Gustavo Cisneros, el adelantado
Carlos
Fuentes /
El Nacional
(Venezuela) - 23/02/04
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La
Editorial Planeta coloca en el mercado la biografía
autorizada del empresario venezolano Gustavo Cisneros. A continuación,
el prólogo del libro.
Emprender : El diccionario
de la Real Academia Española define este verbo como la acción
de «acometer y comenzar una obra...».
Y añade
este caveat: «... especialmente si encierra dificultad
o peligro».
Se diría que la Academia tenía
en mente a Gustavo
Cisneros cuando redactó ese apartado, que
el Larousse francés
confirma. Emprender es «tomar la resolución
de hacer e iniciar». La biografía de Gustavo Cisneros que ahora
sale a la luz es, por principio de cuentas, una historia dinástica
que se inicia con el padre, se complementa con los hermanos y se
prolonga con los hijos. Es la historia de una juventud enérgica
que sabe aprovechar las ventajas que su heredad le otorga para
continuar creciendo con agilidad y destreza, sin dormirse jamás
en los laureles de lo adquirido.
Es una historia de riesgos premiados. También, de errores
admitidos. Es una historia de oportunos cambios de velocidad. Del
negocio del consumo perecedero Cisneros pasa al negocio de las
comunicaciones. De la generación de flujo de caja, a la
generación de valor. Y siempre, antes del siguiente paso,
la consolidación interna. La saga empresarial de Cisneros -digna
de ser descrita por un Balzac o un Dreiser, si no por los Fuggar
renacentistas- posee, como toda vida y vida, sobre todo, de acción,
luces y sombras, derrotas y victorias, detalladamente descritas
en este libro.
Pero por debajo -o por encima- de la saga Cisneros, hay ciertas
constantes que explican mejor que cualquier anécdota los
valores, personales, empresariales y colectivos, la vida de Gustavo
Cisneros. Su estrategia vertical: que cada
empresa potencia la otra, y que la distribución se integre, verticalmente también,
con el contenido. La temprana identificación de oportunidades.
La oportuna corrección de errores. Tolerar los errores de
buena fe. Abrirse a la opinión disidente dentro de la empresa.
Recompensar la iniciativa personal. Insistir en la labor de equipo.
Son
estas las bases éticas y operativas que explican el éxito
de Gustavo Cisneros. Asume riesgos, pero
antes consolida logros. A veces, se lanza de noche a la piscina sin saber si tiene agua.
Busca sin cesar el equilibrio financiero y operativo. Es decir:
propone un modelo de organización empresarial democrática
que se extiende del centro de la periferia, por darle a esta un
altísimo grado de autonomía.
Se me dirá que cuanto
llevo dicho se da descontado en una empresa moderna. Si hoy lo vemos
como taken for granted o
norma de normas, pensemos un poco en la negativa tradicional latinoamericana
del terrateniente ausentista, el estanciero y el régimen
de manos muertas, la Iberoamérica de riquezas estancadas
de rentistas pasivos, de burócratas adormecidos, cuando
no banales. Y de tiranos y tiranuelos «dueños de vidas
y haciendas».
Es cierto. No hemos superado todos nuestros males.
Diríase
que algunos de ellos son inherentes, maldiciones. La biografía
de Cisneros niega rotundamente estas fatalidades. Demuestra la
capacidad organizativa de los latinoamericanos, la decisión
de no aceptar un solo problema sin ofrecer inmediatamente una solución
posible. Crea una cultura corporativa a fin de que los latinoamericanos
nos enteremos de que, al otro lado de la cultura artística
y literaria que es nuestra tradición más profunda
y prolongada, hay ya una cultura empresarial comparablemente honrada y
resistente. La pregunta ardiente sigue siendo esta: ¿Por
qué los latinoamericanos no sabemos trasladar
a la política
las virtudes de la cultura estética y de la cultura empresarial?
Hay
una recurrencia dramática de nuestros vicios políticos.
Cuando creemos haber consolidado sistemas democráticos imperfectos
pero saludables, el microbio del autoritarismo hace su reaparición
con gesto melodramático, balcón de opereta, disfraz
de condottiero y palabrería demagógica. ¿Cómo
consolidar la democracia contra el virus autoritario?
Creo que la
vida y obra de Gustavo Cisneros, por caminos variados, nos ofrece
algunas respuestas. La primera es procurar que nuestras sociedades
tengan una poderosa base educativa. Hay que penetrar la selva y
las «montañas sagradas» a las que
hace referencia Guillermo de la Dehesa. La pobreza no crea mercado,
nos dice incansablemente Carlos Slim y Gustavo Cisneros concurre:
hay una relación fatal entre los niveles de educación
y la pobreza. La educación asegura el despegue de las energías
creadoras de nuestros conciudadanos. La educación libera
los talentos y capacidades personales de ciudadanos que de ninguna
manera están condenados a la ignorancia y la miseria.
En su
tareas culturales, Gustavo Cisneros ha encontrado a una aliada magnífica en su esposa, Patricia
Phelps. El Mozarteum que lleva e impulsa la cultura musical entre los jóvenes
venezolanos. El rescate de objetos etnográficos. La colección
de cientos de miles de fotografías del sur de Venezuela.
Patricia Phelps entiende la cultura como gestación continua
y asume la responsabilidad de reunir las obras de cultura -popular
y singular- que al cabo le pertenecen a la comunidad.
Hay, pues, esta
base para el desarrollo local. La educación
básica. Pero en un mundo de desarrollo técnico y
educativo tan veloz y globalizado como el que vivimos, la base
de la educación local tiene dos desafíos. Primero,
saber que hoy en día la educación es permanente.
No culmina, dramáticamente, en el sexto año de primaria
que a veces es el límite para millones de jóvenes
latinoamericanos. Ni siquiera culmina al obtener el grado universitario.
La educación solo termina cuando se
acaba la vida.
Esto en
primer lugar. En segundo, saber que la educación
local tiene que ponerse al día frente a los desafíos
del desarrollo veloz de las tecnologías. Bill
Clinton recordaba, ante la Asamblea
General de la ONU que,
al asumir la presidencia de Estados Unidos, solo había 50
sitios en la red de información mundial. Cuando dejó la
Casa Blanca, 8 años más tarde, había 350 millones.
Calculemos el salto que nos espera en los próximos 10 ó 20
años.
La revolución tecnológica abarca por igual las áreas
de la global. En países de población agraria extendida,
como la de América Latina, la revolución
tecnoinformativa puede cambiar radicalmente las condiciones de vida. El acceso a
la red transforma la relación entre la oferta y la demanda
agrícolas. Proporciona a los trabajadores del campo información
puesta al día. El campesino puede recibir, mediante conexión
con las fuentes de información, noticias en escuelas, centros
comunales y centros de salud. El simputer de bolsillo
incluso supera la barrera del analfabetismo, convirtiendo el texto
en palabras.
A escala global se trata pues de acceder a una mundialización no impuesta, sino generada desde adentro. Gustavo Cisneros ha globalizado
sus empresas doblemente: de la periferia al centro y del centro
a la periferia. Se ha empeñado en la evolución cualitativa
de sus empresas, dotándolas de tecnologías cada vez
más avanzadas. La nueva sociedad de información digital
ha sido aprovechada por Cisneros para multiplicar servicios a través
de plataforma tecnológica única. Caen las barreras
de la información. La América Latina no puede, una
vez más, «llegar tarde al banquete de la civilización»,
como dijese Alfonso Reyes .
La democracia le es consustantiva a la
civilización moderna.
Gustavo Cisneros, nolens volens representa un valor y
un papel
político en su Venezuela nativa. El proceso del boom
and bust, los mirajes de la petrolización («los
veneros del diablo»), la decadencia y frivolidad de los partidos
y las personalidades políticas, crearon el vacío
apropiado para que la eterna tentación autoritaria
latinoamericana regresara por sus fueron en la figura de Hugo
Chávez . Electo como Hitler, histriónico como
Mussolini, populista como Perón, Chávez ha desatado
(porque no la ha gobernado) una marea de divisiones, regresiones
económicas y espejismos sociales que podrían ser
contagiosas en una Iberoamérica que se felicita de ser democrática
pero se pregunta ¿a qué hora el pan, el techo, la
escuela, la salud?
Ganarle la batalla a la tentación autoritaria es deber
de la ciudadanía democrática de la América
Latina. Gustavo Cisneros se ubica en el centro
democrático
y sufre por ello los ataques, calumnias y demás balística
del sótano chavista. Ante
las políticas divisionistas
de Chávez, Cisneros
se sitúa, no es un centro
anodino, sino en un centro de compromisos. Peligroso centro, peligroso para
el autoritarismo demagógico. Pues Cisneros representa la
capacidad de organización de la cual carece el gobierno
autoritario. Representa el balance social contra el desequilibrio
divisivo. Representa la creación de fuentes de trabajo y
de riqueza frente al bullicio estéril y la dilapidación
de recursos.
Gustavo Cisneros es un empresario trasatlántico. Su relación
con España significa la abolición del océano:
las carabelas tienen boleto de ida y vuelta. Es
un empresario interamericano. Su
presencia en los continente del Nuevo Mundo -Iberoamérica
y Angloamérica- lo convierte en Adelantado de relaciones
de provecho mutuo, como lo ha demostrado
en múltiples negociaciones
con empresas norteamericanas que nunca constituyen debilidad o
cesión neutra, sino equiparación racional y digna.
Creador
de una cultura de negocios,
adelantado de una cultura política
de equilibrios, promotor de una cultura educativa que no deje atrás
a nadie, escudero de la lengua española
en el corazón de Anglomérica, Gustavo
Cisneros descendió un
día a la caverna de Sarisariñama como un personaje
de Conan Doyle descendió al centro de la tierra y, al tocarla,
escuchó un grito de dolor. En
su descenso a la caverna, Gustavo Cisneros escuchó, acaso, un grito de alegría: «Una
fiera medida de hombría», como exclama Rómulo
Gallegos en las páginas de Canaima.
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