Mi paso por un gobierno breve
José Gregorio
Vásquez / Analitica.com
(Venezuela) - 23/05/02
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En esta hora aciaga que vive nuestro país quiero intentar
transmitirles algo de los sentimientos y emociones que estoy viviendo,
sobre el papel que me ha tocado desempeñar y las situaciones
que he tenido que enfrentar. Todos los venezolanos
pudimos con horror observar por televisión el tristemente
famoso video donde aparecen concejales de la Alcaldía
de Caracas, militantes
del MVR, de los mal llamados círculos
bolivarianos y de
las hordas armadas controladas por Freddy
Bernal entre otros, disparando
a mansalva contra inocentes y pacíficos manifestantes.
El
11 de abril de 2002 quedará escrito en las páginas
de la historia de Venezuela como un día triste y sangriento,
pero glorioso a la vez, en el que la inmensa mayoría de
los venezolanos salimos a las calles a exigir, en uso de nuestros
legítimos derechos constitucionales, la salida de Hugo
Chávez de la Presidencia de Venezuela. No existe en
la memoria histórica del país un hecho que pueda
tan siquiera comparársele a esa manifestación, inédita
no sólo por el número de participantes sino por que
en ella estaban representados todos, todos los sectores del país,
sin distingo ninguno de clases sociales, ni de ideologías,
ni de tendencias políticas. Allí estaban las amas
de casa, las bravas mujeres de este país, los estudiantes,
los obreros, los profesionales, los comerciantes, los empresarios,
los políticos, los periodistas, todos, allí estábamos
absolutamente todos los venezolanos que representamos el país
que queremos, el país que soñamos, el país
que merecemos.
Ante la contundencia de los hechos la respuesta del
gobierno no fue otra que reprimir a la fuerza y con desmedida violencia
aquella inmensa masa indefensa de compatriotas, asesinando a por
lo menos 17 de ellos e hiriendo a más de un centenar.
En
ese trágico contexto las fuerzas vivas del país
reaccionaron en consecuencia; los medios de comunicación
en actitud valiente comenzaron a mostrarnos la verdad de lo que
estaba ocurriendo mientras Hugo Chávez se dirigía
al país en cadena nacional tratando de ocultar la masacre
perpetrada. Entonces un mayoritario y representativo grupo de militares
institucionalistas comprendió lo que ya muchos de nosotros
sabíamos, que Hugo Chávez no podía continuar
al mando de los destinos del pueblo de Venezuela. Decidieron
pronunciarse constitucionalmente en
contra del gobierno; y sin disparar un solo tiro lograron en horas
de la madrugada hacer renunciar a Hugo Chávez,
quien fue posteriormente trasladado al Fuerte Tiuna. Acto
seguido, todos tuvimos la oportunidad de ver por televisión
al General en Jefe Lucas Rincón anunciarle
al país la renuncia
de Hugo Chávez a la Presidencia de la República.
Lo
demás es historia, en virtud del vacío de poder
absoluto que se había producido Pedro
Carmona Estanga le anunció al país que se le
había solicitado asumir provisionalmente la Presidencia
de la República y así lo hizo. De
inmediato un grupo de los más reconocidos abogados del país comenzó a
redactar el acta
de constitución del gobierno provisional, la cual fue
consultada con los sectores involucrados. No quiero entrar a analizar
el Acta en cuestión, eso prefiero dejárselo a los
expertos en la materia. Tampoco pretendo tapar el Sol con un dedo,
resulta obvio el hecho de que se cometieron
errores en la redacción
de dicha acta, errores graves no hay duda, pero esos errores estaban
en vías de solución, y me consta que el gobierno
de transición estaba mas que dispuesto al diálogo
y la rectificación. No deja de llamarme
poderosamente la atención el hecho de que muchos de los más importantes
redactores de dicha acta hoy nieguen cualquier participación
en la misma, allá ellos con su conciencia.
Como muchos otros
venezolanos me desperté emocionado, feliz
de ver el amanecer de un nuevo país, en Caracas se respiraba
un aire distinto aquel día. Decidí ir muy temprano
en la mañana a Miraflores, pero creo que llegué demasiado
temprano. Cuando llegué notifiqué en la puerta que
venía como un ciudadano más a colaborar con Pedro
Carmona Estanga y a expresarle mi solidaridad en aquel difícil
momento de crisis nacional, de inmediato me dejaron pasar. Como
sería mi sorpresa cuando me di cuenta de que yo era la tercera
persona que llegaba al Palacio. En el despacho
del General Vietri Vietri, Jefe de la Casa Militar,
se encontraban ya Daniel Romero y Juan Mejías. Luego de tomarnos un muy necesitado cafecito,
apareció el Contralmirante Carlos
Molina Tamayo quien le
informó al General Vietri que tenían que reunirse
más tarde para coordinar la trasmisión de mando de
ese despacho. Nosotros tres, motus propio, pedimos dar una vuelta
por las dependencias del Palacio, se nos asignó a un funcionario
de la Dirección de Servicios Generales para que nos acompañara
y comenzamos nuestro recorrido. A medida que avanzábamos
comencé a darme cuenta de que aquello no era un recorrido
político turístico por el Palacio de Gobierno, sino
que nos estaban haciendo entrega de Miraflores, la vieja casona
había sido literalmente abandonada por sus antiguos inquilinos.
Se nos informó que el Presidente Carmona estaba por llegar
y nos invitaron a recibirlo en la antesala de la Puerta
Dorada,
es decir la puerta Presidencial. Llegaron algunos civiles y empezaron
también a llegar los jefes Militares. Nos tocó presenciar
los honores que se le rindieron a Pedro Carmona a su llegada a
palacio. Al poco rato llegó monseñor
Ignacio Velasco.
Las
manecillas del reloj comenzaron a rodar de manera vertiginosa y
a medida que la mañana iba avanzando aumentaba el flujo
de gente por los pasillos, empresarios, políticos, sindicalistas,
periodistas, curas, miembros de la sociedad civil organizada, curiosos,
oportunistas, jala bolas, etc. Un nutrido grupo de militares se
apoltronó en el despacho presidencial de donde no habrían
de salir en varias horas. Carmona se movía de un lado para
el otro, entre el despacho protocolar, el privado y la suite del
segundo piso. Dos preguntas se repetían constantemente: ¿A
qué hora
es el acto? Y ¿ya está listo el gabinete? Ninguna
de las dos tenía una respuesta clara.
Entre la muchedumbre
se vio pasar a Carlos Ortega en lo que sería
su única visita a Miraflores durante el tristemente
breve gobierno de transición. Mi nombre le fue sugerido a Carmona
para ocupar el cargo de Viceministro de la
Secretaría, él
aceptó gustoso.
Ya con designación de por medio decidí empezar a
asumir en la medida de lo posible mis funciones. Unas personas
me llamaron y me dijeron que querían entrar por El
Manguito,
entrada posterior del Palacio, a fin de no ser visto por los periodistas,
les dije que yo los esperaría en la puerta. En camino hacia
dicha entrada me conseguí con Rafael
Marín a quien
le expresé mi preocupación por la situación
del naciente gobierno al tiempo que le pedí el apoyo institucional. Él
me manifestó que se estaban cometiendo errores, yo asentí diciendo
que teníamos que buscar solución a los mismos; luego
me manifestó que hablaríamos más tarde y me
pidió que lo acompañara a una puerta trasera. Le
dije que iba camino de El Manguito a esperar unas personas y que
gustosamente lo acompañaría a él.
Alrededor
de las 2 y media de la tarde estuvo listo el decreto y
me tocó a mí llevarle a Carmona el documento. Él
lo leyó y dijo que estaba bien. Le pedí a una de
las pocas secretarias que estaba en el área de la Secretaría
Privada que le sacara varias copias. Carmona le hizo un par de
modificaciones menores y me tocó volver a imprimirlo, posteriormente
yo mismo comencé a sacarle copias. Mientras luchaba en vano
con la fotocopiadora frente a mí estaban Juan
Raffali, Gustavo García y Gustavo Linares Benzo, sentados frente un computador
redactando a la carrera otro decreto, al terminar fueron a hablar
con Carmona para presentarle su proyecto. El despacho estaba atiborrado
de gente, estaban entre otros monseñor Velasco, Cecilia
Sosa, el trío prenombrado, el coronel-abogado Rodríguez
Salas, y muchos otros militares. Vi a Carmona titubear, habló por
teléfono por espacio de varios minutos en presencia de todos
los que estábamos allí. Al colgar Carmona se volteó hacia
los presentes y nos dijo:
-Vamos entonces.
-Hay que hacerlo -le dijo monseñor Velasco al Presidente
provisional.
Entonces el Coronel Rodríguez Salas le hizo entrega a Carmona
del juramento que él había redactado. En medio de
todo aquel despelote alguien informó que habían arrestado
a Tarek William Saab , le consultaron
a Daniel Romero qué hacían con él, y Daniel
contestó:
-¡Que lo suelten de inmediato!
En camino hacia el Salón Ayacucho, alguien preguntó:
-¿Quién va a leer el decreto?
-Que lo lea Daniel.
Salimos al Salón Ayacucho, yo me senté en segunda
fila detrás de Monseñor Velasco, tenía de
un lado a Cipriano Heredia y del otro al general Ovidio
Poggioli.
Cuando el maestro de ceremonia comenzaba a hablar, me volteé hacia
Poggioli y le pregunté:
-¿Ya soltaron a Tarek?
Y él me contestó:
-Si, eso fue un error.
El resto del acto es por todos conocido. Cuando comenzaron a llamar
por nombre y apellido a las personalidades que firmarían
el acta, pensé para mis adentros que se estaban cometiendo
errores protocolares y políticos, ya
que el primero en ser llamado tenía que haber sido el representante
de la CTV,
pero cuando nombraron a Alfredo Ramos y este no apareció,
sentí que el piso de aquella tarima se desmoronaba debajo
de mi silla.
Concluido el acto se hizo en los pasillos una interminable
fila de personas que querían firmar el acta en el Salón
de los Espejos, la escena se prolongó por más de
dos horas. El bullicio y el descontrol continuaba, mi celular no
paraba de repicar, llamadas de familiares y amigos expresándome
su solidaridad eran la mayoría, pero también recibí llamadas
de supuestos amigos preguntándome por el estado de contratos
que tenían en marcha con el gobierno, ofreciéndose
para cargos, pidiendo favores, etc. La noche cayó y cuando
volví a ver el reloj eran alrededor de las 9. Ya los pasillos
de la vieja casona de Misia Jacinta habían vuelto a la normalidad.
Fui hacia el despacho presidencial y me encontré con el
Almirante Briceño García quien habría de ser
mi jefe por menos de 24 horas. Estando con Carmona al frente entró alguien
y nos comunicó que la situación en la Embajada
de Cuba era insostenible, Carmona pidió que le comunicaran
con el Embajador de inmediato. A los poco minutos le pasaron una
llamada, era la esposa del Embajador de Cuba. Habló con
la señora por un largo rato y le dio todas las garantías
posibles. Colgó, nos dijo que estaba muy cansado que se
quería ir a dormir y nos pidió que nos encargáramos
de lo de la embajada. De inmediato nos pusimos a llamar a la Electricidad
de Caracas y a Hidrocapital para que enviaran cuadrillas de emergencia
que restituyeran los servicios básicos y se llamó al
General Damiani para que coordinara la seguridad. Mi celular repicó,
era mi mamá para preguntarme si quería cenar algo
al llegar a la casa, miré el reloj, eran las 11 de la noche
y recordé que solo había tomado café en todo
el día. Salimos, Briceño, su asistente y yo hacia
mi carro, les di la cola hasta el Palacio
Blanco donde tenían
aparcado el de ellos y me fui solo manejando por una ciudad que
dormía feliz. Al llegar a mi casa me senté a comer
con mi Mamá y mi Papá y como era de esperarse ellos
me preguntaron:
-¿Cómo te fue?
Y yo premonitoriamente les contesté:
-Si esto sigue así este gobierno se cae en tres días.
A las 8 en punto de la mañana llegué Miraflores
el día sábado. Me reuní con el almirante
Briceño y con Juan Mejías. Ante la contundencia de las críticas
que se le estaban haciendo al nonato gobierno decidimos lanzar
una ofensiva de diálogos. Mejías se encargó de
comunicarse con Manuel Cova en la CTV y yo me encargué de
llamar a Rafael Marín en AD y
le pedí a Juan Ramón mi hermano que me ayudara a
contactar a Alberto Federico Ravell. Cuando
finalmente logré contactar
a Ravell, él me dijo que estaban reunidos todos los dueños
de medios en Venevisión, le pedí que se fueran todos
a Miraflores porque el Presidente tenía urgencia de hablar
con ellos, él aceptó y me dijo que a las 11 estarían
todos allá. Los pasillos del palacio se comenzaron a llenar
nuevamente de gente.
Manuel Cova llegó y nos reunimos con él en el despacho
del Ministro, nos dijo que Carlos Ortega estaba en Punto
Fijo,
le hicimos ver lo urgente que era reunir a Ortega con Carmona.
Posteriormente Cova se reunió con el propio Carmona en privado
y le hizo saber las exigencias de la CTV, las cuales fueron totalmente
aceptadas. En esas se me acercó un conocido empresario para
decirme que estaba coordinando que Cova fuese en avión a
Punto Fijo a buscar a Ortega, me pareció excelente, esa
era la labor que teníamos que cumplir en ese momento todos
los venezolanos, colaborar en la medida de nuestras posibilidades
a salvar los escollos de aquella frágil situación.
Finalmente se coordinó que el avión de la PTJ llevase
a Cova a Punto Fijo y al final de la tarde estaría entonces
Ortega reunido con Carmona.
Alrededor de las 11 y media llegó Andrés
Mata, lo
acompañé a la antesala de la Secretaría Privada,
alrededor de las 12 llegaron los demás; Alberto
Federico Ravell, Guillermo Zuluaga, Gustavo, Ricardo y
Guillermo Cisneros, Omar y Omar Gerardo Camero, Miguel
Henrique Otero, Marcel Granier, Orlando Urdaneta, Andrés de Armas y de última llegó Patricia
Poleo. Del otro lado de la mesa
del Salón del Consejo de
Ministros estábamos, Carmona, el Vicealmirante
Ramírez
Pérez, Raúl de Armas, Leopoldo Martínez, el
Vicealmirante Briceño y yo. Carmona
les explicó lo
delicado de la situación y les pidió apoyo. El Ministro
de la Defensa les explicó que los círculos bolivarianos
estaban 100% operativos, lo que era un hecho de suma gravedad,
así mismo les informó que el Gral. Baduel estaba
alzado. Los voceros por los medios fueron Otero y Granier. Particularmente
Granier hizo una excelente exposición sobre los errores
cometidos y la búsqueda de soluciones, Carmona asentía.
Gustavo Cisneros tomó luego la palabra para pedirle al Presidente
que dejara en manos de todos ellos la gestión comunicacional
del gobierno, Carmona aceptó. Por
consenso decidieron que fuese Alberto Federico Ravell el encargado
de hacer las postulaciones. Alberto propuso a Gilberto Carrasquero
para presidir Conatel , entonces Carmona se volteó hacia Patricia Poleo y le ofreció la
OCI, pero Alberto Federico interrumpió pidiéndole
a Carmona un voto de confianza y proponiendo a Fernán Frías
para ese cargo, Carmona aceptó y pude ver cómo se
le descomponía el rostro a la Poleo. El Presidente provisional
les dijo que en vista de las circunstancias tenía que seguir
atendiendo otros asuntos, Cisneros le preguntó si era posible
que ellos se quedaran allí reunidos un rato más,
la respuesta fue positiva. Salimos por la puerta hacia la Secretaría
Privada. Allí el contralmirante Molina Tamayo le dijo al
Presidente que había una situación de inseguridad
en el Palacio y que era necesario sacarlo de allí lo antes
posible. Carmona se fue para Fuerte Tiuna.
Salí hacia los pasillos y pude ver el profundo descontrol
que había, de pronto alguien dijo:
-¡Están evacuando Palacio!
A paso muy apurado vi venir hacia mí en dirección
a la puerta principal a todos los dueños de medios de comunicación,
Gustavo Cisneros me tomó por un brazo y me dijo:
-Nos vemos en el piso 6 de Venevisión.
Me fui directo hacia mi oficina para avisarle a unos familiares
y amigos que habían venido a ayudarme aquel día,
que salieran de inmediato. Cuando salíamos por la puerta
de la Casa Militar le pregunté al Almirante Briceño
que pensaba hacer, él me respondió que iba a esperar
a que saliera todo la gente:
-No podemos dejar a nadie atrás.
Si esa era la actitud de mi superior inmediato, la mía
no podía ser distinta, así que le contesté:
-Yo me quedo con usted hasta el final.
Alguien dijo que saliésemos por la prevención 3,
que es la puerta que da a la parte trasera de Miraflores muy cerca
de El Silencio. Para ello corrimos, por temor a francotiradores,
hacia el edificio administrativo, allí en el vestíbulo
quedamos momentáneamente atrapadas casi 40 personas, en
ese momento me llevé la desagradable sorpresa de que mis
familiares y amigos no habían podido salir todavía.
Alguien dijo que todavía había oportunidad de salir,
lo que resultó cierto, pero la gente de la Casa
Militar nos dijo que no, que ya todas las puertas estaban tomadas. José Rodríguez
Iturbe y un grupo de personas hicieron caso omiso, y se fueron
en busca de la salida, finalmente ellos pudieron salir sin problemas,
la Casa Militar nos había mentido. Seguidamente nos dijeron
que el lugar más seguro en ese momento era el Salón
Ayacucho, allí nos llevaron a los treinta y dos o tres que
quedamos supuestamente atrapados. Al entrar nos pidieron que nos
sentáramos y nos solicitaron que entregáramos los
celulares. Un sargento de la Guardia de Honor
se acercó a
Daniel Romero y con tono altanero le dijo:
-¿Tú eras el que estaba leyendo vainas aquí ayer?
Yo me volteé hacia Briceño García y le dije:
-Almirante: ¿Estamos presos?
Él me contestó:
-¿Tú crees?
Y yo le repliqué:
-No, no creo, ¡estoy seguro!
Mientras tanto una Capitana de la Aviación nos aseguraba
que ella velaría por nuestra seguridad, que ella se responsabilizaba
por nosotros. Al rato nos bajaron a los túneles que comunican
con el regimiento de la Guardia de Honor y al llegar justo debajo
de ese edificio nos sentaron a todos. Como a la hora preguntaron
quiénes eran periodistas, estos se identificaron y se los
llevaron a todos, menos a dos mujeres periodistas que habían
pedido permiso para ir al baño. El nerviosismo de los oficiales,
suboficiales y soldados era total, todos estaban fuertemente armados,
con armas largas, lanzacohetes antitanques, chalecos antibalas,
cascos, etc. Alrededor de la 7 de la noche comenzaron a calmarse
y un ambiente de entusiasmo comenzó a apoderarse de nosotros,
pero fue breve. De pronto se oyó un grito que dijo:
-¡Viva Chávez!
Y vimos como en una horrible pesadilla a Aristóbulo
Isturiz bajar por las escaleras escoltado por sonrientes militares. La
suerte estaba echada.
Él se acercó a nosotros y nos dijo:
-No se preocupen que sus vidas no corren peligro, estamos en diferentes
aceras políticas, eso es todo.
Seguidamente nos metieron en un salón de clases que queda
más adentro en el túnel. Por allí empezaron
a pasar todos los más altos personeros del chavismo. El
primer grupo grande en llegar estuvo conformado por el Fiscal
Isaías
Rodríguez, Rafael Vargas, ministro de la Secretaría,
las ministros del Ambiente y del Trabajo, diputados del MVR y un
nutrido grupo de periodistas mayoritariamente extranjeros. El Fiscal,
nos dijo que él venía a darnos todas las garantías
del caso y que todos nuestros derechos serían respetados,
que no teníamos nada que temer, entonces Ivette, una de
las amigas que había venido a ayudarme en aquel amargo día,
lo increpó:
-Entonces, ¿por qué nos tienen aquí?
El Fiscal le contestó que la razón era que nosotros éramos
los funcionarios del fallido gobierno de transición y que
por eso debíamos permanecer allí. Le pedí la
palabra y le dije:
-Eso que usted está diciendo es absolutamente falso. Aquí solo
estamos cuatro personas que íbamos a formar parte del gobierno,
y digo íbamos porque ni siquiera llegamos a juramentarnos.
El almirante Briceño, ministro de la Secretaría,
Raúl de Armas, ministro de Agricultura, Daniel
Romero, procurador
y yo que iba ser el Viceministro de la Secretaría. Esas
dos señoras son periodistas y el resto de estas personas
son civiles que estaban de visita hoy aquí, así que
yo le exijo que las liberen de inmediato y nos quedemos nosotros
cuatro, que estamos dispuestos a asumir nuestras responsabilidades.
El Fiscal se desconcertó y de inmediato cambió el
discurso:
-Bueno, es que ustedes no están detenidos, lo que los estamos
es protegiendo de esa inmensa manifestación de más
de un millón de personas que hay allá afuera, tan
pronto como sea posible los dejamos ir.
De muy buena fuente hoy sabemos, que las hordas que manifestaron
aquella noche frente a Miraflores no pasaban de 4 ó 5 mil
personas.
Rafael Vargas nos recriminó nuestra actitud excluyente,
los desmanes que se habían cometido en contra de ellos,
que sus vecinos lo habían insultado y agredido, que él
había sufrido prisiones cuando Rómulo Betancourt,
etc. Así desfilaron entre otros, Tarek
William Saab, el
defensor del pueblo Germán Mundaraín quien nos reclamó el
hecho de que nosotros los veíamos a ellos como unos monos,
que los cacerolazos eran una cosa "odiosa", etc. Nicolás
Maduro en cambio, nos sorprendió a todos; aquel hombre llegó trémulo
y pálido, nos contó que había pasado momentos
muy difíciles el día anterior y que él no
quería que nosotros pasáramos por esa angustia, nos
dijo, con evidente sinceridad, que se habían cometido errores
graves de lado y lado, y que había llegado la hora de enterrar
los odios y crear un gobierno de unidad nacional para salvar el
país, sus palabras nos reconfortaron. Entretanto nos custodiaba
un grupo conformado por dos tenientes, uno de la Armada y otro
del Ejército, un maestre, y varios soldados de la Guardia
de Honor y todos apostados afuera del salón de clases. El
Teniente de Navío resultó ser un oficial con alto
grado de formación, dos postgrados y una maestría.
Tuvo siempre una actitud seria, respetuosa, amable y condescendiente,
en más de una ocasión nos dijo:
-Yo soy institucional, yo acato las órdenes que se me dan,
así que por favor entiendan mi posición.
Por otro lado el teniente del Ejército y el Maestre se
alternaban sus entradas al salón en las que en actitud totalmente
distinta colocaban el fusil sobre el escritorio y comenzaban a
darnos auténticas charlas de adoctrinamiento ideológico,
expresando que no se podía desconocer la voluntad
del pueblo,
que el pueblo estaba con Chávez y que ellos también
estaban con Chávez. Nos produjo profunda tristeza y angustia
poder comprobar el grado de penetración que ha tenido el
discurso político socialistoide y trasnochado del chavismo
en nuestras Fuerzas Armadas.
En una de esas llegó Freddy Bernal acompañado de
Ismael García, de otro diputado del MVR y de varios civiles
armados con ametralladoras, entre ellos uno que vestía pantalón
verde oliva, franela y chaqueta camuflajeada con una ametralladora
años 60, una barba larga y blanca, y una boina roja. La
actitud del grupo era por decir lo menos muy amenazante. El Teniente
de la Armada se embraguetó y les dijo que no podían
entrar civiles armados, Bernal dijo que él era el Alcalde,
y el Teniente le contestó que con él y los otros
no había problema pero que los civiles armados tenían
que salir, así lo hicieron. En las pupilas del Alcalde saltaba
incontenible el odio y la rabia, aguantando sus palabras nos dijo
que nos preparáramos a enfrentar las consecuencias de nuestros
actos, que lo que nos esperaba era un juicio militar; Ismael García
y el otro diputado asentían. Al poco rato de que se fueron
vino el segundo comandante del regimiento para pedirnos disculpas
por el incidente, y para asegurarnos de parte del Comandante, que
la seguridad nuestra estaba garantizada por la Guardia de Honor.
Así fueron pasando las horas hasta que amaneció y
fuimos finalmente liberados.
Por recomendación de infinidad de amigos y familiares decidí salir
del país por unos días para esperar que la situación
se esclareciera y las aguas bajaran. Pero ya estoy aquí de
regreso, dispuesto a asumir mis responsabilidades, y a seguir poniendo
mi granito de arena en este proceso que debe continuar sin descanso
hasta lograr la salida pacifica de Hugo Chávez y su nefasto
combo del poder, para poder así comenzar a reconstruir nuestro
país.
Si yo antes tenía, al igual que el 80% de los venezolanos,
la convicción de que la salida de Chávez del poder
era imprescindible, hoy después de haber visto de cerca
la médula del chavismo, de haber interactuado con sus principales
actores y de haber palpado su esencia estoy absolutamente convencido
de que la permanencia de estos sujetos en el gobierno significa
la destrucción definitiva del país en el que crecí,
la imposibilidad absoluta del país que soñamos y
la extinción del país que quiero dejarle a mis hijos.
No
tenemos otra alternativa que luchar sin descanso hasta erradicar
este terrible flagelo que se ha enquistado en el poder público
venezolano, sembrando odios y rencores que esta tierra nunca ha
conocido y pretendiendo implantar un proyecto ideológico
que este pueblo nunca ha compartido.
Se cometieron muchos errores
en ese gobierno de transición,
no hay duda de ello, pero ese espíritu del 11 de Abril y
ese esfuerzo inmenso que culminó con la salida de Hugo Chávez
de la Presidencia no puede ni debe perderse, las razones para salir
de Chávez son hoy más válidas que nunca. Aprendamos
de los errores y sigamos adelante a construir el país que
nos merecemos, no perdamos el tiempo en busca de culpables, no
nos dejemos llevar por agendas oscuras y personalistas que lo único
que buscan es sembrar la desunión, no, sigamos unidos y
hacia delante, Venezuela es un país que esta irremediablemente
condenado al éxito, de nosotros depende que lleguemos allá,
más pronto que tarde.
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