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Opinión
Caracas / Venezuela -
 


Ni se muere ni renuncia
Leocenis García / Antiescualidos.com - 30/12/03

En estos últimos días he estado luchando con el cansancio, por las noches. Agotado he leído y releído las páginas de un libro de García Márquez (El General en su laberinto). Parece un cuento clarividente o una fábula infantil, pero repetidas veces se me vino a la cabeza toda esta maraña de cosas que nos acosan a los venezolanos: Cacerolas, paros, golpes, petróleo. Y nombres, sólo uno: Chávez. Alerta. No soy de los que piensan que los diversos problemas y felicidad de veinticuatros millones de personas tienen por causa un hombre. Eso es pura cuento de Cantinflas.

En los últimos días de Bolívar, cuando la oligarquía buscaba dementemente que renunciara, que se marchara, algunos del pueblo habían colocado en una pared del palacio Arzobispal un letrero: "Ni se va ni se muere". Pero ya el comandante estaba rodeado de demasiada deslealtad. Ya la muerte planeada por sus enemigos lo perseguía. Tanta desconfianza de todo el mundo lo hacía un muerto en vida, caminando con gente que le sonreía. Pensando quizá, que pronto vendría la "transición". Primeros análisis que me recordaron a Chávez. No porque se parezca Bolívar, sino porque la historia es testigo de los tiempos y mensajeras oportuna del pasado.

El Presidente Chávez, producto de un proceso. No hay proceso producto de Chávez. Sino a la inversa. Acertadamente como precisó Olavaria en entrevista con Granier en junio de 1998: "El producto de una gran arrecherra nacional", vive hoy la más grande disyuntiva de líder alguno, llevar a la práctica su discurso nacionalista de clase.

Ahora lo rodean numerosos propulsores de la asaltada de abril, y del golpe petrolero de diciembre, y él no ve claramente cuales son sus amigos, y quienes lo mantienen en el poder, los come velas le dicen que es el petróleo. No, realmente son los trabajadores.

El Comandante ha sido alertado por trasvestis, arreglados a la Manuela Sáez moderna - salvando la sinceridad y lindura de la original - , le han dicho descaradamente que la única vía de sobrevivir es ceder ante al capital, entregar reservas petroleras. Seguir el consejo de Fidel el once de abril, echar atrás con el problema del petróleo. Meterle la mano al petróleo para ponerlo al servicio de la exigencias de clase del 80% de los venezolanos, huele a una vaina que al capital le causa dolor de cabeza, convulsión.

La estrepitosa conciencia nacional que fue atizonando el discurso de Chávez, comenzó ciertamente a alertar a la burguesía. El pueblo ha salido del oscurantismo para conspirar decididamente contra el sistema que lo domina. Washington ve en el reafirmadillo, y en el fraude que él constituye, una vía "legal", pero, error no cuentan con el pueblo.

Así andan las cosas de mal. Pero dejamos en el tintero a los trasvestis de Manuela. Vértice de la imaginación del García Márquez. Qué le aconsejaría la verdadera Manuela al Comandante; lo encontré en el libro esa noche: "De pronto se oyó una carcajada enorme" (de esos que llaman pueblo). El Comandante abrió los ojos, menos inquieto que intrigado. "Son sus amigos", le dijo Manuela Sáenz. "No tengo amigos", dijo él. "Y si acaso me quedan algunos ha de ser por poco tiempo. "PUES ESTÁN AHÍ FUERA VELANDO PARA QUE NO TE MATEN".Le replicó Manuela.

El pueblo, lo trabajadores, los de a pie, la clase dominada pero organizada en contra de quien lo domina, es la que ha velado por Chávez. Para que no lo maten política y literalmente. Que en cierta medida representa sus intereses de clase. Ésos, le dieron un cheque en blanco en abril al Presidente. Solitos se enfrentaron a los reaccionarios de la CTV, FEDECAMARAS, la Iglesia, la élite burguesa-golpista de la Fuerza Armada Nacional, los derrotaron. Sin armas.

Ese mismo pueblo salió y se enfrentó solito al plan de la CIA con el sabotaje petrolero. Mientras Chávez no dormía en diciembre, hablando paja con sus Manuela Sáenz trasvestis, que no permitían que el alto mando militar intervinieran porque dizque no confiaban en ellos; el pueblo derrotaba a la tecnocracia de PDVSA, a Washington y su fuerza de choque: la oposición.

Ahora el pueblo, ha comenzado a pedir cuentas, como diría mi padre: "A precisar a Chávez".

Si Chávez se mantiene fiel al pueblo y a sus intereses de inclusión social, entonces se escribirá con sangre inmolada en las paredes: Ni se muere, ni renuncia. La otra hipótesis, a la que juegan los trasvestis tiene un espejo aterrador, es decir, Bolivia.

¡No más negociaciones a espaldas del pueblo! ¡El petróleo, el gas , la orimulsión no se vende sino que se industrializa!. No más retórica.


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