¿Rumbos hacia la sensatez?
Francisco Mieres
/ Soberania.info
- 02/04/04
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Estamos en un momento de aparente transición hacia la normalización
de la vida política nacional, ya fracasados todos los intentos
de imponer un cambio de gobierno por la vías de la violencia
y de la intervención del Imperio.
El inicio de la campaña
electoral para los poderes locales y regionales, superadas las
folklóricas proclamaciones de los estados libre-asociados
en Yaracuy y otros, y la convalidación de los poderes del
CNE para la conducción de los procesos referendarios, comportan
la consulta a los ciudadanos y la relegitimación de algunos
poderes públicos por la vía constitucional y popular,
que es a la postre la vía constituyente.
Hay que lamentar
la falta de voluntad en el gobierno para aplicar ese método
en otras instancias de enorme importancia, verbi-gratia en el sector
universitario y en el petrolero,
pese a su proclamación
desde arriba y a las reiteradas solicitudes desde abajo. Constituyente
universitaria y constituyente petrolera son dos metas que las burocracias
respectivas han pretendido bloquear y sustituir por contubernios
de cúpulas, justo cuando el afloramiento de la genuina autonomía
universitaria y del poder real del "pueblo soberano, dueño
de PDVSA" serían dos pilares claves de la auténtica
democracia participativa prometida en la Constitución.
El
dominio del saber y la tecnología, y el dominio de la energía
por parte del soberano y de sus órganos son elementos cardinales
de la soberanía nacional, así como de la unión
de los pueblos y países del Sur frente a la dominación
no sólo violenta y destructora del Imperio,
como en Afganistán
e Iraq, sino también cada vez más ladina y sutil,
por la vía informática y "meritocrática",
como la que hemos "disfrutado" en Venezuela.
El
Consejo de Estado, estipulado en el artículo 251 de la Constitución,
luego de un quinquenio sigue sin nacer, gracias al veto de Giordani,
que sigue vigente sin que se sepa por qué. A
ese consejo le toca reestructurar la dirección del sector petrolero,
con la participación del pueblo llano, velar por una política
y geopolítica petrolera coherente con la OPEP y con América
Latina, impulsar la creación de la Universidad del Sur,
propuesta al grupo de los 15, o Universidad de la OPEP, o "Universidad
de la Energía J. P. Pérez Alfonso", para unir saber,
poder y energía en la defensa y el desarrollo humano de
los pueblos. Por fortuna, otros
desatinos del ministro en materia económica, su fe en la banca privada, en la inversión
extranjera, en el "libre" mercado -lecciones traídas de
Washington por Rojitas y Maritza-
fueron barridas por la realidad, que impuso una política de fuerte intervención del
Estado a favor de la producción endógena agro-industrial,
de la creación masiva de empleos y no menos masiva de oportunidades
de estudio, misiones sociales de
enorme arrastre social, y por ende político. Este
viraje a favor del trabajo cooperativo vs. el imperio del capital
y en pro del Sur vs. el Norte aumenta obviamente la cota de popularidad
del gobierno y su fuerza comicial, lo que infunde más realismo a los empresarios que en Fedecámaras
o fuera de ella reanudan su labor productiva y abandonan las veleidades
conspirativas que los hundieron.
Lamentablemente, esta avalancha
de misiones improvisadas, a trancas y barrancas, tiende a ocultar
los graves problemas pendientes para la gran misión constituyente:
estructurar una nación soberana y productiva, del pueblo,
por el pueblo y para el pueblo. El principalísimo problema
pendiente, nuestro talón de Aquiles, es el petróleo.
Mientras no se lo abra al pueblo, a la universidad, a las fuerzas
armadas y a los propios trabajadores, y se lo pretenda "reservar" a
los cenáculos de La Campiña, PDVSA seguirá a
merced de Intesa-SAIC, de McKinsey-SUMATE!, de ENRON-KPMG, de Giusti-Quirós-SHELL
y sus pupilos meritócratas., es decir, del Imperio.
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