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Caracas / Venezuela -
 


La derecha uribista
Manuel Isidro Molina / Semanario La Razón No. 484 (Venezuela) - 18/04/04

El último autogol de factores de la Coordinadora Democrática y del Bloque Democrático, tanto en la Asamblea Nacional como desde la academia neocolonial militante, fue su identificación con el insólito y grosero pronunciamiento de la mayoría del Senado de la República de Colombia, del martes 13 de abril de 2004.

No tiene precedente ese acuerdo cipayo del Senado colombiano, motivado en triángulo por la política estadounidense y las añoranzas de poder de la más reaccionaria y miope derecha venezolana, junto a los excluyentes y criminales factores colombianos imbricados en el Plan Colombia. Y la respuesta pública del presidente Álvaro Uribe Vélez, anclándose en la autonomía institucional del Senado de su país, no pudo ser más cínica, en correspondencia con su forma de ser, pensar y actuar, vinculado históricamente a las facciones criminales del narcotráfico y los paramilitares. Con 80% de respaldo de la opinión pública, impactada por la política guerrerista oficial, Uribe motoriza una reforma constitucional para garantizarse su reelección en 2006, lo que tiene de fiesta a la derecha colombiana, hoy identificada con su Presidente, por encima de las fronteras liberales y conservadoras, en un país diezmado por las injusticias sociales, la opulencia de su oligarquía, la lucha armada de formaciones rebeldes (FARC-ELN), la corrupción política y policíaco-militar, el paramilitarismo, el narcotráfico, las bandas de sicarios y secuestradores extorsionistas, las mafias del robo de vehículos, cuyos efectos los viene soportando Venezuela estoicamente, con abrigo solidario para con centenares de miles de colombianos y colombianas bondadosos y trabajadores que se han visto compelidos a emigrar hacia nuestro país, hoy fundidos familiarmente con el pueblo venezolano.

La hermandad popular colombo-venezolana está fundida en crisol histórico, a pesar de los gobiernos reaccionarios, excluyentes e irresponsables que hemos sufrido durante casi dos siglos, en Colombia y Venezuela. Una diferencia histórica importante en el desarrollo de ambos países, desde 1830 hasta hoy, es la lucha ascendente -con altibajos explicables- del pueblo venezolano por la igualdad y la justicia social, con un espíritu libertario que tuvo su zenit en la Guerra Federal, en el siglo XIX, en conexión con los precedentes gloriosos de la decidida lucha anticolonial, desde el 19 de Abril de 1810 -cuyo 194 aniversario estamos celebrando- y el 5 de Julio de 1811.

A diferencia de Colombia, en Venezuela nunca se pudo consolidar la jefatura absoluta de la oligarquía económica sobre la vida nacional. El peso de las pugnaces oligarquías políticas y militares venezolanas -no menos miserables y corruptas-, impidió la consolidación de poderes criminales y semi-esclavistas como los instaurados en Colombia, Ecuador, Perú, Bolivia o Brasil, y en los países centroamericanos. Los venezolanos y venezolanas -lo afirmo sin pedanterías necias- hemos sido rebeldes y luchadores decididos por la libertad y la igualdad, contra las injusticias sociales, celosos de nuestra soberanía e independencia, que es lo que nos define e identifica con el tronco histórico de nuestro Libertadores. Ese proceso ascendente, durante el siglo XX, tuvo dos saltos significativos en 1945 (ruptura la herencia gomecista, ya alterado democráticamente durante la presidencia de Medina Angarita) y en 1958, aquel "23 de Enero" glorioso que fue culminación de una década de lucha contra la dictadura militar -torturadora, criminal y ladrona- del general Marcos Pérez Jiménez, y significó el establecimiento definitivo de la subordinación democrática del poder militar al Poder Civil. Y el 27 de Febrero de 1989, ocurrió aquella explosión popular sin precedentes contra el neoliberalismo impulsado por el gobierno del presidente Carlos Andrés Pérez, responsable junto a la cúpula militar y policial de la época, de la represión genocida impuesta para sofocar la revuelta de los marginados y pobres que buscaban irracionalmente resarcir en algo su penas saqueando negocios y destruyendo propiedades públicas y privadas. Desde entonces, no ha cesado la inestabilidad política y social, apuntando a un futuro todavía incierto, pero afirmado a la idea básica de no regresar al pasado de injusticias, latrocinio y represión.

Por otro lado, las manipulaciones internacionales de la oligarquía colombiana -aprovechando las pretensiones imperialistas de Estados Unidos de América y las añoranzas coloniales del Reino de España- le permitieron victimizar a Venezuela, desde el punto de vista territorial, estimulados por la ignorancia y la irresponsabilidad de los gobernantes venezolanos. Historia conocida.

Frente a la agresión neocolonial y reaccionaria de la mayoría uribista del Senado colombiano, los luchadores por la libertad y la igualdad en Venezuela, debemos unirnos en torno a la defensa de nuestra soberanía e independencia, independientemente de los afectos y reprobaciones que genera el gobierno del presidente Hugo Chávez Frías, jefe de un gobierno indefendible por irresponsable, inepto, arbitrario y corrupto.

La Fuerza Armada Nacional debe afinar sus planes y estrategias de seguridad y defensa, especialmente ante la posibilidad cierta de que grupos paramilitares -en coordinación con mando militares, económicos y políticos colombianos, hoy espuelados por la neocolonial derecha uribista- comiencen una escalada de sabotajes sangrientos en territorio venezolano, donde ya actúan como extensión del conflicto interior colombiano. El respaldo popular a su acción decidida en defensa de nuestra soberanía e independencia, debe ser total, al margen de las cantos vendepatria de algunos voceros de la derecha neocolonial venezolana. Los pronunciamientos del Gobierno Nacional y de la Asamblea Nacional han sido serios y contundentes, representativos de los valores y derechos soberanos de Venezuela, y en ellos nos sentimos identificados.

Al pueblo venezolano le corresponde superar soberanamente los problemas que confrontamos, y que sabremos resolver sin regresar al pasado ni anclarnos en las miserias del presente. Una nueva mayoría viene condenando simultáneamente a los liderazgos del "gobierno" y la "oposición" por ser corresponsables de la crisis que sufrimos. Cuando la mayoría del pueblo venezolano se empine por encima de las miserias del "chavismo" y del "antichavismo", comenzaremos la ruta cierta por un futuro mejor. Las virtudes que nos deben identificar están en lo mejor de nuestra histórica lucha por la libertad, la igualdad, la justicia social y la independencia-soberanía de la Patria, así como en los grandes anhelos de redención de nuestro pueblo. Esto es lo que nos une frente a agresiones como la de la mayoría uribista del Senado de Colombia, vergonzantemente aplaudida por la derecha neocolonial venezolana.


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