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Después de los gloriosos, aunque fallidos, golpes y paros
cívicos de los dos años pasados, que provocaron pérdidas
a la economía nacional por decenas de millardos de $ y de
unas cuantas vidas, la actividad política
de la sociedad civil ha adoptado ahora unas formas tan obscenas
y vulgares ("guarimba") que no cuadran con la imagen de
las altas y avanzadas capas sociales que sus promotores mediáticos
quieren vendernos a diario. Basta un recorrido
matinal por avenidas y urbanizaciones del Este, por entre escombros
humeantes y montañas de basura, escombros
y vidrios rotos, para captar el balance elocuente de estas heroicas
jornadas nocturnas de protesta cívica comandadas por los
retoños de la nueva aristocracia caraqueña -antes
de estirpe mantuana española, hoy de procedencia petro-meritocrática-
al frente de muchachos del lumpen proletariado de barriadas periféricas.
Lo
que se puede ver en las pantallas de TV, las quemas de basuras y
cauchos, los humos y gases que ascienden e invaden todo, las bombas
molotov y lacrimógenas, y lo que se oye, tableteo
de perdigonazos y algún disparo de un francotirador, dan
idea del clima crepuscular y nocturno que disfrutan las privilegiadas
familias que allí residen. Sólo los altos valores
que abrigan, los de Dios, el dólar y el petróleo,
y los mensajes que les llegan del Norte les permitían aceptar
estas pruebas terribles. Sin embargo, cada día más
trascienden y se publican sus quejas acerca de la multiplicación
del stress -para decirlo con el término sifrino y no llamarlo
angustia o depresión- como dolencia masificada en esa delicada
y frágil capa superior, y los ruegos de que no se prolonguen
sus sacrificios. Haciéndose eco, la Santa
Madre Iglesia ha implorado a los jefes políticos frenar los "excesos". Por eso el gremio más ocupado en este momento es el de los
psiquiatras, que se ha sentido obligado a divulgar su llamado contra
la acción suicida que la mediocracia dirige y fomenta con
su incesante siembra de odios, culpable también de los demenciales
desvaríos del pasado, ahora lamentados por Fedecámaras y otros protagonistas. Por eso ni los grandes medios han podido
eludir el clamor unánime: ¡ya basta!. Pero, sobre
todo, llegó el mensaje decisivo, desde el centro del poder:
basta ya de insensateces. Por ahora, no pueden contar con nosotros.
Se nos ha enredado el papagayo. Tenemos demasiados muertos en ese
maldito Medio Oriente, demasiada oposición en esa Vieja
Europa, en ese malhadado Foro Social
Mundial de Bombay, y ahora
también aquí adentro, con los candidatos demócratas
por encima de nuestro jefe. Para remate, tuvimos que enredarnos
en el Caribe para sacar al Aristide, y los isleños, junto
con congresantes oportunistas, nos están haciendo la vida
imposible. Como si fuera poco, el petróleo se hace más
y más caro, y la OPEP se niega a colaborar. ¿Quieren
ustedes provocar otra interrupción de nuestro abastecimiento
de petróleo?
Además, con ese pueblo latinoamericano como está de
alzado contra nosotros, sobre todo Suramérica, con el eje
Lula-Kirchner enfrentado
al ALCA y al FMI, y después del
relanzamiento del grupo de los 15, ¿pretenden ustedes meternos
en más conflictos y provocar el fracaso del ALCA?. ¿No
se dan cuenta de que estamos en año electoral y de que vamos
de mal en peor?. ¿Pretenden lanzarnos al abismo? Pues bien,
aun de mala gana, Giusti no ha tenido más
remedio que trasmitir el mensaje, pidiendo obediencia. Por
eso de pronto la heroica guarimba de la basura se ha quedado huérfana:
nadie es responsable. La dirección de la protesta
es ahora vergonzante. Las proclamas más desaforadas a la
violencia se recogen y rectifican. Alcaldes que hicieron de sus
sedes campamentos de molotov, cauchos y basura, con sus policías
como activistas, alegan que éstos
no son agentes del orden público; alguno llega a culpar
de las acciones.... a los chavistas! Los
líderes
de la CD, duchos en esas artes, no hallan qué inventar para
desdecirse aunque sea a medias. La negociación es el nuevo
lema. Ojalá sea
real, y fecunda. Porque además no hay otro camino. El referendo
no es fin del mundo.
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