Bush Jr. a reparación
Metasystems*
(Francia) - 05/03/04
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En un artículo publicado en la prensa, Jonathan
Moyo, doctor
en ciencias sociales y ministro de la información de Zimbabwe,
estima que todos los niños
del mundo deberían
estudiar estas elecciones de los Estados
Unidos, porque son manifiestamente
la prueba de que el fraude no es un fenómeno reservado
a los países en vías de desarrollo.
Para fundamentar
su punto de vista, expone, con sentido del humor, la argumentación
siguiente:
- Imagine
que nosotros leamos en un periódico un artículo hablando
de una elección en un país del Tercer Mundo donde
el candidato que se ha proclamado vencedor era el hijo de un
ex-presidente, quien era a su vez ex-director de la policía
secreta de ese país
(CIA).
- Imagine que ese
vencedor autoproclamado no haya obtenido la mayoría de los votos
de la población, pero que sea de todas formas el ganador de
las elecciones, según una regla heredada de la época
del colonialismo que prevé que
es un colegio electoral que debe designar el presidente.
- Imagine que la "victoria" del
vencedor autoproclamado haya sido adquirida luego de un recuento de votos
cuestionándose
éstos en una región dirigida por su propio hermano!
- Imagine que en
un distrito, justo donde los electores eran favorables al adversario del
candidato autoproclamado, las papeletas de voto hayan sido impresas
de tal manera, que miles de electores no han podido votar por
su candidato favorito, pero sí para
uno de sus adversarios.
- Imagine que los
representantes de la casta mas detestada del país, pese a las presiones
y las intimidaciones múltiples ejercidos contra ellos, se hayan
presentado en masa para votar con unanimidad casi total contra el vencedor
autoproclamado.
- Imagine que centenares
de miembros de esta casta despreciada hayan sido bloqueados en el camino
a las oficinas de voto por la policía del Estado que había
recibido ordenes directas del hermano del vencedor autoproclamado.
- Imagine que seis
millones de electores se hayan presentado a las urnas en la provincia cuestionada
y que el vencedor autoproclamado « gane » con apenas
327 votos de diferencia. Es decir, una cifra sin lugar a dudas, inferior
al margen de error de las máquinas que efectúan automáticamente
el recuento de los votos.
- Imagine que el
vencedor autoproclamado y su partido político se opongan formalmente
a un control y a un nuevo recuento manual de votos en la provincia contestada
o cuestionada.
- Imagine que el
vencedor autoproclamado, el mismo gobernador de una provincia, tenga las
peores referencias en materia de derechos humanos, y que tiene
el triste record del numero más grande de ejecuciones.
- Imagine que una
de las más importantes promesas electorales del vencedor autoproclamado
era que nombraría de por vida a la Corte Suprema de Justicia del
país
a personas que, como él, no respetan en nada los derechos humanos.
Nadie
entre nosotros, tendría la mas mínima duda que una tal
elección es representativa sólo y nada más que de la voluntad del
vencedor autoproclamado para tomar el poder a cualquier
precio.
* Nota- Título original:
Elecciones dignas de una república bananera...
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