|
Nunca
he escrito con mayor deseo de equivocarme, ni con mayor temor de
tener razón. Finaliza el año 2002 y la oposición
no descubre su agenda. Razones tiene para no hacerlo. Si la oculta,
es porque es impublicable. Si no la promueve dentro del marco constitucional,
es porque su objetivo es desconocerlo.
Si
aquellos que aspiran a gobernar el país no se consideran
obligados a comunicar su proyecto, los posibles gobernados tenemos
el derecho a conjeturarlo. Para ello disponemos de un precedente
inolvidable la intentona golpista del 11 de Abril. Las fuerzas que
rigen la oposición son las mismas que la apoyaron: el gremio
patronal de Fedecámaras, la CTV, una fracción de los
medios, supervivientes de las difuntas organizaciones bipartidistas
y pequeños partidos constituidos como agencias de relaciones
peublicas de tales grupos.
A
iguales actores, tácticas idénticas: cierre de empresas
insurreccional, movilizaciones que molestan el funcionamiento capitalino,
saturación mediática, invocación explícita
al alzamiento militar, intento de cierre de PDVSA, esta vez condenado
explícitamente por el Tribunal Supremo de Justicia.
No
predica la oposición una sola conquista social, una sola
mejora colectiva, una sola reforma de interés común.
El Nacional informa que el cierre patronal cuesta diariamente 270
millones de dólares (A-1, 19-12-02 ). Inversiones de tal
magnitud solo pueden ser resarcidas con la privatización
de PDVSA, ya cumplida en parte por ejecutivos que no solo rechazan
el derecho de Venezuela a nombrar la Directiva de la empresa, sino
que pretenden que la empresa nombre la Directiva de Venezuela.
Tal
privatización reduciría la participación de
nuestro país en la industria a una magra recaudación
tributaria. Esta podría devenir todavía más
exigua mediante mínimas reformas a los vigentes tratados
contra la doble tributación, que permiten a empresas y personas
extranjeras pagar en el fisco de su país de origen los impuestos
que deben por ingresos obtenidos en el nuestro.
PDVSA
misma sufriría una radical reducción de personal y
un draconiano corte de gastos con el modelo aplicado en las privatizaciones
de VIASA y de la Electricidad de Caracas. Sus primeras víctimas
serían los trabajadores petroleros comenzando por la privilegiada
Nómina Mayor.
La
drástica reducción del ingreso público se traducirá
en proporcional restricción del gasto en Educación,
Salud, y Seguridad Social; violenta disminución del consumo,
consiguiente quiebra masiva de la pequeña y mediana industria,
agudización del desempleo y cuasi desaparición de
la clientela de los profesionales privados. La inmediata integración
al ALCA arrasaría la desprotegida industria nacional. Viviríamos
la crisis argentina, con una diferencia: Argentina produce los alimentos
que consume, mientras que nosotros importamos alrededor del 70%
de los que necesitamos.
Tales
cambios, comenzando con la privatización de PDVSA, no pueden
ser promovidos dentro del orden constitucional. La concentración
del poder económico y el político en un gremio patronal
que tendría a los medios y a los cuerpos represivos como
únicas instancias de mediación con la sociedad requiere,
como en el 11 de abril, de la derogatoria de la Constitución
Bolivariana, la disolución de los poderes surgidos de acuerdo
con ella y la aplicación masiva y feroz de una violencia
ilimitada como la que anticipa el gobernador de Carabobo Salas Feo
en conversaciones divulgadas por el Canal 8.
Ni
la oposición de buena fe comparte esta agenda oculta, ni
los defensores de la constitucionalidad la toleraríamos.
Su rechazo es una buena base para un acuerdo público. La
alternativa es demasiado atroz como para considerarla.
Luis
Britto García - Fax: 9910206
| |
|
Arriba |
 |
Portada |
|