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PRAGMÁTICOS,
RESTAURADORES, MERITÓCRATAS Y DELINCUENTES
El sector energía 1999-2002
Responsabilidades políticas y penales
Víctor Poleo Uzcátegui - Caracas,
noviembre 2002
Los buenos capitanes notariados
A la inglesa, en un ensayo cuyo título lo dice todo: el
daño que hacen los buenos,
Bertrand Rusell estableció la relación entre la fama
adquirida y la impunidad subsiguiente, peligro que siempre se corre
con las buenas personas [1]. A la criolla,
en una caracterización que también lo dice todo: capitanes
notariados, Alfredo Maneiro [2] estableció
la relación entre las pseudo-vanguardias revolucionarias
y el fracaso de los procesos de cambios sociales, peligro que siempre
se corre con los capitanes notariados.
Para bien calificar en esta categoría política, el
capitán notariado ha de ser pragmático.
Entiéndase de otro modo, en el justo contexto de la mecánica
vectorial. Considere un conjunto de vectores y –en analogía
con las fuerzas e intereses del poder constituido– sea cada
uno de ellos dotado de atributos propios, concretamente: dirección,
sentido y magnitud. El vector resultante es al campo vectorial lo
que el pragmático a la política: jinetero del poder
constituido. El vector resultante, en definitiva, le debe su existencia
y atributos a las fuerzas dominantes, sus notarios. X Devenido en
empresario notariado, y no por azar – no para
administrar una derrota, sino para aprovecharse políticamente
de una histórica victoria, la del 13 de Abril–, el
buen pragmático falsifica la causalidad
de los problemas. El problema de Venezuela se llama petróleo,
en una Venezuela dividida entre los usufructuarios de su riqueza,
los menos, y otra de millones que ni siquiera se han enterado de
su existencia. Cuando el debate petrolero finalmente ha implosionado
PDVSA, y ello gracias a los buenos oficios de la meritocracia golpista,
el buen pragmático aboga por despolitizar
PDVSA. Cuando, por extensión, el debate petrolero llegó
a la calle, el buen pragmático aboga por luchar
contra la pobreza.
Cuando,
por fuerza de los hechos, se impone una limpieza ética en
PDVSA, el buen pragmático otorga
amnistías y administra artilugios llamados cogobierno
y mesas de diálogo. El buen pragmático
cree tener ideas propias, de allí su tribalismo. Sólo
un cierto lumpen político podría aceptar sumisamente
que la jerarquía y el partido devengan, una vez más,
en un fin en sí mismo. El buen pragmático
anhela un chavismo sin Chávez,
exabrupto político, y cultiva su esperanza de ser ungido
en la transición negociada. En
su momento, el también pragmático y abogado Kerenski
apostó a una transición negociada.
Transcurridos tres años de intensa lucha de clases, las organizaciones
de izquierda, tribalizadas por capitanes notariados,
parecen haber ocupado sus recursos en una acomodaticia defensa del
gobierno y no en el forjamiento del poder popular, permitiendo el
avance impune de una contrarrevolución cuyo botín
de guerra se llama PDVSA.

Alí Rodríguez y Andrés Mata “La
concertación nacional es vital
para superar la pobreza”. El Universal, 18-10-02. Economía.
PDVSA
- meritocracia si, política no
Despolitización y meritocracia
(gobierno o poder del mérito) son paradigmas inducidos a
conveniencia para derrocar al Estado-Propietario el 11 de Abril
2002 cuando, por primera vez en 25 años, el Directorio de
PDVSA es nominado con entera autonomía política por
el Jefe de Estado [3]. Que no quepa duda alguna: el Directorio de
PDVSA es de naturaleza política, siendo su razón última
la toma del poder absoluto en PDVSA.
Irónicamente, es R. Mandini
[4], alabardero lúcido de una clase meritocrática
en extinción, quien reivindica “la toma
del poder absoluto” en PDVSA [5]. Y el poder
en PDVSA es el poder en Venezuela. El Directorio de PDVSA es nominado
para dirigir políticamente a PDVSA y no para ser dirigido
meritocráticamente. Veamos: de
cada 100 dólares recaudados [6] por PDVSA, 80 dólares
son auto-asignados para sembrar
el petróleo en el petróleo, mientras
que los restantes 20 dólares le son residualmente concedidos
al Estado-Propietario.

Dicho en cifras del año 2000: la factura petrolera consolidada
fué de 50.000 millones de dólares y –luego de
su anualizado ataque fiscal a PDVSA–,
el Estado-Propietario recibió 10.000 millones dólares,
mientras que los restantes 40.000 millones (80%) de dólares
fueron distribuidos por la meritocracia entre el capital petrolero
internacional y sus personalizados costos corporativos [7]. La inercia
de los intereses corporativos continúa intacta. Los ingresos
corrientes de la Nación para el 2003 se estiman en 20.000
millones de dólares, de lo cual 10.000 millones son ingresos
fiscales petroleros, al precio de 18 $/barril [8]. Pues bien, siendo
que esos 10.000 millones de dólares representan un 50% del
total de los ingresos fiscales de la Nación, no es difícil
concluir que el tamaño de los ingresos consolidados de PDVSA
es dos y media veces el tamaño de los ingresos ordinarios
del Fisco nacional.

Tal
asimetría financiera es la razón de ser del meta-estado
PDVSA, afianzado en el poder petrolero del capital internacional.
Sobran entonces razones para derrocar cualquier gobierno
cuya osadía dejase al descubierto las inmensas cantidades
de dinero estafado a la Nación y los groseros privilegios
acumulados por el movimiento meritócrata, no importando el
daño patrimonial y pérdidas humanas que de nuevo causen
los evangelizadores de la desnacionalización de PDVSA y de
su entrega al capital internacional. En apariencia, sin
embargo, Washington no quiere ya repetir su golpe al sistema democrático
venezolano: está satisfecho con la Junta Directiva post-golpe
en PDVSA [9] y de su apropiación plena de la nueva política
petrolera estatal, giro de 180 grados,
suministro seguro y confiable ad infinitum.
Corrupción y traición envilecen el proceso de cambios
estructurales iniciados en Venezuela desde 1999. La corrupción,
impune y creciente, es herencia que anida en las empresas estatales
del petróleo, de la electricidad, del aluminio y del acero,
y, en general, en la Administración Pública. La traición
anida en la mayoría de quienes accedieron al poder gracias
a la voluntad de cambio de un pueblo que quiere ser dueño
de su destino. Las llamadas fuerzas motrices de la revolución
están tan afectadas por la descomposición como las
encargadas de mantener el status. Infelizmente, de un aquelarre
tal se nutrió la conducción
del Sector Energía venezolano durante estos tres primeros
años revolucionarios.
Alvaro Silva Calderón

De Alvaro Silva Calderón, ministro de la prudencia y sabiduría
jurídica (ex ministro de la Energía), alguna indicación
ya teníamos de su poco entusiasmo por colegiar y pluralizar
la reflexión, por fertilizar el debate; supimos, con el desconcierto
que entonces ello nos causó, de su velado entusiasmo por
privilegiar cónclaves en oposición
a asambleas (sus palabras de ayer, sus
hechos cumplidos de hoy). El rechazo al debate es, de facto, el
rechazo al conocimiento, un bien tan escaso como abundante es su
atávica penalización por ésta nuestra cultura
de capitanes notariados. Luego de negociar
–junto con Diosdado Cabello, Alí Rodríguez y
Bernardo Alvarez (who?)–, la re-entrega de PDVSA al capital
internacional y a la meritocracia golpista, Silva Calderón
oficia actualmente [10] su jerarquía sin auctoritas en el
Secretariado General de la OPEP, Viena. Los valores nacionalistas
de la clase dirigente árabe-islámica ya coliden agriamente
con los usos y costumbres adeco-palaciegos de A. Silva, mientras
que su discreta estatura intelectual le es estigma en un medio profesional
internacional que, por mandato de sus estatutos, privilegia el pensamiento
científico. Su Ley Petrolera de
Noviembre 2001, conjurada luego de mucho pujar durante 40 años
en una escuela parlamentaria envilecida, es la justa medida de este
combatiente de envejecidas ideas políticas,
sacristán y restaurador. En su escuálida Ley
Petrolera [11] –suerte de ordenanza municipal
antes que una Ley de rango cuasi-Constitucional–, Alvaro Silva
desunifica la legislación de hidrocarburos y, por extensión,
desunifica la Industria Nacional de la Energía; fabula tecnologías
de hidrocarburos; exuda intoxicación jurídica a la
hora de caracterizar empresas hábiles
para producir, refinar y comercializar; consagra un tratamiento
acientífico de los tributos fiscales petroleros; ignora Ciencia,
Tecnología y Ambiente; elude el obligado capítulo
acerca de la gobernabilidad por el Estado de su estatal PDVSA; desconoce
la vinculación entre Renta Petrolera y Crecimiento Económico;
y, finalmente, ignora lo que, a nuestro juicio, es el quid de política
petrolera: la regulación de la producción y el control
de la comercialización, ya que no es suficiente con la propiedad
de las reservas. En breve: Alvaro Silva legisló
para el pasado, su pasado. Precisamente por ello,
su Ley Petrolera es la
oportunidad perdida: pudo haber sido Ley y no lo fué [12],
pudo haber sido Política Petrolera y tampoco lo fue.
.
Continuación
- Estafa contínuada y
agravada 
[1] J. Nuño,
La escuela de la sospecha. Monte Avila, Caracas, 1990.
[2] A. Maneiro, Escritos de Filosofía y Política,
Fondo Editorial ALEM, Los Teques, 1997 (P. Duno, editor).
[3] Directorio que presidieron G. Parra Luzardo, Carlos Mendoza
Potellá, Alfredo Riera, Argenis Rodríguez, Félix
Rodríguez.
(Febrero-Abril 2002).
[4] Ex-presidente de PDVSA durante 1999, primero del gobierno revolucionario.
[5] El Nacional, E-2, 2 de Marzo 2002.
[6] ...y no depositados en el BCV, como lo establece el Acuerdo
Cambiario PDVSA-BCV.
[7] Cfr.: informes de los comisarios de PDVSA, años 2000
y 2001; U.S. Securities and Exchange Commission.
[8] El Universal, 2-2, 16 de Octubre 2002
[9] Alí Rodríguez,
Jorge Kamkoff, Nelson Nava, Ludovico. Nicklas, José R. Paz
y Hugo Hernández Rafalli, firmante del decreto Carmona del
12 de abril.
[10] Desde el 1 de Julio 2002, en reemplazo de A. Rodríguez.
[11] V. Poleo, Crítica a la Ley de Hidrocarburos. Caracas,
Septiembre 2001.
[12] Previsiblemente, la Ley Petrolera es ahora objeto de reformas
por una Asamblea Nacional que, si acaso, logrará apenas tijeretear
su formulación, ya inservible ab initio.
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