El terrorista que mató a Aznar
Miguel Salazar
/ Semanario
Las Verdades de Miguel No.1 (Venezuela)
- 26/03/04
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Una conseja recorre
al viejo Madrid,
entre las letanías del fascismo decadente y la modernidad
del terrorismo etarra: echando mano del ejemplo que en Caracas
dieron las empresarios de la comunicación, al emperador
de los medios españoles sólo le bastaron 24 horas para derrocar
a José María Aznar sin disparar un tiro. Cuidado
que la nueva subversión tiene en la mira a Venezuela.
La
fortuna del nuevo dueño de Telcel alcanza
cifras siderales en billete americano. Se trata del amo y señor
de las almas españolas. Don Jesús Polanco
y Blanco,
como se le conoce con apellidos de abolengo incorporado, viene
desde hace tiempo extendiendo sus tentáculos capitalistas
por toda América
Latina. De continuar su escalada como va, no está lejano
el día cuando nos levantaremos con la familiaridad
del acento ibérico tomando asiento en nuestros desayunos.
Entre los vericuetos del más moderno imperio de la información
castiza, en el abigarrado mundo de sus propiedades, el amo de Telefónica ha
resultado el verdadero artífice de la derrota del Partido
Popular en España, José Aznar (enconado
enemigo mediático de Hugo
Chávez Frías)
ha sufrido en carne propia el efecto del poder de la comunicación
utilizado de manera perversa.
Por primera vez en
la historia nacional los dueños de los medios de comunicación
encuentran un verdadero peligro amenazando la libertad de informar,
la libertad del editor y de todas las otras armas de los amos de
la comunicación criolla y no es precisamente Chávez
el motivo de la inqutetud empresarial. Se trata de Jesús
Polanco, un español de antiguos devaneos con los tupamaros
uruguayos y el extinto, argentino, Ejército Revolucionario
del Pueblo. De aquel Regis Debray latino solo queda la sombra
y hoy representa la pujanza del empresario sin escrúpulos,
ejempto vivo del llamado liberalismo salvaje.
Nadie sabe cómo comenzó Polanco los riesgos de la
aventura que lo elevó a la cúspide de los faraones
de la comunicación y mucho menos cómo llegó a
constituirse en una amenaza más seria que la representada
por Bin Laden extrapolado a los predios de la
información.
En realidad, Jesús Polanco se ha revelado en toda su dimensión
de "terrorista comunicacional" y no
es una exageración
afirmar que haría morir de envidia hasta los más
connotados extremistas de ese partido virtual que ha resultado
la televisión privada. Polanco ya no puede ser un secreto
y así ha quedado manifiesto desde el mismo momento cuando
la terrible tragedia del plástico explosivo político detonó en
el subterráneo madrileño la mañana
del pasado 11 de marzo. A sólo horas de las elecciones españolas,
las bombas de los nuevos cruzados del fanatismo le
sirvieron de espoleta a Polanco para librar una onda expansiva
que le daría la vuelta
a la tortilla en el panorama político español, que
para ese momento resultaba abiertamente favorable a Jóse
María
Aznar frente a su adversario José Rodríguez
Zapatero del PSOE.
Aún no hemos llegado al esplendor del escándalo que
tarde o temprano desatará la ambición de Jesús
Polanco, pero la consigna "Que el Gobierno diga la verdad",
es apenas el inicio del mando supremo en lo que queda del mundo socialista
español.
El diario El País fue autorizado por Francisco
Franco, a su dirección
llega Polanco de la mano de Manuel Fraga. El
futuro zar de la comunicación
negoció con Franco y Pinochet la construcción de su
imperio de libros de texto. Polanco ha mantenido contacto
permanente con los principales foros de decisión del neocapitalismo
internacional. Desde el mismo momento cuando arribó el
primer Gobierno socialista español tejió la red de
sus negocios que giraron en tomo a la publicidad estatal, la concesión
fuera de plazo de la televisión codificada, la concentración
radiofónica
de la Cadena Ser y Antena 3 Radio.
El zar de la comunicación ha ejercido su oficio
de manera férrea. Comenzó fijando
las reglas del juego: los columnistas de El
País se pueden meter
con la Iglesia, el Gobierno o la monarquía, pero no to pueden
hacer con El Corte Inglés ( la empresa de
España
que más
invierte en publicidad).
La banca internacional le ha financiado créditos de hasta
un mil millones de dólares. Pero si el mundo está a
los pies de don Jesús, su fama de malagradecido ha crecido
entre sus amigos. Mucho más ahora después de
jugarle una mala pasada a José María Aznar, cuyo Partido
Popular antes le había permitido la fusión de las Cadenas
Digitales, Canal Satélite y Sogecable, con unas excelentes
condiciones, al tiempo que aprovechaba para fortalecer sus alianzas
con Aol-Time Warner, Rupert Murdoch y Tetevisa.
La falta de escrúpulos a la hora de sacrificar a sus amigos
le ha permitido al Grupo Prisa (casa matriz de Jesús
Polanco), protagonizar una importante subida en el parqué madrileño.
En lo que va de año, el valor de sus títulos se incrementó 27,20
por ciento, casi el triple que el ibex-35. Sólo
en el último
mes, las acciones de Prisa subieron 34,53 por ciento. Los inversores
también han sabido apreciar las buenas noticias que para la
empresa de Polanco se han desprendido de la actuación del
gobierno. Si hace apenas seis meses el ministro de Ciencia
y Tecnología,
Josep Piqué, anunciaba la inminente ilegalización
de la red de emisoras locales de Prisa y Localia
TV, ahora
la situación es bien distinta; no sólo mantiene sus participaciones
en Canal Plus y Localia (algo que
estaba prohibido por ley) sino que además el gobierno de Aznar
le permitió, a través
de una enmienda de la ley de telecomunicaciones, la emisión
de la programación en cadena en la red local de Prisa.
Son conocidos sus lazos con el presidente argentino, Néstor
Kirchner, a quien frecuenta acompañando en su nostalgia
por los rnontoneros y revolucionarios, pero, por supuesto, sin la
pobreza rancia cue
acompañó aquella época.
Mientras, el editor español, que se jacta de ser un hombre
progresista, ya no cree en la revolución social y cuando se
la mencionan responde con grandes carcajadas. Don Jesús se
dejó de sueños y se siente muy a gusto con el capitalismo:
su filosofía más profunda es el libre
mercado, pero
en realidad es un amante del monopolio, por eso
se entiende a las mil maravillas con Kirchner, quien además es un
fanático
lector de El País, el buque insignia de don
Polanco.
La Casa Rosada le abrió las puertas de Argentina,
de la misma manera que Felipe González (su
mejor agente comercial) se la ha abierto en el México de Vicente
Fox. Pero es tal
la comunidad de intereses con el mandatario argentino que Polanco
le solicitó su ayuda para adquirir Radio
Continental.
Kirchner no sólo te dio la mano sino que lo entusiasmó para que pusiera
en marcha un diario en Argentina. En este momento,
Polanco posee más de mil emisoras de radio en toda América
Latina. El emperador de la guerra
mediática considera
que con su presencia en México, en Colombia
(Radio Caracol) y Argentina, está preparado
para incursionar en Venezuela, donde más de un editor importante
está al borde de la quiebra. El
eje Kirchner-Polanco no es sino una
alianza mercantil y política. En ese sentido no se puede hablar de
ideología,
sino de poder y de dinero. En
el portafolio de Polanco viene la descornposición de la unidad nacional,
el envilecimiento de las instituciones y el freno a la posibilidad
de regenerar la política y el Estado. Se trata pues
de la intención de crear y fomentar
la corrupción en la cumbre, la
podredumbre de la justicia, y la
anemia moral de los medios de comunicación de masas. Todo ello conduce
a la desintegración de las reúblicas latinoamericanas.
El Grupo Prisa tiene relaciones con el venezolano clan
Cisneros,
ambos comparten una fuerte vinculación con las sociedades
masónicas más atrasadas de Europa, con la llamada masonería irregular. Probablemente,
el jefe del clan venezolano haya sido incorporado por Jesús Polanco
porque anteriormente no se le conocian esas inclinaciones. Pero,
lo cierto es que tanto Cisneros como
Polanco le imprimen
el sello masónico
a sus medios
de comunicación
social. Digamos que practican una masonería
invisible, por cuanto desarrollan actividades aparentemente ajenas
a la masonería, pero a impulsos de los proyectos e ideal
masónicos,
aunque abiertas ordinariamente a no masones, su "filosofía" y
sus directrices son masónicas.
Es muy probable que sus nexos los lleven
a una sociedad secreta conocida como orden skull
and bones (orden de la calavera
y de los huesos), cuyo emblema es una calavera con dos
huesos cruzados. En los últimos
tiempos
es llamada casi a secas: the order. Se trata de una hermandad
fundada en la Universidad de Yate en 1832. Es una orden masónica
independiente, es decir, no está inscrita en ninguna gran
logia regular.
Jesús Polanco es amigo de Felipe González y ha usufructuado
ese nexo para lograr la expulsión de jueces que no le son
afectos en la carrera judicial, además ejerce un control
estricto sobre el PSOE, y, en general, sobre la opinión
llamada "progresista" en
España.
No en balde Jesús Polanco se ha transformado en don Jesús
de Polanco y Blanco. Todo depende de cómo se escriban los
apellidos para saber de quién se trata la persona en una
sociedad de trazos monárquicos. La
influencia del "don" se
extiende como accionista de hoteles, funerarias, agendas de viajes,
librerías, editoriales,
gabinetes sociológicosy bancos.
Curiosamente pocas personas saben quén es este buen señor
ya que siempre ha permanecido en un segundo plano en cuanto a la
popularidad, que no influencia, social. A pesar de ser una persona
muy poco conocida para el gran público, su presencia en
la vida cotidiana de los españoles medios es abrumadora.
Ya
señalamos que don Jesús Polanco y Blanco hizo
fortuna durante el franquismo,
cuando el dictador le otorgó a
dedo la exclusiva de libros de texto a la Editorial Santillana.
Pero donde afianzó su poder fue durante la década
de los 80, con la llegada al Gobierno de Felipe
González.
Entonces se hizo célebre la frase: "Felipe
es Dios y Polanco su profeta".
En ese tiempo el Grupo Prisa se convirtió en
el primer defensor del gobierno de González y de todo el
turbio entramado empresarial y económico que se construyó bajo
su mandato. La crítica
a Polanco no es que sea rico o que tenga éxito en los negocios,
no, se le cuestiona la forma cómo se ha enriquecido
o ha hecho negocios, ayudado siempre desde el poder y con ventaja
respecto a los otros competidores. Su modelo empresarial es el
monopolio, no el libre mercado.
El gobierno le vendió a un precio
irrisorio la cadena
Ser (una red de radio que cubría todo
el territorio español).
Después de fracasar en el libre mercado radiofónico,
optó con la ayuda del gobierno felipista por destrozar
la competencia (el antenicidio); se le otorgó a
dedo un canal de pago (el único) que además tenía
la exclusiva del fútbol
los domingos. Se trata del Canal Plus, el cual
generó una
fuente inmensa de beneficios para Polanco, por no contar además
con una competencia posible. De
tal manera que Felipe González y
toda la oligarquía financiera que lo sostenía, tuvo
en Polanco su principal soporte publicitario y mediático. Su
influencia en la sociedad es enorme al contar con el apoyo abrumador
de todos los medios de comunicación públicos y privados.
Quien osara enfrentarse a su poder se estrellaría ante un
colosal muro. Desde el Grupo Prisa se produjo
la descalificación
y el linchamiento mediático de las personas que se atrevían
a poner en duda o a criticar algún aspecto de la corrupción
socialista. Así se acallo a los medios críticos
e independtentes.
Durante años el PSOE se
dedicó a salvaguardar los
negocios, chanchullos y cambalaches de Polanco, quien se convirtió en
todo un auténtico emperador, con la capacidad de decidir
de modo arbitrario sobre los diversos aspectos de la vida española.
Dominó, según su conveniencia con mano firme un imperio
mediático que se hizo del control absoluto de la información
en España. Utilizó para ello todos los recursos posibles,
por encima de cualquier planteamiento ético o moral. Conociendo
su existencia es una tarea básica para comprender la impunidad
y despreocupación con que algunos saquearon y corrompieron
las instituciones del Estado durante la década del PSOE.
La llegada al poder de José Marta Aznar y del Partido
Popular constituyó una gran derrota para don Polanco. Desde
entonces hizo todo lo que tuvo a su alcance para desacreditar a
los dirigentes del PP. Bajo el gobierno de Aznar, el Grupo Prisa
dejó de
recibir la protección y la exclusividad que el PSOE le confirió en
sus negocios. Ahora, cuando la venganza tiene un dulce sabor, Jesús
Polanco sólo tiene una coincidencia con su adversario derrotado:
cruzando el Atlántico, su hermano masón requiere
de su ayuda.
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