
Venezuela. Siempre lo ha estado, independientemente de los graves
problemas internos que hemos confrontado y seguiremos enfrentando,
ojalá en paz y en democracia.
La Fuerza Armada Nacional no
tiene por qué involucrarse
en el conflicto interior colombiano, guerra
de baja intensidad,
pero guerra al fin. Debe reaccionar vigorosamente frente a las
incursiones de la guerrilla, los paramilitares y la delincuencia
mafiosa que nos afecta. La guerrilla es fundamentalmente
un hecho político, como expresión de la realidad interior
colombiana, su dinámica económica y social, su historia
y su cultura.
Lo lamentable del coro macartista y neocolonial que
se ha reactivado, es su desconocimiento de la realidad política colombiana:
un archipiélago de elecciones rodeadas de plomo e injusticias
por todas partes. Su fatiga le impide ver esa complejidad, pues
tienen el propósito obsesivo de sacar al presidente Chávez
de Miraflores. Con Chávez o sin Chávez, el problema
colombiano lo seguiremos teniendo a un costado, y requeriremos
de una Fuerza Armada Nacional nacionalista, realmente venezolana,
nunca incrustada en los planes de dominación continental
desarrollados por Estados Unidos de América. Es decir: al
tiempo que nos preparamos integralmente, junto a nuestra Fuerza
Armada Nacional, para el resguardo soberano de Venezuela, estamos
obligados a propiciar salidas políticas a la parte política
y social del conflicto interior colombiano. Aparte
del hecho guerrillero, la sociedad colombiana pareciera condenada
a llevar durante varias décadas más, la cruz de la delincuencia y la corrupción
que la destroza.
Los venezolanos debemos continuar conviviendo en
paz y armonía
con los centenares de miles de hermanas y hermanos colombianos
que han tenido que cruzar la frontera para sembrarse decente y
productivamente entre nosotros, como lo hemos hecho durante décadas
sin xenofobias baratas, mezclados en descendencias venezolano-colombianas
que han enriquecido al crisol de gentes que somos. Ni el trato
político a la guerrilla colombiana, ni la convivencia útil
con los emigrados o las indispensables relaciones binacionales
multifactoriales tienen por qué impedir la lucha sostenida
contra los delincuentes, sean éstos colombianos, venezolanos
o de cualquier nacionalidad, incluidos los de "cuello blanco" tan
en boga en tiempos de "robolución".
Requerimos una política nacional efectiva y con aliento
estratégico, en esta compleja materia. Los desmanes de la
irracional e irresponsable confrontación del "chavismo" y
el "antichavismo", han desarticulado cualquier posibilidad de lucha
contra los delitos fronterizos y la defensa de nuestra soberanía
e independencia. Reconstruirla sobre nuevas bases es indispensable.
EL CONFESIONARIO
EL BALCÓN DE LOS REBELDES volverá al
aire por Radio Sintonía (1420 AM), en horario vespertino,
de lunes a jueves. Estamos ajustando los detalles con Raúl
Vallejo, director de la muy escuchada radioemisora con buena cobertura
en Caracas y los Altos Mirandinos. NUEVA MAYORÍA tendrá su
primera asamblea plenaria el próximo sábado 7 de
febrero, en Caracas. Estamos trabajando colectivamente, con optimismo
y deseos de propiciar una plataforma política nacional que
permita la unión de millones de venezolanos, en torno a
un liderazgo sin rabos de paja. Parafraseando al Libertador
Simón
Bolívar, queremos sumar "talentos con probidad", para
acabar con el azote politiquero que estrangula a Venezuela.
* Artículos publicados
en mi columna "Pasando la Hoja" del semanario "La
Razón"
Manuel Isidro Molina - manuelisidro21@hotmail.com - manuelisidro@tutopia.com
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