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Caracas / Venezuela -
 


El escándalo Halliburton: Cosa de todos los días
David May (Socialist Appeal) / Rebelion.org (España) - 30/03/04

Traducido para Rebelión por Germán Leyens

Como parte de la larga lista de escándalos corporativos que implican a la administración Bush, Halliburton, el gigante energético que antes era dirigido y que sigue bajo considerable influencia del vicepresidente Dick Cheney, ha anunciado que reembolsará al gobierno de EE.UU. más de 27,4 millones de dólares después de que se reveló que realizó groseros abusos en los precios de las comidas que suministra a los militares de EE.UU. en Irak. Esto viene después del descubrimiento de sobornos por parte de agentes de Halliburton que cobraron 6,3 millones de dólares de más a los militares por combustible suministrado a bases en Irak y Kuwait. Estos casos flagrantes de corrupción y soborno podrán parecer escandalosos, pero son sólo la punta del iceberg capitalista - cosa de todos los días para el imperialismo de EE.UU. Este tipo de prácticas no es de modo alguno algo exclusivo de Halliburton, o incluso de la administración Bush. Las interconexiones entre el capital y el Estado son profundas, no sólo en el EE.UU. de George W, Bush sino en todos los países capitalistas.

El descubrimiento de cobros exagerados implica a Kellog, Brown & Root, una subsidiaria de entera propiedad de Halliburton. En un controvertido contrato, "sin licitación", KBR obtuvo pedidos por un total de 8.000 millones de dólares para suministrar lavandería, alimentos, y construir bases para las fuerzas armadas de EE.UU. en Irak. Esto también incluye 1.200 millones de dólares para restaurar la producción en los campos petrolíferos del sur de Irak. ¡Es pura casualidad que el vicepresidente y principal accionista de Halliburton, Cheney, haya estado directamente involucrado en la adjudicación de contratos de reconstrucción en Irak! Esto no significa que sólo Halliburton haya recibido su parte - también la recibió el importante patrocinador de Bush, Bechtel, la compañía de construcciones, y por cierto una compañía de Texas que se llama Exxon-Mobil.

Desde luego, no es la primera vez que compañías de EE.UU., no importa si contribuyen más al partido republicano o al demócrata, se han beneficiado con la política externa de EE.UU. En realidad, el gobierno de EE.UU. opera varios bancos y organizaciones, todas financiadas con impuestos, para impulsar y apoyar las inversiones extranjeras de EE.UU. Las principales son Overseas Private Investment Corporation [OPIC], Import-Export Bank of the United States y el Fondo Monetario Internacional, de Nueva York. OPIC ayudó a la ahora difunta Enron Corporation otorgándole 2.400 millones de dólares en su operación para abrir una inmensa planta energética de gas natural en Nagpal, India, entre 1992 y 2000. Halliburton está siendo investigada por la justicia francesa por 180 millones de dólares en sobornos pagados a funcionarios del gobierno nigeriano en su oferta para conseguir un contrato para una planta de gas junto con sus socios Technip (Francia), ENI SpA (Italia), y Japan Gasoline Corporation.

Las guerras imperialistas han representado siempre amplias "oportunidades" de negocios - y la actual guerra en Irak no constituye una excepción. Es una característica definidora del capitalismo, específicamente en su era del imperialismo y decadencia. La siguiente cita de un antiguo general de los marines lo resume todo: "Ayudé a que México, especialmente Tampico, fuera un sitio seguro para los intereses petroleros de EE.UU. en 1914.. Ayudé a que Cuba y Haití, fueran sitios decentes para que los muchachos del National City Bank cobraran ingresos. Ayudé a violar una media docena de repúblicas centroamericanas para beneficiar Wall Street. El historial del crimen organizado es largo. Ayudé a purificar Nicaragua para la casa bancaria internacional de Brown Brothers en 1909-1912. Llevé la luz a la República Dominicana para los intereses azucareros de EE.UU. en 1916. En China ayudé a asegurar que Standard Oil no fuera molestada. Durante esos años tuve, como dirían los muchachos en la trastienda, un lindo negocio". (General Smedley Butler, de un discurso en 1933.)

Lenin, en su importante obra: "Imperialismo, la fase superior del capitalismo" explica que el imperialismo moderno se desarrolla como una lucha entre los países capitalistas más avanzados por mercados, recursos y esferas de influencia, debido a las exigencias y estrechos límites del Estado-nación. Los capitalistas de los mayores países imperialistas compiten entre ellos para lograr el acceso y el control de cada uno y todos los mercados. Para ello se basan en el Estado, que bajo el capitalismo no es, en realidad, otra cosa que el comité ejecutivo de la clase gobernante - la burguesía. Al defender los intereses de su propia burguesía nacional, el Estado necesariamente entra en conflicto no sólo con los países coloniales y del "tercer mundo", que se propone dominar financiera y políticamente, sino también con sus rivales imperialistas. Como resultado de esta situación histórica, el Estado y el capital se identifican más y más. Por su papel en la sociedad el Estado parece estar "por sobre" la sociedad, pero no es de ninguna manera un árbitro imparcial entre las clases. El papel del Estado es defender y ajustarse a los intereses de la clase dominante en la sociedad. En Estados Unidos esta fusión del Estado y del mundo de los negocios está tan desarrollada que los pequeños grupos de individuos que controlan la mayor parte de la riqueza de la nación son también los mismos individuos que ocupan las posiciones más poderosas dentro del Estado.

George W. Bush es un buen ejemplo. Después de graduarse de la universidad su padre, George Bush senior, potentado y congresista, le dio una compañía de servicios petroleros. Después de arruinar esa compañía, se le dio un puesto en otra de las compañías de su padre. Después de una actividad menos que brillante en el mundo empresarial, George junior entró a la política. Fue más tarde elegido gobernador de Texas durante dos períodos, en los que obtuvo para el Estado un récord en la cantidad de ejecuciones y del monto de contaminantes industriales diseminados en el aire, el agua y el suelo. Mientras tanto, cuando no estaba ocupado recortando el presupuesto educacional de Texas y convirtiendo ese Estado en un país de las maravillas capitalista por su desregulación industrial, logró visitar Argentina, donde aprovechó el nombre de su familia por cuenta de su amigo Ken Lay, de Enron Corporation, obteniendo el primer contrato de su compañía en Argentina. Como resultado del propio auge de la desregulación en Argentina a fines de los años 90, el país cayó en una crisis económica de la que aún no termina de salir. Finalmente, George junior siguió los pasos de su padre a la Casa Blanca, en 2000, en gran parte gracias al fiasco del recuento de los votos de la elección y del sabotaje del registro de votantes en el Estado de Florida, gobernado por el hermano de George W. Bush, Jeb. Las interconexiones entre la burguesía y el Estado son profundas.

La familia Bush es sólo una de las familias políticas bien conocidas. No deberíamos olvidar que la familia demócrata Kennedy ha estado representada en el Congreso desde los años 50, y que puede enorgullecerse de haber iniciado la profundización de la participación de EE.UU. en la Guerra de Vietnam y el intento de invasión de Cuba en 1962. John Kerry, uno de los miembros de esa extensa familia, se está posicionando como candidato demócrata para las elecciones de 2004. Sin embargo, algunas de las tradiciones familiares son profundas, y la proposición de la campaña de Kerry de aumentar la cantidad de las tropas de EE.UU. en Irak es un recuerdo inquietante de la escalada de la participación estadounidense en Vietnam de John F. Kennedy. No menos importante es que la campaña de Mr. Kerry es financiada no con fondos electorales públicos, sino con su propia fortuna personal resultante de su matrimonio con la heredera del ketchup, Theresa Heinz. Las familias Bush y Kennedy son sólo dos de las 150 familias que controlan la vasta mayoría de la riqueza en Estados Unidos.

El Estado, lejos de ser mediador imparcial entre las clases, es el estado de los capitalistas. Defiende sus intereses dentro y fuera del país, dentro mediante leyes, los tribunales, la policía y las prisiones, afuera con pactos comerciales, embargos, subsidios, aranceles, y guerras imperialistas. No sólo eso, los capitanes de la industria pasan regularmente a posiciones dirigentes en los gobiernos y viceversa. Los chanchullos descarados de Halliburton a costa de los militares en Irak no debieran sorprender a nadie - son sólo un evidente ejemplo más del saqueo del Estado, y de los impuestos de los trabajadores que lo financian, por parte de los capitalistas.

En la pasada década y media, los gobiernos federales y estatales han recortado continuamente el presupuesto de todos los programas y servicios necesitados por la clase trabajadora, mientras reducían los impuestos a los ricos. El transporte, la educación, los programas sanitarios, los salarios de los trabajadores públicos, la inspección de la seguridad en el sitio de trabajo y una multitud de otros servicios han sido continuamente reducidos al extremo. El recorte del presupuesto de educación y la introducción del creacionismo religioso a las escuelas públicas ha asestado un serio golpe a la educación estadounidense (¿qué pasó con la separación de la iglesia y el estado?) ¡Muchos estudiantes de EE.UU. ni siquiera son capaces actualmente de encontrar Canadá en el mapa! Los sueldos y salarios de los trabajadores públicos están a su nivel más bajo en un cuarto de siglo. Decenas de miles de trabajadores mueren o son lisiados en el sitio de trabajo cada año. Lo peor de todo: la gradual destrucción de los servicios de salud para los jóvenes, ancianos y los ciudadanos más pobres de EE.UU. ha creado una tremenda crisis en la que millones no pueden conseguir tratamiento médico o las medicinas necesarias. El verano pasado, la película John Q., en la que un padre de clase trabajadora toma de rehén a todo un hospital para que su hijo agonizante pueda recibir una trasplantación de corazón, fue un éxito de taquilla por razones obvias. El saqueo del público por compañías como Halliburton es una clara evidencia de que ya no existe nada históricamente progresista en el capitalismo, se ha agotado. En lugar de desarrollar y revolucionar la producción, como lo hizo hace 200 años, ahora es tan débil que tiene que nutrirse de su propio Estado. El capitalismo no puede ofrecernos otra cosa que el empeoramiento de las condiciones de vida y de los salarios, guerras saqueo imperialista y crisis. ¡Vivimos en medio de una espiral de crisis capitalistas y necesitamos una solución socialista!


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