La burbujeante Operación Cisne
Rafael Del Naranco (Especial
Madrid) / El
Nacional
(Venezuela) - 26/02/04
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Así se
fraguó la guerra comercial
de los refrescos en Venezuela entre Coca-Cola y Pepsi. La batalla
más virulenta entre las poderosas multinacionales de gaseosas
tuvo lugar en estas tierras, cuando Gustavo, Ricardo y Oswaldo
Cisneros, tras una estrategia de características militares,
vendieron las embotelladoras de Pepsi-Hit a su mayor competidor.
La historia de la operación, tal como
sucedió, la cuenta el propio empresario Gustavo Cisneros
en uno de los capítulos de su autobiografía escrita
por Pablo Bachelet, con prólogo de Carlos
Fuentes,
y que ayer en la tarde fue presentada en la Casa de América
de Madrid. El Mundo estuvo presente en la cita e hizo un resumen
del día en que cambió el gusto dulzón de unas
burbujas en nuestro país.
LA PRESENTACIÓN de la biografía autorizada del magnate
venezolano,
fue un acontecimiento editorial y económico en España |
Contar historias es misión humana, con
ellas se retiene el tiempo efímero y se terminan descubriendo
los avatares que han envuelto ciertos actos de los hombres tras
los entretelones de sus pasiones, luchas y ambiciones, o, en eí caso
que nos ocupa, los vaivenes del complicado tinglado del mundo empresarial.
Ayer tarde, en Madrid, con una temperatura
crudamente invernal, fue presentado en la Casa de América,
hermoso caserón
reformado sobre la Plaza de Cibeles, la
biografía
de Gustavo Cisneros (titulada "Un empresario global",
escrita por el periodista Pablo Bachelet y prologada por el escritor Carlos
Fuentes).
La presencia de ese libro en los medios políticos y económicos
de España ha sido grande, y esto lo demuestra la amplia
información que ocupa el hecho en todos los medios informativos
del país.
La primera vez que el padre de la saga de los Cisneros, don
Diego,
supo de la existencia de la chispeante Pepsi
Cola, fue cuando su
hermano Antonio le llamó desde Nueva
York -donde pasaba
su luna de miel- para hablarle de un líquido pardo de sabor
dulzón que hacía la delicia de los visitantes y estaba
siendo presentado en la Feria Mundial. Corría
el año
1939.
Poco después D. Cisneros y Cía consiguieron
el contrato para embotellar y distribuir aquella bebida en Venezuela.
En ningún
país del mundo, fuera de Estados Unidos, se llegó a
vender tanto refresco de esa marca.
"Pepsi Cola Venezuela llegaría a adquirir proporciones
míticas", le cuenta Gustavo
Cisneros a Pablo Bachelet:
tanto, que las grandes obras de construcción, resorte del
emporio moderno de la nación, tuvieron en ese refresco,
a pie de obra, el líquido que ayudaría a los obreros
a mitigar su sed.
Unos 58 años después, a mediados
de 1997, Gustavo
y Ricardo se reunieron con unos banqueros en Aspen, Colorado, "para
diseñar la estrategia de uno de los más espectaculares golpes corporativos
de la historia de Latinoamérica".
Lo que van a leer ahora, es el resumen de unos hechos donde la
lealtad a una marca comercial, y la imperante necesidad de caminar
por el enramaje de negocios prioritarios, demuestran las sagaces
cualidades de unos y la poca lucidez de otros, y es que en el mundo
empresarial, quien no come a tiempo, es devorado. Sucede igual
en el juego del ajedrez.
Aquel caluroso mes de julio, Cisneros deseaba vender las embotelladoras
de Pepsi, pues había decidido, después de mucha reflexión,
concentrar sus negocios de manera prioritaria en las comunicaciones
y el entretenimiento.
El quid de la cuestión se centraba en una simple
pero clara pregunta: ¿a quién le interesa
más
la empresa? Ésta reportaba una rentabilidad de
50 millones de dólares
al año (de los cuales 10 millones iban para PepsiCo como
regalía por utilizar su marca y su fórmula) sobre
ventas de 400 millones.
Pero existían complicaciones. La fabricación de una
bebida es esencialmente una franquicia que no se presta para subastarla
a cualquiera. Hay un contrato por medio. Eso, naturalmente, reduce
la lista de compradores a empresarios que tengan el visto bueno
de la : casa matriz.
En medio existía otro problema, y aquí el periodista
Pablo Bachelet toma buena nota de lo que le cuenta el presidente
de la Organización Cisneros: Coca-Coca dominaba
el mercado en América Latina, con
excepción
de Venezuela. De hecho, superaba a su contrincante
en todo el mundo por un margen de tres a uno. Eso significaba que
embotellar Pepsi tenía menos valor que hacerlo con Coca-Cola.
Ricardo Cisneros, por tanto, sabía con
toda precisión
lo que era capaz de hacer Coke. En los años
noventa lanzó una contraofensiva tan intensa en México,
que arrinconó totalmente a Pepsi
Cola en ese país.
Es más, se creía que Douglas
Ivester, el nuevo
presidente que había designado el mítico cubano
Roberto Goizueta, le entregaría la franquicia
de la Coca a Panamco, una empresa fundada en Panamá por
un estadounidense que tenía operaciones en varios países
de la región.
Siendo así, la competencia con la operación de los
Cisneros iba a tornarse feroz.
"Coca-Cola puede gastar cien millones de dólares para
llenar el mercado de bebidas -decía Gustavo- y eso es poca
plata para ellos". Pero había otras preguntas: ¿Quién
pagaría una hipotética multa por romper el contrato
con la casa matriz que duraba hasta 2003? ¿Y cuál
sería el porcentaje del mercado recuperado por Pepsi
Cola cuando regresase de la mano de otro embotellador?
En esto había algo muy cierto: no se borra de un
plumazo una fidelidad de medio siglo. Mal que bien, Pepsi tenía
muchos consumidores que le eran leales. Y, ¿cuál
sería la postura de las autoridades venezolanas ante la
eventualidad de ver, de golpe, un embotellador con el 82 por ciento
de mercado, del cual la Pepsi aportaba el 42 y las otras bebidas
no cola de Hit el 40 restante, unirse con su competidor que poseía
el 12 por ciento?
Juntos y revueltos, los Cisneros y Coca-Cola
sumarían
un 94 por ciento del mercado de refrescos. Muy posiblemente
eso implicaría
veto y acondicionamientos oficiales.
La operación denominada Swan -en inglés,
cisne- debía
permanecer en absoluta reserva. Si Pepsi llegase a sospechar de
la intención de los venezolanos, seguro que colocaría
todo tipo de trabas judiciales para impedirla. Fue así como
Gustavo Cisneros levantó el teléfono
y marcó el número de su amigo Goizueta,
máxima
autoridad de Coca-Cola, para esbozar una importante
propuesta: unirse al viejo competidor.
Bien es verdad que pese a las desavenencias y desencantos con Pepsi,
que habían empezado hacía décadas -pues habiendo
sido Diego Cisneros su embotellador más exitoso, la empresa
norteamericana le ofrecía poco apoyo-, no cruzó por
la mente de Gustavo la idea de dejar la franquicia.
El singular predominio de Pepsi Cola en Venezuela,
fue diseñado
por don Diego y continuado durante más de tres décadas
por su sobrino Oswaldo. Nada ocurría en las embotelladoras
sin que él lo supiera. Gustavo y Ricardo compartían
en partes iguales con su primo el control accionario, aunque existía
una línea divisoria operativa entre los Cisneros
Fajardo y los Cisneros Rendiles.
Oswaldo operaba Pepsi Cola-Hit; Gustavo y Ricardo,
manejaban Venevisión
y Cada, habiendo negocios importantes que compartían: Telcel
y la cerveza Regional.
En 1985 nació la operación venta,
ideada por Gustavo y el First Boston. Cisneros presentó su plan a Oswaldo. Cauteloso
y leal a Pepsi, el primo no deseaba dejar la marca que con tanto
tesón había forjado desde su adolescencia. Nació entre
botellas burbujeantes.
-Tengo la ilusión que las cosas van
a mejorar con Pepsi -dijo Oswaldo.
-Cuando se te acabe la ilusión, nos vamos a Coca-Cola, porque
Pepsi nunca nos va a resolver los problemas -respondió Gustavo.
A principio de los años noventa, Oswaldo comenzó a
tener sus propias frustraciones con la vieja marca. Había
cumplido 50 años y deseaba dedicarse a otras cosas. Por lealtad
con el refresco fue a hablar, en nombre de la familia, con Roger
Enrico, jefe de operaciones mundiales de la multinacional.
La conversación
no rindió ningún fruto, solamente se avenía
a comprar la parte minoritaria de Oswaldo. Salió desilusionado,
en especial cuando se supo que los de Atlanta, es
decir la Coca-Cola,
pedían un compás de espera. Así pasaron
cuatro
años, más otros dos para llegar a estudios más
serios.
Las negociaciones se llevaron a cabo con discreción absoluta.
Según narra Pablo Bachelet, la Operación Cisne estaba
envuelta en el más profundo de los secretos. Había
que repintar, por ejemplo, 2.500 camiones sin que se interrumpiera
la distribución (la clave del negocio de los refrescos) y
traer miles de nuevas botellas de Coca-Cola con suma discreción.
La suerte de Pepsi Cola en Venezuela estaba sellada.
Los documentos se firmaron el viernes 16 de agosto de 1996, a las
diez de la mañana, en Ciudad de Panamá. Las caras reflejaban
una mezcla de agobio y alivio. La Operación Cisne había
durado seis largos años.
Al fin, después de tantos intentos, se había logrado
hacer algo que parecía imposible. Para Gustavo Cisneros, el
proceso se enmarcó dentro de los esquemas propios de una práctica
de negocios legítima y creativa.
- Pepsi Cola -le dijo a Bachelet en el libro-
nos asfixiaba sin verdaderas razones para ello, y necesitábamos
respirar. Nosotros actuamos con audacia calculada. Salimos bien de
la prueba.

Gustavo
Cisneros
visto por Luis María Anson
El fundador y presidente del diario La
Razón, Luis María
Anson, miembro de la Real Academia
Española, escribió en
su sección "Canela Fina", el domingo día
22, un artículo titulado "Gustavo Cisneros".
Del mismo extraemos las siguientes líneas:
"Gustavo Cisneros se ha convertido en uno de los veinte
hombres más ricos del mundo. Y junto a Carlos Slim lidera
a los empresarios iberoamericanos. Su musculatura financiera
causa admiración y miedo. Pero Cisneros no es un tiburón.
En él predomina el sentido humano, el trato cordial
y albriciado con los que dependen de él. Está siempre
más dispuesto a comprender que a juzgar. Políticamente
se mueve en el centro. Le gusta el equilibrio.
Está contra
la política letrinal, las tentaciones totalitarias,
el discurso batracio. Ha sacudido
muchas veces el espinazo político de Venezuela en favor de la libertad y la moderación. Tiene defectos,
pero el balance entre éstos y las virtudes
resulta tan positivo que Gustavo Cisneros cuenta con infinidad
de amigos, con escasos, muy escasos enemigos".
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Aznar lo recibió en La Moncloa
Esta mañana, en el Palacio de
La Moncloa, el presidente del gobierno de España, José
María Aznar, recibió en audiencia
especial al empresario venezolano Gustavo
Cisneros, quien
estuvo acompañado de su esposa Patricia Phelps de Cisneros.
El máximo responsable de la Organización
Cisneros se encuentra
en España con motivo de la presentación de su biografía,
realizada por Pablo Bachelet, y editada por Editorial
Planeta,
dentro de una serie de actos de promoción y encuentros
con medios de comunicación y empresarios del gremio, como
Luis María Ansón, José Manuel de Lara,
José Creuheras, Plácido Arango y Jesús Polanco entre otros.
Ayer en la Casa de América, Madrid, tuvo lugar el acto
central de la presentación del libro, acontecimiento que
contó con la presencia de más de 250 personas que plenaron
el anfiteatro de esa importante sede ciltural. Entre los
asistentes se hallaban destacadas figuras del mundo empresarial,
político y social de España.
En el presidium, acompañado de Cisneros, se encontraban
Ana Palacios, ministra de Relaciones Exteriores; Fernando
Henrique Cardoso, ex presidente de Brasil; Alfonso
Cortina,
presidente de la empresa petrolera Repsol; Carlos
Revés,
director editorial de Planeta, y el autor del libro, Pablo
Bachelet. Amplios espacios de prensa, radio y televisión,
acaparó la presencia en tierras hispanas del destacado
empresario venezolano, resaltando el interés de Gustavo
Cisneros por entrar en una cadena de televisión en España,
en un plazo de uno a dos años (se especulaba originalmente
que la compra sería en el corto plazo).
La Organización Cisneros cuenta con 72 compañías que operan
en 80 países y que facturan
más de 6.000 millones de dólares al año. |
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