La simultaneidad
Jerónimo
Carrera /
Semanario La Razón Nº 478 (Venezuela)
- 07/03/04
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Más de cien años, aunque parezca
mentira, por aquello de que "no hay mal que dure cien años
ni cuerpo que lo resista",
llevan nuestros pueblos americanos confrontando la agresiva política
expansionista -encubierta de modo hipócrita bajo la bandera
de un falso panamericanismo- de ese pequeño núcleo
de "trece colonias" que en este continente
sembró Inglaterra
en feroz competencia, de conquistas en ultramar, con sus rivales
españoles, franceses, portugueses y holandeses. Ya para
comenzar, se autodenominaron "Estados Unidos
de América",
dejando ver así sus intenciones de dominación continental.
Pero
ha sido después de su artero ataque en 1898 contra
el decaído colonialismo español, apoderándose
entonces de Cuba, Puerto Rico y el archipiélago asiático
de las Filipinas, que transformados en potencia realmente imperialista -según
el concepto leninista de este término-
pudo Estados Unidos aplicar en la práctica la llamada doctrina
de Monroe , con la que proclamó su
propiedad exclusiva del continente.
Durante todo un siglo, pues, nuestros pueblos
han venido luchando en desigual contienda por
liberarse de la dominación
del imperialismo yanqui. Una
dominación que se expresa no
sólo
en lo económico, en cuanto a la explotación irrestricta
de nuestros recursos naturales y por vía de un comercio
no equitativo. Sino también en lo político, mediante
intervenciones armadas, golpes de Estado a cargo de militares y
civiles mercenarios, sobornos a funcionarios apátridas,
penetración cultural y educacional, control monopólico
de la información, narcotráfico, etc.
La historia de
estos pueblos exhibe con orgullo los nombres de toda una legión
sucesiva de notables luchadores antimperialistas, muertos todos en
arduas luchas frente a ese mismo enemigo: Martí,
Mella y Guiteras; Zapata, Sandino y Farabundo Martí; Carlos
Aponte, Pío Tamayo y Alberto Lovera; Albizu Campos, Caamaño
y Torrijos; Ernesto Guevara, Salvador Allende y Maurice Bishop,
entre miles de otros. Y lo común en todos los casos, es
que murieron en combates de pueblos que luchaban por separado,
casi aislados en un determinado país.
Del glorioso pasado nuestro,
justamente, tenemos una gran lección
muy válida en el presente, y es que la revolución
independentista de comienzos del siglo XIX sólo pudo triunfar
porque se produjo de modo simultáneo ,
frente a la corona española, prácticamente desde
el norteño Río Grande hasta la Patagonia sureña.
Esto
lo debemos tomar en cuenta, hoy, los venezolanos, para no dejar pasar
esta extraordinaria oportunidad que se nos ha presentado, casi inesperadamente,
de recuperar nuestra perdida soberanía
nacional. Es indispensable que obtengamos,
al menos, la solidaridad activa de otros pueblos igualmente en
lucha contra el mismo enemigo. En
especial, esfuerzos en ese sentido deben hacerse en todos los países de este continente, y en primer lugar respecto a
las fuerzas progresistas de Estados Unidos, cuyo pueblo también
sufre la dominación de esos monopolios.
Puede decirse, afortunadamente,
que a escala internacional existe una poderosa corriente de simpatía
hacia lo que aquí denominamos
la revolución bolivariana , que no es otra
cosa en realidad sino un paso todavía muy
limitado en dirección
del objetivo mayor, que sería lograr, en un futuro no muy
lejano, la necesaria integración libre y soberana
de estos pueblos en un gran Estado multinacional. Y la clave exitosa para
ello, sin duda, está en la simultaneidad de
la acción.
P.S.- Ahora cumple esta OPTICA MUNDIAL siete
años de estar a mi cargo, como tarea semanal que me legó su
creador, nuestro recordado camarada Francisco Meré Sánchez.
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