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Los mentideros políticos están alborotados estos
días con los rumores acerca de los preparativos de un nuevo
intento de golpe, impulsado desde el Norte por las acusaciones
lanzadas por Chávez acerca de su participación en
los anteriores.
No puede descartarse nada con respecto a lo que
puede tramar una oposición cada vez más exasperada con la reducción de su influencia, y sobre todo con la perspectiva
de que su paño de lágrimas, el referendo
revocatorio,
se frustre por decisión del CNE. Pero
un golpe básicamente
interno parece tener cada vez menos viabilidad, habida cuenta de
cómo han ido perdiendo control y poder los maquinadores
políticos de la oposición sobre los factores sociales
que fungieron de protagonistas de las acciones de abril y diciembre
famosos.
Fedecámaras, según la encuesta que aquí hemos
comentado, ya no cuenta con palancas para intentar un nuevo lockout como el que encabezó, y que la llevó a un suicidio
de la clase empresarial, pero además ésta le ha retirado
toda su confianza a los politiqueros y sindicaleros de oficio,
y ha estado tendiendo puentes económicos normales
con el gobierno, en busca de la recuperación de beneficios. Por
otro lado, las rondas de negocios oficiales en que participan empresas
nacionales básicamente, se han multiplicado, junto con las
disponibilidades para el financiamiento crediticio, lo que se traduce
en una elevación del empleo que se añade a los planes
gubernamentales tipo "vuelvan caras".
Las misiones sociales educativas,
reforzadas por subsidios económicos, sin duda han estado ampliando el apoyo popular al gobierno, lo que se manifiesta en
la mayor movilización política y en la vigilancia
frente a las movidas de la oposición. La
CTV es
como si no existiera, tal ha sido el descalabro de su credibilidad como
segundona de los políticos y del gremio empresarial. Tampoco
cuentan los presuntos golpistas esta vez con la "meritocracia" giusti-bushista
de PDVSA, que fue su arma principal en el intento decembrino, y
los trabajadores leales son ahora los más vigilantes para
la prevención de intentos subversivos.
Las fuerzas armadas,
por su parte, son el sector donde quizá más ha crecido
la conciencia de la vulnerabilidad que significa la dependencia
económica, sobre todo energética, para la soberanía
nacional, así como sobre la labor antinacional de los grandes
medios, como agentes y promotores de la intervención imperial. Y, en realidad, es con esto con lo que creen contar. Su esperanza
es la Casa Blanca.
Pero el año que acaba de sufrir Bush a
consecuencia de su temeraria iniciativa de lanzarse sobre Iraq y
echarse encima todo el mundo árabe-islámico, más
la reacción de los pueblos latinoamericanos frente al despotismo
financiero del Norte, lo tiene descalabrado
ante la oposición
demócrata creciente y la elevación de la militancia
antiimperialista en su propio país, arruinándole
su perspectiva electoral. ¿Puede un mandatario medianamente
responsable lanzarse a una aventura intervensionista en tales condiciones? Si
lo fuera, no puede. Pero bien sabemos que no lo es, y que la desesperación
es mala consejera. Pero, en definitiva, es sabido que a la postre
el consejo de su padre es decisivo. Y éste
es un personaje más taimado. Por eso la probabilidad de
tamaña barbaridad es reducida.
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